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Geografía Lynch

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He visto todas las películas del director norteamericano David Lynch, lo que no quiere decir que sea un fanático de estas. Las he visto más de cinco veces y me declaro dependiente de las tres últimas, entre las que destaco Mulholland Drive (2001), que para cinéfilos, cinéfagos, e incluso los insoportables cinemeros, está entre las diez más importantes películas en la historia del cine.

Así como hay escritores que tienen títulos que sirven como puerta de entrada para su obra, el mismo criterio lo podemos aplicar a los cineastas. En este sentido, Mulholland Drive cumple este cometido, trabajo que nos introduce al universo Lynch mediante el sendero irracional de aliento onírico. También citemos Blue Velvet y últimamente la serie Twim Peaks. A medida que transcurren los años, sus películas se hacen más fuertes en vigencia y lozanía, exhibiendo una carga simbólica que obliga a interesados y seguidores a desentrañar los entresijos que las nutren en contenido y a nivel formal.

Es precisamente este afán explicativo lo que ha generado un discurso oscurantista que poco favor le hace a esta poética. La experiencia reveladora de sus películas queda en un quinto planto ante la retahíla de conceptos que se construyen, que nos hablan más de lo que cree saber el emisor de ocasión en vez de ofrecer luces sobre esta filmografía. La jerigonza académica, del mismo modo la pose intelectual y otras manifestaciones del mal gusto no terminan por convencer a nadie que sepa apreciar el cine desde la esencia que la justifica: la contemplación.

Por ello, los cinéfagos y fanáticos de Lynch tienen una oportunidad privilegiada para justificar su conexión con él. Me refiero a una maravilla que lo es en la mágica sencillez de su exposición: David Lynch. El hombre de otro lugar (Alpha Decay, 2017) de Dennis Lim.

Profesor y crítico de cine, Lim nos entrega un libro que ubicamos en la galaxia de la difusión. En lo personal, me satisface leer libros de este corte, escritos con el corazón del hincha y pensados sin salirse de su objetivo: brindar luces sobre la trastienda de las películas del director. Libros de difusión como el que nos cita tienen el mismo valor que aquellos que sudan teoría pero que solo son asimilables por un “envidiable” universo de cinco personas.

Lim recorre la vida y obra de Lynch valiéndose de un lenguaje diáfano pero sin estrellarse en el lugar común. En esta intención, el autor convierte cada uno de sus doce capítulos en pequeños diamantes de una controlada admiración. Me queda claro que Lim calma su admiración no solo por la filmografía de Lynch, sino también por su vida. Esa contención es lo que dota de nervio y extrañeza a la simpleza de la prosa que termina seduciendo al lector. A saber, cuando relata sobre el tratamiento psiquiátrico que seguiría un joven Lynch para entender su universo interior. Cuando el psiquiatra le dijo que se curaría, el director en ciernes no volvió más. Ejemplos sencillos, pero que también obnubilan.

G. Ruiz Ortega

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