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Historia por conocer: “La batalla” de Gustavo Gorriti

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Cada día estoy más convencido de la vigencia de la violencia política peruana como tema. No hay duda alguna de su incombustibilidad. Lo vemos en muchas manifestaciones artísticas e intelectuales. En cuanto a la dimensión textual, bastaría imaginar un catálogo que consigne los títulos más representativos, hecho que arrojaría una cifra que sorprendería por su referencialidad interpretativa tanto en ficción, estudios y ensayos.

Sin embargo, la mayoría de libros no escapan de la sombra ideológica de izquierda. Como interesado en la historia política peruana de las últimas décadas, esta situación no me molesta del todo. No es culpa de la izquierda que no exista una clase intelectual liberal capaz de abordar con rigor aquel periodo sangriento y traumático. Lo que sí me fastidia es la condena moral direccionada a las Fuerzas Armadas, que en sus funciones cometieron graves y condenables excesos en contra de la población campesina que debía defender, pero tan cierto como ello es que sin su participación nuestra historia política sería muy distinta de la que conocemos.

Un tema como este merece ser explorado desde todas las posiciones ideológicas posibles. Felizmente, parece que hay algunas señales de cambio. No olvidemos que una de las publicaciones más elogiadas del año pasado fue La guerra que hicieron para mí de Carlos Enrique Freire. Esta novela no se justifica por relatarnos peripecias militares durante esa época de conflicto, sino por su alcance narrativo y la dimensión humana que proyecta desde una sensibilidad castrense a la que no estamos acostumbrados en la novelística peruana que órbita en el tópico de la violencia política.

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Desde algunos días circula en librerías limeñas La batalla (Planeta, 2019) del periodista Gustavo Gorriti. Sabemos que Gorriti es autor de un libro importante para todo aquel que pretenda hablar/escribir con propiedad sobre los años de terror que sufrió el país: Sendero (1990 / 2008 / 2018). Cuando se publicó en 2003, LB no tuvo el eco suficiente pese a haber agotado su edición. Ahora en este nuevo regreso, esperemos asistir a la legitimidad que merece, porque nos brinda la oportunidad de entender desde la no ficción una característica poco conocida: la identificación del campesinado con las Fuerzas Armadas.

Si de Gorriti conocemos su concisión y claridad en la escritura, ahora esta estrategia se tensa al límite. No es para menos, puesto que la historia no es una que vivió y reportó el autor, sino que parte del testimonio de su principal protagonista: el capitán Ordoñez de la Policia Nacional del Perú. Había que ser cuidadoso en la narración, alejarse de la exageración y, en especial, de la inverosimilitud. A lo largo de las páginas podemos ver la presencia de los peligros de la hipérbole situacional, lo que llevó al autor a ajustar la morfología del fraseo sin descuidar la intensidad del voltaje narrativo.

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Mayo de 1983. Ayacucho. Las Fuerzas Armadas están decididas a reprimir ferozmente a las huestes senderistas. La atmósfera es caliente y tanática, y aparte del olor a sangre quemada, hay también indignación en las FA tras la masacre ocurrida en Lucanamarca un mes atrás. Algo no marcha bien en los planes de Sendero Luminoso, el mensaje no parece haber sido lo suficiente claro para los pueblos aledaños. A pocos kilómetros de Lucanamarca, los habitantes de Sacsamarca esperan una embestida de SL, incluso peor que la sufrida por su vecino. Hay miedo en los campesinos, pero este deja de ser tal cuando pasa por Sacsamarca una camioneta policial al mando del mayor Ordóñez. El mayor y sus policías recogen las impresiones de los pobladores y deciden quedarse para luchar junto a ellos contra SL. Gorriti enhebra la interacción entre los policías y los campesinos, consiguiendo transmitir la angustia de los mismos sin apelar a la romantización de la lucha. El tejido narrativo de Gorriti no conoce de exageraciones. Como ya indicamos: su narración transita por una frontera extremadamente sensible, incluso en los pasajes del enfrentamiento se muestra preciso en los acontecimientos.

Nos hallamos ante un relato de resistencia y unidad. Pero también este brinda una metáfora que va más allá del registro en el que se inscribe y que la historia como tal: desde sus inicios, SL no tuvo el favor de aquellos que pretendía rescatar de un sistema opresor. SL y años después el MRTA solo generaron ríos de sangre, miseria y muerte, pero nunca una identificación de la población con sus propósitos.

Lecturas como esta nos llevan a pensar en la riqueza de los desencuentros discursivos sobre una época de la que nunca nos recuperaremos como nación, pero eso no nos impide conocer la otra historia, aquella que ha sido dejada de lado por el oficialismo intelectual: el rol de las fuerzas del orden durante el conflicto interno. No deja de ser significativo el reencuentro muchos años después entre los pobladores de Sacsamarca y el coronel Ordóñez (Fernando Muñoz Shearer). Gorriti nos entregó una historia real de agradecimiento y compromiso que debe ser compartida.

 

G. Ruiz Ortega

 

Imagen destacada de GG, de aquí.

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Un pensamiento en “Historia por conocer: “La batalla” de Gustavo Gorriti

  1. Para mí fue la primera vez que puedo constatar que lo que se escribió es cierto por compartir mi vida con uno de los protagonistas…… orgullosa así me siento.. Gracias

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