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Rosa Arciniega / presentación de “Mosko – Strom”

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Rosa Arciniega

 

Otra mujer que des/conocía hasta el año pasado.

En realidad, me gustaría contar una bonita anécdota. El año pasado, un investigador norteamericano llegó a ver los textos de Rosa Arciniega a la Universidad Católica: allí tienen originales de artículos, dibujos y cartas de Rosa. El director de la colección me contactó con este investigador y nos sentamos a tomar un café para conversar sobre ella, sobre lo poco que se conocía aquí. Luego le perdí la pista. Este año, Janine Montauban me escribió para contarme acerca de la edición que hizo Inmaculada Lergo de Mosko-Strom (Ediciones Espuela de Plata, 2019), una novela de Rosa Arciniega. Entonces, pensé que tenía que ser una señal e inmediatamente dije que sí. Si Rosa me buscaba dos veces, era por algo, y ese “algo” era, precisamente, ella.

La vida de Rosa fue intensísima. Viajera, periodista, mujer de avanzada, miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), participa del PEN Club en España. En el Perú, se mueve en el círculo de Mariátegui, viaja pronto a España y empieza a publicar sus novelas Engranajes, Jaque mate, Mosko-Strom, Vidas de celuloide, así como numerosos artículos periodísticos. Fue una de las últimas personas en ver con vida al entrañable poeta Carlos Oquendo de Amat, y participó del mundo intelectual español junto a otros peruanos, como César Falcón y César Vallejo. Regresó al Perú al empezar la guerra civil española en el año 1936 y luego vivió entre Lima, Santiago y Buenos Aires. Siguió escribiendo y publicando, y, ya en el terreno de la historia, lo hizo con biografías de Pizarro y Sarmiento de Gamboa, entre otros. Finalmente, murió en Buenos Aires en 1999.

Cuando pensaba en cómo presentar este libro, me dije que no debía hablar del libro en sí. El libro ya tiene un prólogo bastante completo e informativo, y su autora está aquí con nosotros y nosotras. Yo tenía que hablar de por qué no conocemos a estas autoras que han tenido tanta fama como Magda Portal o Rosa Arciniega.

Estas autoras, que debían haber sido las heroínas de mi juventud, no existían. Tenía que mirar a otro lado, tenía que buscar y rebuscar para encontrar a alguien que tuviera una imagen que se pareciera a la mía. Y solo encontraba a Blanca. Blanca Varela, pero Blanca es nuestra heroína poética, no era una heroína de piel, de esas que buscamos en la adolescencia para adorarlas, para coleccionar sus escritos, sus imágenes, porque su vida y la defensa de sus ideales nos parecen más que fascinantes.

A estas alturas, como mujer de la literatura, me siento estafada. Han sido años de alienación en los que buscaba en otras escritoras algo que yo también hacía. Pero debía buscarlas fuera: Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Emily Dickinson. No soy nacionalista, pero, vamos, toda esa historia de la literatura peruana estaba poblada de hombres, y una lo aceptaba calladamente. En los años setenta y ochenta, aparecieron más mujeres, es verdad: María Emilia Cornejo, Carmen Ollé, pero eran madres demasiado jóvenes, y su literatura era puesta en entredicho a cada momento. Su escritura era bastarda. Supongo que ahora nadie con dos dedos de frente consideraría la literatura de Carmen Ollé como marginal, aunque siempre habite el margen, porque es como ella escribe y como muchas mujeres escriben cuando quieren salir del molde de una escritura que nos ha sido impuesta a fuerza de una educación patriarcal.

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Luego, llegamos a estos últimos tres años, que han sido como una bomba para el movimiento de mujeres, una hermosa bomba explosiva que ha hecho que toda esa vergüenza de buscarnos, de buscar nuestra genealogía, la metamos debajo de nuestras camas y salgamos a buscarlas, a ellas, que todo el tiempo estuvieron allí; a ellas que tienen unas vidas, una escritura y un activismo geniales; a ellas, a las que fueron borradas de la historia literaria y política de sus países.

Conocer a Rosa es otra nueva revelación para mí. Como decimos en el Comando Plath, del que soy parte, primero conozcamos a todas, hagamos listas hasta el hartazgo, documentemos su vida y su escritura. Reconstruyamos el canon, luego podremos elegir quién nos interesa y quién no, pero ahora mismo no podemos empezar el tamiz al que ya nos ha tenido acostumbrada la crítica literaria, con sus criterios de calidad y esteticismo. Ahora mismo nos toca visibilizar(nos). Nos toca hacer nuestra genealogía.

El Mosko-Strom (‘El torbellino de las grandes metrópolis’), novela escrita en 1932 y publicada en 1933, es un bravo remolino que arremete las costas de Noruega. De acuerdo con uno de los personajes de la novela, el idealista Jackie Okfurt, es “según los marineros de aquellas costas, gentes míseras de Noruega que se habían atrevido a acercarse al lugar donde la succión de la tromba empezaba a iniciarse, el terrible vórtice aspirante era producido por un pulpo gigantesco, un monstruo multisecular [con] enormes tentáculos”; un remolino como Cosmópolis, la ciudad en la que se libra la batalla por la sobrevivencia del hombre y de su espíritu. También aborda el texto, entre otros, las consecuencias del progreso material frente al ideal de una sociedad justa, el vacío existencial de la modernidad, y la idealización del campo como lugar de salvación a través del personaje, que hoy llamaríamos “un emprendedor”, Max Walker. No estaba muy lejos Rosa Arciniega de augurar la devastación política, moral y ecológica a la que estamos sometidos hoy.

Si una crítica se me permite hacer a esta novela, es que, a pesar de estar escrita por una mujer y, quizá, por eso mismo, los personajes femeninos están vacíos o son metáforas de corrupción moral, y todavía siguen siendo vistos como sujetos de “adorno” que atraen la catástrofe.

El feminismo de hoy quiere resignificar ese Mosko-Strom, un remolino que viene y se lleva todo aquello que nos oprime, que nos hace bien a todos y a todas. ¿Utopía?, ¿por qué no? Los tentáculos del pulpo ya los conocemos. Y queremos aguas transparentes, y la marcha del #8M ha sido fenomenal.

Quisiera agradecer a Inmaculada Lergo por haberse tomado el inmenso trabajo de traer a Rosa Arciniega de vuelta al Perú.

 

Victoria Guerrero

Texto leído el miércoles 13 de marzo en el auditorio de Librería Sur.

 

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