recomendaciones/Texto de presentación

“Marginalia” / Carlos Yushimito

Marginalia

 

 Por: Augusto Effio Ordóñez

1. Yushimemes

Mi primera lectura de Marginalia fue mercantilista. Tanta gracia y sabiduría no merecían perderse en el anonimato de un libro. Alguien debía garantizarles la inmortalidad de una industria. Las frases “memeables” que abundan en estas páginas me llevaron a pensar en un imperio: los “Yushimemes”. Pero como los “memes” parecen tener un espíritu solidario negado para el rédito inmediato —después de todo, los “memes” no se crean ni se destruyen, solo se comparten—; había que adherir los “Yushimemes” a las chucherías del comercio diario:

Señora, sacuda el letargo de su esposo vistiéndolo con un polo que rece: (a) “Volver a leer la Biblia, no para encontrar a Dios, sino la ambición de los hombres que se atrevieron a inventarlo”. Joven estudiante, regálale a la chica que te ignora una taza con la siguiente inscripción: (b) “La política es, sobre todo, el ejercicio de una forma de leer”. Tú, emprendedor, inunda las facultades de letras del mundo con un imán de refrigerador que advierta: (c) “Recuerda que todos los escritores que admiras están muertos. Incluso los que viven”.

Me tocaba, pues, la mitad menos importante del trabajo: hallar la imagen que resalte o subraye la genialidad de las reflexiones de Carlos. Probé con la cara de Melchochita, con los personajes más sombríos de Bob Esponja, con el niño ese del puño levantado, con Steve Harvey, con Silvia Pinal, con la Rana René. Y fracasé, como tantas otras veces.

2. Purificar el dialecto de la tribu

Mi segunda lectura fue gregaria, o si se quiere, provinciana. No me dejé deslumbrar por el Yushimito universal y cazador de delirios.

En este libro se habla de la naturaleza biológica de la agresión, de la Biblia Reina Valera y la Biblia del Oso, de la burocrática reencarnación de monjes tibetanos, y hasta se ensaya la más inclemente crítica literario/vital (por ejemplo, cuando Yushimito nos hace notar que: “Decimos que somos Piglia, y pensamos y escribimos como Fuguet”).

Agradecí cada página ecuménica de Marginalia, pero me rendí ante los alfileres clavados en el lomo de los insectos que sólo vuelan para nuestra tribu. Por ejemplo, cuando intenta explicar por qué las peruanas decidieron de pronto llamarse, unas a otras, “huevona”; o cuando Carlos resume el espíritu limeño en las siguientes 8 líneas:

“Lima tiene un movimiento que se le parece a su humedad y a su polvo. Bloquea el poro crítico de su gente y llena de sarro la dentadura callejera que se ha acostumbrado a morder. Hay pequeñas iluminaciones. Pequeñas aventuras individuales. Pero es común que la habite, por mera costumbre, una textura laxa confundida con la respiración difícil de la calle. Más que tierra natal, Lima es una condición somática. En lugar de DNI hay que portar siempre un inhalador de salbutamol”.

3. Las causas de los monstruos son varias

En mi tercera lectura descubrí que Carlos Yushimito es un monstruo.  Y, como todo monstruo, está condenado a ser extraordinario.

Solo un monstruo se esmera en hacernos creer que son accidentales (antinaturales) la voz, la lectura, el espíritu e, incluso, el amor. Es decir, que el animal humano no está diseñado para hablar, para leer y para tener autoconciencia, y sin embargo, leemos.

Yushimito debe ser de la familia de los policéfalos (como Hidra o como Cerbero), ya que en algún momento confiesa: “yo soy legión, porque leo, porque en mí habitamos muchos”.

En cuanto a los sentidos, parece que en su especie destacan el olor y el tacto: “Olemos aún la promesa del goce en las páginas que se postergan”, dice, y, más adelante, se ufana de “poder tocar el sonido de una frase, la variedad de sus tonos, la melodía de una imagen”.

Debo acusar que estamos ante una estirpe de valores trastocados: “la infidelidad es la primera virtud del lector”, arenga Carlos, y se enorgullece de su capacidad para segregar sustancias nocivas de las que debe ponerse a salvo: “Un escritor —dice— no es más que un niño solitario envenenado de voz propia y rescatado por voces ajenas”.

En manos de este monstruo la escritura es una actividad profana“(…) un tributo que hay que pagar por leer mucho. Porque leer debe ser la mayor felicidad que puede tener un ser humano, y entonces escribir debe ser, sospecho, una penitencia por abusar de esa dicha”. A la práctica de ese oficio misterioso no le es ajena la crueldad, porque Carlos dice escribir como el “taxidermista que abre al sapo y estudia la dirección de sus venas”.

Además, su monstruosidad practica una extraña forma de agronomía, que supone asumirse como campo de cultivo al leer un libro. Dice: “En realidad me contento últimamente con una frase hallada, y me abro, de modo paciente a su espera, confiando en que esos cientos de páginas que la ocultan, cuando llegue el momento, le permitirán sembrarse humildemente en mí”.

El único rasgo de humanidad que me hace dudar de su condición de monstruo es el relato, inventado quizá, de cuando en los días helados de su niñez, su madre no le decía “Abrígate porque te vas a enfriar”, le decía: “Abrígate porque el frío se te va a meter adentro”. Él atribuye a esta frase la mirada que lo convirtió, irremediablemente, en un escritor [agregaría, un gran escritor]. “Abrígate porque el frío se te va a meter adentro”. Aunque, pensándolo bien, esta pueda ser la evidencia de las branquias expuestas que, con el tiempo, Carlos ha sabido ocultar.

Texto leído el miércoles 12 de diciembre, auditorio de LS.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s