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Verne regresa

Jules_Verne_in_1892

Jules Verne

 

Le Monde, el diario de referencia de la prensa escrita francesa, ha lanzado hace algunas semanas la colección de las novelas de Jules Verne (1828-1905), bajo el nombre de Viajes extraordinarios, que apareció en el siglo XIX y que le daría a su autor nombradía mundial. Como casi todos los periódicos, Le Monde ha sufrido una ostensible baja en sus tirajes debido a la irrupción del internet como fuente inmediata de información y se ha visto obligado a conseguir lectores con suplementos diversos. El lanzamiento de Viajes extraordinarios es uno de ellos.  Si las nuevas tecnologías han estremecido la prensa escrita al punto de obligarlos a vender productos adicionales (CDs, DVDs, libros, gadgets), aquí se impone una pregunta: ¿Por qué Jules Verne y no algún otro autor de los tantos de renombre que dio Francia en los siglos XIX y XX?

La respuesta es necesariamente de orden comercial: el nombre de Jules Verne es bastante conocido, es un clásico, y, además, la casi totalidad de sus novelas fueron en su tiempo publicadas en una colección concebida como un producto destinado a llegar a un amplio público amante de los formatos vistosos. Esa colección, Voyages extraordinaires fue creada en 1864 por Pierre-Jules Hetzel (1814-1886), dinámico editor que aliaba con pertinencia lo comercial con la calidad literaria, y, además, la divulgación científica. Un día de 1861, Jules Verne conoce a Hetzel y no tarda en hacerle llegar el manuscrito del relato del viaje que acababa de realizar al norte de Europa… Hetzel lo rechaza, pero Verne vuelve a la carga unos meses después con el texto de una novela sobre una expedición en aerostato. Esta vez Hetzel se muestra interesado, aunque le pide a Verne que pula su manuscrito. Verne escucha, lo pule y vuelve a entregárselo. En enero de 1863 aparece Cinco semanas en globo; antes Verne firmó un contrato con Pierre-Jules Hetzel comprometiéndose a entregarle dos novelas de aventuras y de divulgación científica al año, las que saldrían publicadas en una colección titulada Viajes extraordinarios, y también por entregas, en una revista para niños y adolescentes. Desde ese momento las novelas de Jules Verne aparecerán íntimamente asociadas a la colección de Hetzel. Viajes extraordinarios pasarán de dos entregas anuales a tres y luego a cuatro. Cada volumen de la colección tendrá formatos diferentes, siendo el de formato grande el más conocido: tapa dura de fondo rojo con una ilustración en la portada y, en el interior, litografías diversas. Cada volumen aparecerá también en otros formatos, pequeños y medianos, pero todos ilustrados. Los títulos de las novelas, sugeridos a menudo por Hetzel, jugarán un rol importante, pues en aquel siglo XIX en el que Occidente terminaba su expansión por el mundo entero, reflejarán de alguna manera el espíritu de la época: La vuelta al mundo en 80 días, Veinte mil leguas de viaje submarino, Alrededor de la Luna, La isla misteriosa, Las aventuras del capitán Hatteras, Norte contra Sur, El rayo verde.

Serán algo más de sesenta novelas las que Verne entregará a Hetzel, quien, por lo demás, se encargará él mismo de corregir y retocar algunos giros de las entregas vernianas. En poco tiempo, gracias a la distribución de la colección en toda Francia y las traducciones, Jules Verne se convierte en un autor popular cuyos libros se venden en casi toda Europa.

Pero, ¿qué es de la obra? Las novelas de Verne tienen casi todas un esquema y rasgos recurrentes: un encuentro o descubrimiento accidental que motiva un viaje, una aventura, el uso de la tecnología del siglo XIX, el afán de exploración y el descubrimiento. Las novelas que nutren Viajes extraordinarios son también una herramienta educativa, como la quería Hetzel en el gran siglo de la técnica y el desarrollo industrial, que es también el del nuevo colonialismo y del expansionismo capitalista. Por otro lado, un malentendido se empeña en clasificar a Verne como autor de ciencia ficción: nada más inexacto, porque si bien publicó algunas como Los quinientos millones de la begún, La isla de hélice o París en el siglo XX (rechazada por Hetzel y publicada recién en 1994), es un autor realista, puesto que el mundo que representa en sus novelas es bien el de su tiempo, como la tecnología y la ciencia.

Pero, ¿qué lugar ocupa Verne en el Panteón literario francés, donde están Victor Hugo, Flaubert, Balzac, grandes estilistas y autores de obras mayores? Es sin duda un lugar paradójico, pues si bien no ha dejado de ser reeditado en todo el mundo, es cierto que sus paisajes son un decorado debido a que la voz narrativa (en tercera persona) describe y no sugiere. Ya en el siglo XIX Verne era reconocido como aun autor de relatos de aventuras, o sea, popular, sí, pero un escritor para un lectorado no muy exigente al que le gusta las encuadernaciones vistosas. Y es ese acaso el criterio que tuvo Le Monde para el lanzamiento de Viajes extraordinarios: el libro como decorado, como objeto para mirar. Pero toda obra es siempre más de lo que parece. A despecho de su simpleza estructural, las novelas de Verne brindan al lector esa fisura por la cual evadirse a otros espacios. Hoy, a la hora de la informática y de internet, solo basta un clic para “ver” el otro lado del mundo. Pero eso no bastará para concebir un personaje como el Capitán Nemo, comandante del submarino Nautilus, hombre en ruptura con el género humano, antihéroe avant l’heure de quien, como Hamlet, don Quijote, Cyrano de Bergerac, madame Bovary o los tres mosqueteros, la sola mención de su nombre remitirá a lo más entrañable de la literatura universal.

Jorge Cuba Luque

 

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