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Entrevista a Gerardo Rénique: “Nuestro libro no es amable con las interpretaciones que desvirtúan la realidad”

Una de las publicaciones peruanas que merece toda la difusión posible: Perú: Tiempos del miedo (Punto Cardinal Editores, 2018) de Deborah Poole y Gerardo Rénique. No podemos entender nuestra historia contemporánea si pasamos del año 1992, en el que sucedieron acontecimientos que marcaron un antes y un después para el devenir del país. Publicada en inglés precisamente en 1992, conversamos con Rénique sobre la traducción al castellano del libro, del mismo modo sobre su vigencia.

 

G. Ruiz Ortega

 

El libro se publicó en inglés en 1992, año medular en nuestra historia política y social. ¿Desde cuándo lo venías trabajando con Deborah Poole? Tengo la impresión de que los sucesos de ese año (asesinato de María Elena Moyano, el autogolpe de Fujimori y la captura de Abimael Guzmán) adelantaron su salida.

El libro está basado en información recolectada y en experiencia tanto de Deborah como mía, sea como investigadores, acompañantes de movimientos populares –o en mi caso como activista político de izquierda. En cierta forma, el libro es una extensión de un estudio más amplio publicado en 1991, en el cual analizamos críticamente los estudios de analistas, en especial de estadounidenses que simplificaban el conflicto a un enfrentamiento entre un supuesto “milenarismo andino-maoísta y un estado democrático.” Este fue el primero de una serie de escritos, al alimón o individualmente, en los que analizamos la naturaleza de la violencia política estatal y contestataria peruanas en el contexto de la formación del estado neoliberal en la era de la globalización. Ensayos que esperamos serán pronto publicados en castellano. En cuanto a la fecha de publicación, el asesinato de María Elena Moyano y la captura de Guzmán fueron más bien fortuitos. Cuando cae “Gonzalo” el manuscrito ya estaba terminado y en proceso de edición.

Lo que percibimos del libro es que Sendero Luminoso no contó con la legitimidad del pueblo al que pretendía rescatar de un sistema opresor. Muchos de sus asesinados eran hombres y mujeres ligados a los partidos de izquierda. Abimael Guzmán formó un partido no ligado a las masas, sino a la imposición de cuadros, como bien señalan: “una máquina de guerra”.

Efectivamente, Sendero fue concebido como una partido de cuadros preparado para la guerra que si bien manifestó un formidable desdén por las culturas y organizaciones indígenas y campesinas autónomas o influenciadas por la izquierda, tuvo sin embargo, como bien lo señalaran Tito Flores Galindo y Carlos Iván Degregori, importante acogida entre jóvenes campesinos y de poblaciones rurales.

Se nota que hay una distancia con el tema, en el sentido de que la escritura de PTM no fue forjada en “caliente”. Al final esta distancia es lo que permitió al libro mostrar una vigencia. Es obvio también que la visión de los autores es de izquierda.

No sé qué quieras decir con “distancia”, pero en todo caso creo que lo que hace vigente al texto es más bien el esfuerzo por historizar el conflicto en la “larga duración” de la formación político-social peruana y en el contexto global de formación del estado neoliberal. Nos interesó sobremanera resaltar el rol de la izquierda y los movimientos populares que en los análisis dominantes de esa época solo consideran dos grandes protagonistas: Sendero y el Estado. Como te habrás dado cuenta, nuestro libro reconstruye y examina la agencia histórica y el protagonismo político, tanto de la izquierda como la de los movimientos populares en la lucha por la democracia, la justicia y la soberanía nacional. Supongo que por esto y por la posición que hemos mantenido desde hace ya varias décadas al lado de los intereses de las grandes mayorías y de sus aspiraciones de justicia y democracia, es que nos hallamos en el campo de la izquierda.

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Gerardo Rénique

Debido a las injusticias sociales que suceden en Perú, no sorprende que haya existido un grupo como Sendero Luminoso. Si Abimael Guzmán no aparecía, tarde o temprano otro iba a comandar una insurrección.

Si bien Sendero capitalizó la sed de justicia de algunos de los sectores más marginados de la sociedad peruana… Sendero no fue la única opción de los sectores populares… Ten presente que de los 80s a 90s la izquierda electoral peruana era una de las más importantes de América Latina y que de igual manera durante esos años los movimientos populares y ciudadanos del Perú eran de los más extendidos y organizados en toda la región.

 Si hoy no tenemos un grupo como SL es porque ya lo tuvimos en su momento.

En cuanto a la posibilidad de que se vuelva repetir algo semejante a Sendero no sabría qué decirte… En el capitalismo zombie en el que vivimos, en menos de una década estamos siendo testigos del regreso de muchos cadáveres históricos: el franquismo en España, el nazismo en Alemania, el fascismo tropical en el Brasil… Y sorpresa de sorpresas, también el socialismo, en el lugar menos esperado, nada menos que en los Estados Unidos, en donde el candidato presidencial Bernie Sanders, así como la congresista Alejandra Ocasio-Cortez y muchos otros funcionarios elegidos para cargos estatales o municipales, basan su popularidad en su autoproclamación como socialistas democráticos.

Así como hay una crítica del accionar de Sendero Luminoso, encontramos también señalamientos a los modos de represión de las Fuerzas Armadas. El pueblo, o para ser más exacto, el campesinado, estuvo en medio de un fuego cruzado.

Mira, fue precisamente esa interpretación del “pobre campesino atrapado entre dos fuegos,” entre otras, la que nos motivó a escribir PTM. Fuimos testigos de excepción, sea como investigadores, o como antropóloga en caso de Debbie, o como activista de izquierda como fue mi caso, de los tremendos logros históricos y políticos de las organizaciones gremiales como de las comunidades indígenas-campesinas. Esta aseveración victimizadora representa más bien la expresión del desprecio y racismo utilizado por las élites, sean históricas y actuales,  para quitarle agencia histórica y política al campesinado, en especial al indígena. Como de forma detallada relatamos en el libro, tanto en Puno, como en la Amazonia, en la Sierra Central, como en Ayacucho mismo, fueron las comunidades autogobernadas, así como las federaciones campesinas, las que cumplieron un rol central en la resistencia y combate a Sendero.

Llama la atención la nula logística de las Fuerzas Armadas que no supo distinguir su accionar en zonas de guerra en el interior del país.

En cuanto al rol de las Fuerzas Armadas, no es que estas no supieran “distinguir quién era quién” en cada uno de los teatros de batalla durante el conflicto interno. Décadas antes del levantamiento senderista, como consecuencia de las doctrinas de seguridad interna de la Guerra Fría, las Fuerzas Armadas tenían como objetivo central el control y represión del movimiento campesino. Recuerda que la Revolucion Cubana y más aún las guerrillas del MIR y del ELN de los 60s, crearon entre las élites el temor de una insurgencia campesina. Desde esos tiempos las Fuerzas Armadas tenían bien delimitadas como “zonas rojas” las regiones de mayor presencia demográfica y de actividad político-organizativa campesina. Es así que tanto para las Fuerzas Armadas como para SL estas llamadas “zonas rojas” representaron en su momento un serio obstáculo y desafío a sus estrategias de control social y territorial.

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PTM es también la radiografía de la puesta en escena de un sistema económico neoliberal en nuestro país, el cual tuvo la ocasión de implementarse precisamente en 1992. Esto nos lleva a pensar en una suerte de plan global en pos de este sistema.

Más que un sistema económico, el neoliberalismo constituye más bien una nueva forma de existencia, de gobernabilidad, es algo más que una economía o una ideología. La misma Margaret Thatcher lo dejó establecido de forma muy clara en su discurso de 1981 después de que los conservadores barrieran en las elecciones británicas —la cita es textual, la tengo bien grabada en la cabeza: “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma.” Una forma de capitalismo que se opone al menor atisbo de soberanía popular de esencia antidemocrática, muy diferente al capitalismo reformado establecido después de la crisis de los años treinta. Por el contrario, luego de la gran crisis del 2008, el neoliberalismo no solo se ha fortalecido sino que se ha expandido y radicalizado en América Latina, como en el resto del planeta.

A la vista de los momentos que vive el mundo, ¿los tiempos del miedo siguen presente?

Quien mejor describe este imperio del miedo en el mundo globalizado de nuestra época es el genial Eduardo Galeano en Patas Arriba – La escuela del mundo al revés, en donde entre otras cosas, nos dice que el que trabaja tiene miedo a ser despedido, el desempleado tiene miedo a nunca encontrar trabajo, el que come tiene miedo a lo que come, el ciudadano común y corriente tiene miedo a los ladrones y también a la policía. Nos dice también –y es esto si mal no recuerdo es textual: “La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir”.

Por momentos, lo que Poole y Ud. relatan bien puede aplicarse en el contexto actual peruano.

En el Perú de la llamada “posguerra”, el miedo es cada vez más omnipresente e insidioso, sobre todo entre los sectores más afectados por la violencia estatal y senderista. Poblaciones indígenas y campesinas tienen justificado miedo de las aguas contaminadas que amenazan su salud, cultura y subsistencia; miedo de ejercer sus más elementales derechos democráticos debido a la criminalización de la protesta y a una falta de control y regulación que facilita crímenes ambientales; miedo de una legislación que da carta blanca. Los jóvenes tienen miedo de leyes laborales que los condenan a una vida precaria con beneficios y derechos mínimos. Las mujeres tienen miedo de perder la vida o de ejercer libremente sus derechos reproductivos debido a dispositivos legales y a una cultura permisiva y tolerante con el machismo y el patriarcalismo. Si encuentras resonancia entre el “tiempo del miedo” durante la década del conflicto interno y la situación actual, se debe a que nuestro libro escrito hace 25 años no se enfocó exclusivamente en la violencia política sino que se sustentó más en el análisis histórico y político del Perú en el contexto global de transformación capitalista neoliberal y cuyos rasgos centrales de hiperconcentración del poder económico y político, generaron la desregularización de la circulación de capital, tendencias autoritarias, innovación tecnológica en función de incrementar la explotación del trabajo y la apropiación de bienes públicos y comunes eran ya evidentes –como diría Galeano— “para los que querían ver”.

No deja de ser extraño cómo un libro como este haya estado tanto tiempo sin publicarse entre nosotros. Se ha escrito mucho de los años de la violencia política y este texto figuraba en no pocos ensayos y estudios como una referencia nominal.

No nos toca a nosotros responder esta pregunta. El texto, pero sobre todo nuestros ensayos, eran citados con bastante frecuencia, sobre todo en la literatura en inglés. Los textos eran conocidos aquí en el Perú donde existía abundante y valiosa producción académica y periodística sobre el conflicto en sí y que no abordaba sino de manera referencial el contexto histórico-político global. Solo uno de nuestros ensayos fue publicado en castellano, en la web Cyberayllu dirigida por Domingo Martinez –una de las más importantes fuentes de análisis y debate de la situación peruana que desafortunadamente dejó de publicarse pero cuyo archivo sigue siendo accesible en la red.

 

¿A qué cree que se debió la demora de su traducción al castellano?

La decisión de publicar en inglés la tomamos porque era nuestra intención intervenir en los debates que se daban en el mundo de habla inglesa que a nuestro entender desvirtuaban la realidad peruana en función de los particulares intereses de los propios analistas. Académicos “especialistas” en Sendero buscaban ganarse un sitio en el campo de lo que Edward Said y Noam Chomsky señalaron como la “industria del terrorismo”. De otro lado, los militantes internacionales maoístas, agrupados en el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI) –suerte de Internacional Maoísta— proclaman a Abimael Guzmán no solo como líder de un supuesto movimiento revolucionario en el Perú sino también como la “cuarta espada” de la revolución mundial.

¿Y ello trajo consecuencias?

Es así que se nos dejó de invitar –en más de una ocasión hasta recibimos desinvitaciones– a eventos académicos en los que se trataba el tema de la violencia política peruana. Académicos cuyos trabajos criticábamos se negaron a nuestra invitación a debatir públicamente. Revolution Books –la librería del Partido Comunista Revolucionario Estadounidense en Nueva York– se negó a vender y distribuir PTF.

PTM no es en absoluto un libro amable. Este genera diversas lecturas, en especial cuando los lectores tienen distintos puntos ideológicos. En el cruce de impresiones podría haber una riqueza que nos permita entender qué pudo suceder y qué habría que hacer para que esos años no vuelvan a repetirse.

En esta época de la posverdad y de polarización política e ideológica, la verdad es subversiva para quienes por una u otra razón tratan de imponer sus propias fabricaciones de la realidad. Desde este punto de vista el libro no es amable con las interpretaciones que desvirtúan la realidad, ocultando o desvirtuando hechos, minimizando o borrando de la historia a participantes que no sean de su agrado. Al respecto, a raíz de la amnistía a Fujimori, un pronunciamiento de historiadores advirtió que bajo una mal entendida “reconciliacion” no deberían echarse al olvido las brutalidades e injusticias del conflicto como errores o excesos. Terminado un conflicto armado, como acertadamente lo señala el autor vietnamita-estadounidense Viet Thanh Nguyen, se inicia una nueva batalla, la batalla por la memoria. Es en ese contexto que surge el interés por la publicación de una edición peruana de un texto escrito hace veinticinco años.

¿Qué fue lo que los animó con esta primera edición en castellano?

 Al respecto, es bastante ilustrativa considerar las circunstancias de su publicación. Para nuestra sorpresa, la versión original de PTM, así como nuestros artículos, eran bastante conocidos entre estudiantes peruanos de posgrado en los Estados Unidos. Según muchos de ellos, encontraban en nuestros textos una interpretación más analítica y ajustada a la verdad que las reduccionistas y polarizantes interpretaciones dominantes que reducen la historia y política peruanas del último medio siglo a una suerte de lucha entre buenos y malos, terroristas y su séquito de terrucos de un lado y demócratas antiterroristas del otro.

 La existencia de la traducción al castellano de PTM viene a cuenta de una editorial de reciente aparición.

Curiosamente la invitación a publicar el libro en una casa editorial de gente joven –niños pequeños durante el conflicto— surge de una discusión en las redes sociales en las que gente también joven opinaba sobre cuál podría ser el texto más apropiado para entender la crisis peruana (y no solo Sendero y la violencia política) de fines del siglo pasado.

 

 

 

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