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J. M. Oviedo o la imaginación crítica

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José Miguel Oviedo

 

 

Por: Guillermo Niño de Guzmán y Álvaro Vargas Llosa

La actitud de J. M. Oviedo frente a la crítica se caracteriza por la pasión literaria, la honestidad intelectual y por una constante renovación de métodos y formas. Por eso, no es exagerado afirmar que Oviedo es uno de los críticos más importantes del continente y el mejor crítico peruano actual.

Autor de varios libros, entre los que figuran Genio y figura de Ricardo Palma, Mario Vargas Llosa: La invención de una realidad y Escrito al margen y de innumerables reseñas literarias en revistas latinoamericanas y norteamericanas. José Miguel Oviedo está considerado como uno de los críticos más importantes del continente. De él se pueden decir dos cosas que son cada vez más raras en nuestros países: que su crítica se funda básicamente sobre el extraordinario placer de la lectura, y que, a diferencia de muchos sus colegas que ejercen la crítica bajo la ortodoxia del método, para él asediar un libro constituye una verdadera aventura de la imaginación. Ahora se encuentra de paso por Lima, pues debe volver pronto a la Universidad de Los Ángeles donde se dedica a la enseñanza.

En primer lugar, nos gustaría que nos hables de tu último libro, Escrito al margen, publicado el año pasado en Colombia y que lamentablemente no ha llegado a circular en el Perú.

Aquí no ha llegado ni llegará. Y es una lástima porque es un libro que me gusta bastante. Se trata de un conjunto de ensayos y artículos, de variada extensión, sobre literatura latinoamericana. La primera parte se titula “Lecturas” e incluye los trabajos sobre libros y autores en concreto; la segunda se llama “Posiciones” porque agrupa tomas de posición, puntos de vista sobre problemas de la literatura latinoamericana y la crítica en general. En “Lecturas”, con la sola excepción de un ensayo sobre Juan sin tierra de Juan Goytisolo, me ocupo de escritores latinoamericanos como García Márquez, Cortázar, Fuentes y otros no tan conocidos como Álvaro Mutis, Tomás Segovia, además de peruanos como Eeilson, Ribeyro, Blanca Varela, Westphalen y Mario Vargas Llosa. En la segunda sección hay un texto titulado “Método de la crítica y crítica del método” que aborda la problemática de la crítica contemporánea.

¿Podrías explicar los diversos significados implícitos en un título como Escrito al margen?

Primero quería decir esto: que es un libro que fue saliendo y formándose de a pocos, sin intención de ser un libro. Fui reuniendo los textos, eliminando unos y agregando otros (próximamente aparecerá una nueva edición aumentada del Fondo de Cultura Económica). De modo que cuando recopilé los textos me di cuenta de algo muy sugestivo que siempre me ha intrigado en el quehacer literario y que esta vez pude comprobar: los textos se comunican entre sí de una manera muy curiosa. Lo que al principio parecían superposiciones –que son a veces muy incómodas– en realidad son como señales o nexos que un texto lanza sobre el otro, produciendo una cadena entrecruzamientos muy significativos. En consecuencia, el volumen acoge textos que fueron escritos a lo largo de muchos años y con diferentes intenciones, y que al constituir un libro origina que cada texto signifique una cosa distinta.

Yo veo la coherencia, aunque posiblemente el lector no y tal vez piensa que se trata de un libro irregular. Estoy dispuesto a creerlo, pero para mí al juntar los textos y publicarlos en forma de libro empezaron a significar otra cosa. A mí me intrigó mucho este fenómeno porque un libro de esta naturaleza, es decir una recopilación de ensayos, dispersos, no se concibe como una unidad.

¿Consideras que deja traslucir la evolución de tu actividad crítica en ese lapso?

Supongo que sí; hay diferentes enfoques y métodos y modos de ataque de un texto. Por otro lado, volviendo a la significación del título, Escrito al margen, implica también que se trata de un libro escrito fuera del Perú. En esa medida, escrito al margen puede tomarse en el sentido físico de la expresión, porque estoy al margen de la vida inmediata y cotidiana. Así como estoy al margen en el sentido metodológico ya que el libro no se adscribe a ninguna escuela o tendencia literaria inmediata, lo cual ahora parece casi una herejía. Y, bueno, también el título alude al hecho de que el volumen contiene una buena cantidad de trabajos sobre autores que pertenecen a lo que podríamos llamar marginalidad literaria. Casos evidentes son Eielson, Blanca Varela o Ribeyro. Lo peor es que todo el mundo sabe que existen pero que no han entrado en la gran corriente de los autores famosos que se menciona cada vez que se piensa en poesía o narración. Escrito al margen quería señalar el deseo de incorporarlos a esa corriente; intención que indudablemente ha derivado en el fracaso porque el libro no ha circulado. Pero, en fin, esa era la idea.

Y también me parece que el libro alude a la experiencia estimulante de la lectura que a menudo motiva escribir al margen de las páginas comentarios personales sobre lo que se está leyendo.

Efectivamente, también tiene sentido. Supongo que muchos compartirán esa experiencia. Cuando uno lee subraya; marca y a veces anota al margen del texto o atrás; en fin, deja sus propias señas, el registro de su paso por el texto. Yo pienso que éste es el paso primario de la actitud crítica. Son anotaciones que reflejan las impresiones que uno va teniendo mientras avanza en la lectura, una especie de señales que uno deja cuando ingresa a una caverna o desciende a una mina. Y digo que es el paso inicial de la actitud crítica porque esas marcas me provocan el deseo de volver sobre determinados pasajes. Así, a veces solamente releo esos pasajes y a partir de ahí nace una idea de cómo asediar críticamente el texto.

Hace poco hablaste de la herejía que supone para la crítica actual no seguir una pausa o un modelo de análisis determinado y exclusivo. Sin duda, ahora muchos críticos sufren d esclavitud del método. ¿Cómo concibes tú el ejercicio de la crítica?

Creo que la crítica es una ciencia de los particulares, no de los universales. Es una actividad que para mí está ligada por la fisonomía del texto. Entonces, imponer al texto una metodología a priori es simplemente forzarlos a ajustarse a una modelo pre-establecido. En algunos casos la crítica más rigurosa, la semiótica o el estructuralismo, por ejemplo, puede ser perfecta para juzgar un libro; pero, en otros casos, es la menos adecuada para analizar aquel otro. Entonces la crítica es para mí una especie de aguja que calibra una tensión. Si un libro indica que hay una tensión en esta área, yo opto por esa vía y busco el modo que me permita asediar, compenetrarme con esta realidad de forma más adecuada. Y esto puede implicar un enfoque incluso de tipo sicoanalítico (cosa en la que no creo demasiado) o simplemente formal, estilístico o sociológico. En fin, hay una serie de posibilidades y el texto es que exige las más convenientes.

¿No crees que uno de los males actuales de la crítica es justamente el aferrarse a un método determinado e intentar aplicarlo al texto aun esto suponga forzarlo?

No sé si es un mal, pero por lo menos es una moda, una tendencia muy curiosa. Todos los intelectuales critican hoy el racionalismo de la vida moderna pero no critican ese racionalismo. Ocurre que aún, en ciertos medios, persiste la vieja creencia de que hay una posibilidad única de interpretar, pero el mundo es mucho más plural de lo que creemos.

En esa perspectiva, ¿cuáles son los críticos que más admiras?

La mayoría son anglosajones, como George Steiner. Pero en América Latina admiro a muchos críticos de las más diversas escuelas o tendencias, sobre todo aquellos que son creadores y que hacen una crítica desde dentro. Octavio Paz es un caso evidente, mencionarlo es casi una obligación, pero aparte de él me interesa lo que hace Juan Gustavo Cobo Borda (su prólogo reciente a la obra de Álvaro Mutis es brillante) o José Emilio Pacheco.

¿Ángel Rama?

 Ángel Rama cultivó mucho la crítica sociocultural. Me parece muy interesante pero no es para mí la única vía ni la mejor. A Rama le importaba ese punto de vista y veía todo a través de la literatura como producto social. Yo pienso que la literatura es un producto social como el arte, como la música o la danza. Por ejemplo, La Divina Comedia expresa tensiones de la vida religiosa y política de su tiempo. De la misma manera, el referente social de las obras de Arguedas es visible; decir que no existe sería un gran error. Sin embargo, no vale por eso. O sea, el arte es una especie de “plus” que se agrega al dato social y creo que subsiste gracias a que conteniendo ese sustrato va más allá y dice otra cosa.

Considero que tu opción crítica está más próxima a la que caracteriza a un Edmund Wilson. Es decir, una modalidad crítica que intenta despertar en el lector el entusiasmo por el texto y que hace del crítico un recreador. Asimismo, puede notarse una preocupación por escapar a la densidad de la que adolecen algunos críticos, tratando en consecuencia de mantener una prosa pulcra y fluida que aliente al lector en lugar de desanimarlo.

Yo creo que solamente puedo escribir si algo me apasiona, a favor o en contra. Si algo no me interesa lo leo y me olvido. Escribir sobre un libro es una forma de fijar en mi memoria y en la de los que leen la impresión de una lectura que uno quiere que no se borre. La crítica es una descripción que se hace sobre un texto ya escrito; entonces, la intención no es solamente explicarlo o esclarecerlo sino de dar al lector del comentario crítico una idea de lo que el libro o el autor produjo en mí. O sea yo quiero crear una sensación el que lee mi texto próxima a la que yo tuve leyendo la obra, trátese de una novela, cuento o poesía. Entonces intento acercarme lo más posible a ese grado de júbilo, de exaltación que experimenté durante la lectura o simplemente de rechazo brutal, lo cual también me mueve a escribir. Eso es lo que quiero comunicar al lector, es decir, busco establecer una comunicación entre lectores. Y por ello trato de ser lo más fluido y asequible, no pretendo imponer mi texto entre el lector y el autor, sino que deseo que este sea como un ducto, como un pasaje hacia el texto original del creador. Porque, de otro modo, si me entrometo y pongo una barrera, una jerga técnica, una pantalla retórica, eso me parecería únicamente un acto de vanidad intelectual. Y en ese sentido no cumpliría con una de las funciones básicas de la actividad crítica, porque ésta es un engranaje de la vida cultural.

¿Qué libros te han llamado la atención en estos últimos meses? ¿Algún escritor de la nueva generación?

Bueno, hay un surtido de generaciones y géneros. Por ejemplo, el último libro de Álvaro Mutis, Caravansary, es un libro ejemplar. Me parece uno de los libros más bellos que he leído en los últimos tiempos. Me interesa mucho de una manera “marginal” porque es un libro de cuentos líricos o de piezas líricas en prosa, algunos de ellos, como es característico en él, desligados de toda realidad, de toda actualidad, con esos rasgos de la literatura exótica que utilizan escenarios prestigiados por la literatura. Arabia, Turquía, en fin, lugares muy remotos.

Luego, otro libro interesante con el que me he topado es la última novela de Isaac Goldemberg. Se llama Tiempo al tiempo, todavía no ha llegado aquí. Una novela como para reírse a solas, muy ingeniosa, brillante. Produce la impresión de una gran construcción, de una gran metáfora verbal y deja una cierta sensación de vacío al final que te obliga a releer el libro. La historia se narra a través de un partido de fútbol en el que interviene un judío nacido en el Perú. Se entremezclan datos de la situación judía con las incidencias del partido, donde este personaje busca una identidad, una nacionalidad. El partido queda empatado con lo cual hay una sensación de irresolución, de equilibrio y nada queda absolutamente decidido.

¿Qué te pareció, por ejemplo, la última novela de Reinaldo Arenas, Otra vez el mar?

Arenas es un escritor que me gusta mucho. La última novela la acabo de empezar y me parece realmente muy interesante, promete muchísimo. Es un escritor que combina lo narrativo con lo lírico de una manera muy particular. Me gustó mucho Termina el Desfile, su libro de cuentos. Hay un relato extraordinario que se llama “La Vieja Rosa”.

Otro libro que me pareció fascinante es La Palabra Mágica, de Augusto Monterroso. En fin, hay una cantidad de libros… ¡Ah! Me estaba olvidando del libro de Alonso Cueto que acaba de salir, La Batalla del Pasado. Cueto es uno de los buenos escritores jóvenes que hay en el Perú. Sus cuentos me parecen muy finos, tienen un aire jamesiano. Están muy cuidados y magníficamente escritos. Ojalá continúe así.

Y tú, José Miguel, que te has pasado tantos años leyendo y escribiendo sobre libros, ¿no te has sentido tentado a hacer ficción?

Fíjate, es curioso porque la idea siempre me ha dado vueltas en la cabeza pero hasta ahora no me había puesto a escribir ficción. Acabo de terminar un libro de cuentos, sin embargo, escritos en los últimos tres años, que espero publicar pronto. Son cuentos que no están ambientados en ningún lugar definido y algunos tienen un corte un poco fantástico. Me he vuelto un defensor acérrimo del cuento, que me parece un género cada vez más dejado de lado. Realmente pienso que el cuento tiene posibilidades extraordinarias, así que me propongo dar la gran batalla para tratar de salvarlo… A pesar de que las editoriales son cada vez más reticentes frente a la publicación de cuentos; en castellano, sobre todo, la venta de libros d cuentos ha bajado muchísimo.

Transcripción literal. Revista Oiga. Enero de 1984.

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