ensayos

Novela y administración de justicia penal

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Por: Jorge Cuba Luque

La administración de justicia es uno de los referentes más dramáticos representados en la novelística universal, tanto por su contenido social como moral e, incluso, alegórico. Por eso mismo, el proceso judicial, especialmente el penal, cuya función esencial es condenar al autor de un delito, puede aportar a la ficción romanesca elementos temáticos que tienen directamente que ver con el más inherente de los derechos de una persona, es decir, incide en su libertad  y en ocasiones hasta en su vida misma. El inculpado deviene en un ente pasivo a lo largo del proceso: se habla de él en su presencia, responde preguntas, tiene que justificarse, es acusado por un fiscal y es defendido por un abogado.

La novela no ha podido ser ajena a esa puesta en escena fríamente delineada por el código de procedimientos penales. En su mirada, la maquinaria judicial es un monstruo deshumanizado ante el inculpado que, en la espera de que se le declare culpable o inocente, está a merced de una entidad todopoderosa. Hay tres novelas en la narrativa mundial que son las que mejor reflejan la desigualdad que domina la relación persona-administración de justicia: El proceso de Franz Kafka, Crimen y castigo de Fiódor Dostoievski y El extranjero de Albert Camus.

Así, en El Proceso (1925) el aparato judicial es representado de manera alegórica como una entidad extraña, inaccesible y maléfica ante la que un procesado, Josef K, ignora los cargos que, de repente, se le imputan, por lo que cualquier intento de defensa le es imposible: está condenado de antemano. La entidad judicial decidirá su destrucción. El tribunal representado en la novela de Kafka es una maquinaria incomprensible que, sin mostrar legitimidad, aplica la ley penal de manera arbitraria. La administración de justicia de El Proceso inspira temor por su carácter casi abstracto, por su ceguera y su sordera a los reclamos hechos por Josef K. El tribunal correccional kafkiano es la negación misma de todo derecho ciudadano, de todo respeto por lo humano.

Desde su título, Crimen y castigo (1866) sugiere no solo la comisión de un acto calificado de muy grave sino también una sanción penal consecuente; el “castigo” será el resultado coherente del proceso. Aquí, el crimen, un asesinato perpetrado por el protagonista, el estudiante Raskolnikov, está fuera de toda ambigüedad fáctica, no está en entredicho: la maquinaria judicial no es puesta en cuestión, es más, el autor nos presenta a un juez que trata de comprender el móvil profundo del homicida. El “castigo” del título es, obviamente, la sentencia (el exilio en Siberia), pero contiene una significación mucho más profunda, y presenta una función alegórica: la sentencia no es solo la respuesta del Estado a un individuo que ha violado una norma social; se trata de un autocastigo necesario para la redención. Con esta novela, Dostoievski representa los límites del derecho como concepto creado para preservar la vida en sociedad: el derecho y menos la administración de justicia, no logran “castigar” a un infractor de la ley de manera moral; el castigo tiene que venir de la consciencia misma del culpable.

En El Extranjero (1942), una de las secuencias más significativas del relato está situada en un tribunal correccional, durante la audiencia en la que se ventila el homicidio perpetrado por el joven Mersault. Camus nos muestra aquí a los jueces, al fiscal, a los miembros del jurado, reacios a comprender las motivaciones del homicida. Mersault, sabido es, será condenado a muerte no tanto por su crimen sino porque ante los ojos de los magistrados es un individuo amoral, raro, extraño, sin sentimientos (no muestra tristeza tras la reciente muerte de su madre, no explica de manera razonable el móvil de su homicidio). En francés la palabra étranger (del título original de la novela de Camus, L’Étranger) designa también a un “extraño”, a un “raro”. El insigne criminólogo peruano, Eduardo Mimbela de los Santos sostiene que, en castellano, el título correcto de L’Étranger debe ser El extraño ya que en nuestra lengua la connotación primera del término “extranjero” es la de un individuo que viene de otro país antes que la “rareza” del personaje.

Si bien las tres novelas citadas tienen significaciones múltiples y profundas que van más allá de la representación de la maquinaria judicial, la imagen que de ella exponen es profundamente negativa. Esto tal vez porque en el mundo moderno, el Estado, que en lugar de contribuir al bienestar de la persona humana, muchas veces la encierran en un desesperante laberinto. Los personajes centrales de estas novelas son “extraños”, extranjeros a las convenciones sociales y por eso son eliminados.

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