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“Mi madre soñaba en francés” / L. H. Castañeda

9786124349515

 

Resulta difícil afirmar cuál es el mayor mérito de Mi madre soñaba en francés (Alfaguara, 2018), pues los logros no son pocos: la fluidez y claridad de su escritura, el logrado tono desopilante de varios pasajes, la finesa de otros y el argumento mismo. En todo caso, el autor de esta novela, el peruano Luis Hernán Castañeda, muestra aquí un evidente talento para desplegar una intriga con desenvoltura e inteligencia narrativas, pruebas tácitas de su compromiso con el oficio literario.

LHC nos presenta la historia de Juan, o mejor dicho, es Juan quien nos la cuenta haciendo uso de los recuerdos, veamos uno: en las primeras líneas una revelación que le ha hecho su madre: una noche, cuando ella estaba embarazada de él, estuvo a punto de suicidarse atravesando una carretera, sin embargo, debido a lo tarde que era no pasaban automóviles y la mujer dio marcha atrás y regresó a casa. Una escena como esta viene pautada por el tono dramático, pero LHC evita evocarlo con tono grave y lo expresa más bien de manera casi neutra: «Esa mujer embarazada que era mi madre, aunque yo no sea más el bebé que ella llevaba en el vientre, decidió dar media vuelta y regresar sobre sus pasos». A continuación, Juan aprovecha para hablar de una de sus pasiones: el aprendizaje de idiomas.        

De esta manera, vemos a Juan instalado en Galicia, España, y relativamente enamorado de la joven Estrela y siguiendo cursos de alemán, francés y portugués on line, sentado frente a su computadora. Un día recibe una llamada por Skype de una tía materna, residente en Vermont, Estados Unidos, en donde ella está casada con un norteamericano con el que tiene tres hijos, siendo uno de ellos una joven estudiante universitaria de Letras, Stephanie.

La novela tomará un giro francamente divertido cuando Juan llega a Estados Unidos. LHC reproduce, en capítulos separados, los mails que se envían Stephanie y la canadiense Adler Pelletier, una profesora de la universidad. Este intercambio muestra a dos jóvenes unidas por una especie de amor, histeria y ridículo, lo que genera una ambiguedad emocional entre ambas. Un escritor simplista hubiera optado por crear una historia sentimental entre Juan y su prima, pero LHC no es, bajo ningún punto de vista, un simplista.

¿Y los sueños en francés de la madre? Pues bien, como consecuencia de un accidente, ella también se encuentra en Vermont, recuperándose gracias a una invitación de su hermana. Juan descubrirá que su madre, a la que considera poco cultivada y desinteresada de los idiomas, es amante de la poesía y que, además, habla francés. 

Mi madre soñaba en francés nos ofrece la historia de Juan y el periplo de su deliciosa deriva, aunque se trate de una contralada a medias. Del mismo modo el relato de su soledad en compañía, la cual está marcada por las poses intelectuales. Pero hay más: estamos ante una exploración de las incoherencias y dimensiones inextricables de la condición humana. Cada personaje de LHC es un mundo propio y en permanente convulsión. Nuestro autor lleva a cabo esta radiografía sin grandilocuencias y sin afeites soporíferos. En cada página hay ligereza y sencillez, lo que es, a fin de cuentas, un disfraz, porque LHC es aquí un simulador al ofrecernos una novela fina y rica, tanto en forma y contenido: escritura irreprochable, personajes entrañables, situaciones divertidas, todas estas cualidades representadas mediante una suave ironía.

Jorge Cuba Luque

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