recomendaciones/Relecturas/reseñas

“Canciones de amor a quemarropa”

portada1

A estas alturas, lo sabemos, seguramente a manera de mantra: la tradición narrativa norteamericana es una inacabable cantera de escritores. Ya sea en sus periodos de racha y en los de vacas flacas, no deja de ofrecer voces que adquieren resonancia o en el peor de los casos una relativa atención. Podemos barajar muchas especulaciones, sin embargo, deberíamos tener en cuenta la geografía cultural, pensemos en su industria editorial, que permite a más de un escritor en ciernes la posibilidad de dedicarse en serio al ejercicio de la escritura de ficción.

*

Roberto Bolaño solía preguntarse si había malos escritores en Argentina. En este sentido, haríamos bien en plasmar esa misma inquietud a la narrativa gringa. Esta curiosidad se refuerza con las primeras entregas (novelas y cuentarios) de autores que se perfilan como los llamados a coger la posta de los Jonathan Franzen, Jonathan Lethem, Michael Chabon, David Foster Wallace y William T. Vollmann. Se nos viene a la memoria la delicia de novela de Christopher R. Beha, Qué fue de Sophie Wilder. Beha no es la única nueva voz a considerar, puesto que tendremos en el radar a Nickolas Butler, que en 2014 sorprendió a la crítica con Canciones de amor a quemarropa (Libros del Asteroide).

*

En principio nos hallamos ante una novela generacional, mas su despliegue argumental nos señala que es un trabajo sobre la amistad y lo que esta depara mediante sus inherentes cuotas de solidaridad, cariño y resentimiento. Imposible no pensar en títulos pautados por una banda sonora emocional con las que se hermana, como La fortaleza de la soledad de Lethem, Wonder Boys de Chabon y Alta fidelidad de Nick Hornby. Pero Butler va un poco más allá, explora, a cuenta de sus personajes Henry, Kip, Ronny y Lee, la sinuosa sentimentalidad, apelando a los silencios y gestos, que presenta en el mejor de los escenarios: en la boda de Kip.

El reencuentro de estos amigos de Wisconsin es el punto de partida para lo que será un tachonado cielo de admiración y rencor. Se quieren, sí, pero el tiempo ha germinado un odio escanciado de envidia ante lo que no se consiguió en la vida. Por ello, recuerdan, en inicio, lo que quieren recordar, pero luego abandonan la cicatería de la faceta escondida. Aquí hay que reconocer el pulso Butler porque sabe administrar sus recursos narrativos, ofreciendo información a cuenta gotas, siendo esta la mejor estrategia en pos de la tensión entre los personajes.

No lo podemos pasar por alto, la lectura de CAQ nos confirma nuestra sospecha sobre el magisterio recurrente en la narrativa gringa: el alejamiento de la digresión, patentizada en la mayoría voces, y no solo pensamos en las últimas plumas, sino también en las fundacionales. Claro, tenemos excelentes excepciones: William Gaddis, David Foster Wallace, Thomas Pynchon, John Barth, et al., pero la revsión somera de la cartografía nos anuncia el reinado de la linealidad. Sumemos también un detalle, que nos brinda luces sobre la manera en que Butler protege su mirada y oído: se desempeña en trabajos que no exigen mucho esfuerzo intelectual. Es decir, mientras la responsabilidad laboral sea menor, las armas sensitivas e intelectuales quedan en total consagración para la creación. Butler escogió esta opción, válida, y hay que celebrar porque el resultado es un novelón.

G. Ruiz Ortega

Un pensamiento en ““Canciones de amor a quemarropa”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s