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Para Bárbara Délano Azócar

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Por: Carolina Teillier

Tres palabras me persiguen desde que el buen amigo Lucho Chueca me comprometió para esta noche, en vista y considerando que estuve cerca de ti cuando te detuviste en Lima antes de viajar rumbo al lugar donde no llegaste (y en vista, claro, de que llevo el hermoso apellido de mi padre, para qué vamos a andar con cosas).

Tres palabras:

familia, océano, exilio

exilio, océano, familia     (el océano siempre queda al medio).

[Paréntesis. Desde aquel «fatídico vuelo de AeroPerú», como escuchamos que decían en la radio, mis viajes al sur toman otro color cuando el avión se dispone a seguir su curso sobre el océano Pacífico. El avión, | ave para mí siempre tan absurdamente grande y no obstante tan segura, porque mi abuelo Arredondo, aviador de los pioneros, me inculcó cuando pequeña ciertas certezas necesarias para ir y venir de uno a otro lado: en el Perú mi madre, en Chile mi padre, mis abuelos, todo mi pasado | entonces breve.]

En fin, decía que tres palabras me persiguen. La palabra poesía no; no se ha instalado en mí en estas semanas. Quizá porque en ese momento, 2 de octubre de 1996, no había leído nada tuyo, Barbarita, todavía.

Y sin embargo.

Y sin embargo aquí estamos, reunidos en torno a una selección de tus palabras. Ordenadas por tu madre, ciertamente, cuando tuvo que enfrentarse, en las tripas de tu computadora, a aquello que ella llama, con admirable calma escrita, «los distintos proyectos poéticos en los que Bárbara estaba empeñada». Qué ternura imaginarla decidiéndose por ese «paréntesis gráfico» para el título de la primera edición, buscando dejar claro, en ese momento y para siempre, el carácter inconcluso de tu libro.

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Bárbara Délano Azócar

 

Mi ejemplar antiguo, (Playas de fuego), edición de 1997, guarda un beso de tu padre, nuestro Poli. Me alegra decirte que continuó escribiendo. Como lo describe por ahí un amigo suyo con admiración, «Siguió adelante, con el corazón quebrado pero siempre aferrado al dulce misterio de vivir».

[Paréntesis, otro: ¿Cómo le habrá contado el Poli a mi padre de tu muerte? ¿Se lo contó? ¿Lo supo, simplemente? «Barbarita…». «¿Barbarita?». «Sí, Barbarita». Y a seguir encontrándose, y cada vez | saber que tu jaleo ya-no-más.]

En 1983, para la antología Entre la lluvia y el arcoíris, escribiste lo siguiente: «Viví largos años en una casa larga y vieja | cerca del cerro San Cristóbal y que luego —por razones más bien malditas— tuvimos que abandonar». El exilio es un sinfín de casas rotas, frente a las que en Chile, luego del «fatídico 73» y del lento retorno, a tantos solo les queda decir que «Tendríamos que entrar a […] buscar los zapatos, tratar de reconstruir nuestra vida y preguntar a los vecinos por nuestros objetos perdidos» (versos tuyos).  

Es verdad que no tuviste que llevar encima el cartel del exiliado (menos aún yo, instalada en Lima desde mucho antes). Nunca se te prohibió volver; pero debiste viajar mil veces entre tu padre y tu madre, entre tu vida de allá y tu vida de otros lados. «El paraíso tiene muchos nombres», dices por ahí. Sí. Y el infierno también tiene muchos nombres, y a veces son los mismos. Lo dices, también, de cierto modo:

 

Nunca supe bien a bien quiénes fuimos

 

Íbamos a ser otros   íbamos a ser

quienes debíamos ser y algo para siempre

quedó trastabillando como un ciego que no logra

llegar a casa después que han cerrado

todas las cantinas.

 

Chau, Barbarita.

 

 

POSDATA:

Noticias UCV Radio.

Plaza de juegos infantiles en antiguo sitio eriazo de Cartagena.

Este jueves fue una jornada de celebraciones en la Villa Los Poetas de Cartagena por la inauguración de la plaza de juegos Bárbara Délano Azócar. El lugar era antes un sitio eriazo, ubicado en un sector altamente vulnerable de la comuna, pero se hizo un trabajo de suelo que dio paso a la instalación de columpios, resbalines, balancines y trepadoras, entre otros juegos infantiles.

Los trabajos de la Plaza complementan las tareas de mejoramiento del lugar realizadas por los propios vecinos, quienes detectaron la necesidad de generar un área especial para los numerosos niños y niñas del sector.

La calle de Cartagena en donde está enclavada la Plaza tiene el nombre de Luis Enrique Délano, padre de Poli Délano y abuelo de Bárbara, quien falleció en un trágico accidente aéreo. Todo esto en la Villa Los Poetas, en Cartagena.

[esta es una noticia que nunca hubiera querido darte; esta es una foto que nunca hubiera querido que vieras]

bd

 

Leído el martes 20 de noviembre. Auditorio de Librería Sur.

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