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“La vida a plazos de don Jacobo Lerner” de Isaac Goldemberg

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No solo estamos en una noche especial, hasta podría decir que se trata de un evento histórico para la tradición de la narrativa peruana. Sé que estas palabras iniciales podrían sonar exageradas y los malpensados creerán que lo digo por mi amistad con el autor. Lamento desilusionar: a Isaac Goldemberg lo conozco en persona desde hace unos días tras largos años de intercambios emiliares.

Como dije, nos encontramos en una noche histórica y la razón es muy sencilla: son pocos los libros peruanos de ficción capaces de resistir la inclemencia del tiempo, que no demuestra piedad alguna con proyectos que pudieron forjarse en el más absoluto respeto por el oficio narrativo y la más buena voluntad. El tiempo, reza el lugar común (y por ello no menos cierto), pone las cosas en su lugar. En este sentido, La vida a plazos de don Jacobo Lerner (Las Afueras, 2018 – Edición de Aniversario) ha podido mantenerse firme y con lozanía por cuarenta años, generando lecturas e interpretaciones de la más variada índole, incluso polémicas, como tiene que proyectar todo literario llamado a perdurar.

Publicada por primera vez en 1978, la novela significó un acontecimiento para el imaginario literario no solo peruano, sino también latinoamericano. A ello, consignemos varias traducciones a otras lenguas, que conocieron el mismo saludo de crítica y lectoría. Entonces, la pregunta se impone: ¿a qué se debe su vigencia? Ojo: no hablamos de una vigencia como resistencia, con dimensiones flojas y vigorosas, que garantizan una tramposa actualidad. A esa vigencia no me refiero, porque bajo ese criterio se han construido clásicos a pedido y por moda editorial, es decir, con hartos tintes y cirugías.

La fuerza de La vida a plazos de don Jacobo Lerner yace en que tanto en 1978 y hoy en 2019, su lectura sigue incentivando el milagro, el suceso que vemos a cuenta gotas: la revelación de la experiencia de la lectura. Esta novela es experiencia de lectura y no solo epifanía literaria. Isaac Goldemberg tenía 25 años cuando escribió la novela y supo lo que hay que hacer si se pretende escribir. Me explico: los grandes libros no solo requieren de pericia narrativa. Cuando se piensa que el talento es el medio para configurar una obra, se cae en un error. En otras palabras, escribir bien no es literatura, es lo esencial que debe mostrar todo autor. Isaac Goldemberg no es el autor que es por cumplir esta característica básica, sino porque en su obra y en especial en la novela que nos cita esta noche, ha llevado a la práctica la cualidad mayor que pocos se atreven a proyectar: la exposición de la configuración moral de sus personajes.

Recordemos lo que dijo el narrador norteamericano Philip Roth retirarse: “hice lo que pude con los elementos que tuve a la mano”. Una frase sencilla que es sentencia. Hacer lo que se puede con lo que uno domina. Ser ambicioso en sus posibilidades. Pero la ambición no siempre es garantía de cima literaria. Isaac Goldemberg firmó su referencia como autor con La vida a plazos de don Jacobo Lerner porque puso en el asador los elementos en los que podía ser fuerte. Por esa razón, la novela no solo es una gran novela, va más allá de su logro como artefacto literario… No me equivoco si afirmo su naturaleza: un tratado feroz de la condición humana.

Isaac Goldemberg nos habla de la vida de un hombre, pero lleva a cabo su empresa sin caer en falsos idealismos, sino que refleja esta vida en la real parcela de la representación: contándolo todo. En esta intención no solo somos partícipes de una biografía-radiografía como tal, sino de la muestra de los rincones ocultos de un personaje judío que intentó mantener su identidad en un país lejano como Perú. Isaac Goldemberg, entonces, nos ofrece el mural de un conflicto humano, la desazón de quien anhela pertenecer a una nueva cultura y que se imposibilitado de lograrlo por su naturaleza desarraigada.

Visto de esta manera, pensaríamos que nos hallamos ante una novela lineal, pero no. Esta es fragmentaria, característica que le permite propiciar iluminados cortes temáticos y temporales. Isaac Goldemberg le saca la vuelta a la ortodoxia narrativa: el fragmento posibilita la riqueza del punto de vista, que enriquece las versiones de quienes conocieron a Jacobo Lerner, pero el fragmento suscita también el cruce de los ánimos, que contribuye a la exaltación del temperamento narrativo. ¿No se han dado cuenta de que estamos ante una biografía caprichosa y que como tal su protagonista no sale bien parado? A ello añadamos una nervio emocional que marca el sendero de esta biografía: aquí no hay solemnidad, y si la hay es muy contada, sino harta ironía y demasiado humor, elementos con los que Isaac Goldemberg desacraliza la vida de su personaje. Para reforzar la idea, leamos las dos primeras páginas de la novela, en ellas queda patentada el propósito del autor para con su personaje. Pero fijémonos en los personajes recurrentes, como Efraín, Juana Paredes, León Mitrani y otros, cada uno con una peculiaridad que nos lleva a la inquietud: ¿querer u odiar a Jacobo Lerner?

La novela ha recibido encendidos elogios por parte de autores importantes como José Emilio Pacheco y Mario Vargas Llosa. Las reseñas no han dejado de acompañar a la novela en estos cuarenta años. Sin embargo, sería bueno que empecemos a destacar más su geografía formal, que algunos despistados podrían ver como un ejemplo de estructura posmoderna. Yo no sé si Isaac Goldemberg tuvo en cuenta estos conceptos del cripticismo literario al momento de escribir su novela. En lo personal, creo que no. Pues bien, seamos más justos: en 1978 Isaac Goldemberg hizo uso de una estructura no lineal y que hoy vemos a más de uno reclamando paternidad por las posibilidades expresivas que brinda el fragmento. Que yo recuerde, Isaac Goldemberg nunca se adjudicó ese uso y no lo hizo por tratarse de un mecanismo de ficción que tiene larga data y que está a disposición de los autores de ficción que tengan la costumbre de leer. En su andamiaje narrativo somos testigos de una luz. Líneas atrás dije que la ambición no es garantía de cima literaria, este no es ni por asomo el caso de la novela que nos cita: La vida a plazos de don Jacobo Lerner obedece a primera impresión a una estructura compleja, pero su lectura no se ve afectada por esa estrategia, mucho menos se valoriza por esta. He aquí pues el mérito de su andamiaje: el lector corre con la novela y siente que es así gracias al ya señalado ánimo que no cae en la aburrida pontificación de la vida. Desde joven, Isaac Goldemberg supo que para narrar hay que hacerlo fuera de las estancias de la soberbia, que para narrar la vida hay que hacerlo con corazón y lealtad a lo que la vida es como tal: un interminable cruce de situaciones, no importa si son buenas o malas. No hay vida mala, no hay vida buena.

Si bien es cierto que Isaac Goldemberg nos presenta una novela sobre el judaísmo en el Perú, hay que indicar que no debemos apreciarla solo por esa característica. Obviamente, en estas páginas está presente la cultura judía en conflicto, pero desde sus inicios ese fue un valor secundario, porque lo que se impuso desde 1978 y ahora en 2019, es la experiencia de lectura que brinda. Nos seduce su calidad literaria, pero nos arroba lo que Isaac Goldemberg cuenta. La vida fragmentada que presenta puede ser la de cualquier persona. Es que eso es la novela: la vida de un hombre que puede ser todos los hombres y mujeres. Ergo, el lector se identifica en estas páginas. Esta identificación es lo que firma la vigencia de la novela. El lector se reconcilia consigo mismo durante su lectura y, obviamente, también se indigna. De eso se trata, no salir ileso, permanecer en el asombro.

Cierro una idea esgrimida al inicio: pocos libros de ficción sobreviven al paso del tiempo y La vida a plazos de don Jacobo Lerner está lejos de sobrevivir, por el contrario, hay un vigor en su propuesta, una frescura narrativa que no debemos dejar de apreciar. ¿Cómo llamar a esta situación? ¿Acaso The Goldemberg Experience? No me hago problemas: lo llamo legítima perdurabilidad.

G. Ruiz Ortega

Texto leído el martes 5 de marzo en el auditorio de LS.

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