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Pablo Martín Sánchez: “No me interesan los géneros puros, me atraen más las fronteras”

 

El escritor español Pablo Martín Sánchez viene forjando una obra que ha llamado la atención de la crítica y de los lectores. El anarquista que se llamaba como yo (2012) y Tuyo es el mañana (2016) nos reafirman en las posibilidades expresivas de la novela como lugar de encuentro para la libertad de la escritura. Nos hallamos ante un autor que no solo sorprende por su capacidad inventiva, sino también por la transmisión que deja en su poética.

G. Ruiz Ortega

He leído dos libros tuyos, pero no Fricciones, tu primera entrega. De El anarquista que se llamaba como yo, llamó mi atención su ambición, en parte porque estamos en una etapa en la que la brevedad en novela pretende imponerse como norma. Te lo comento porque en Fricciones, de acuerdo a lo que me informé, apelabas a la brevedad. Esto me sugiere que eres un escritor que privilegias la libertad.

No recuerdo haber apelado a la brevedad en Fricciones, al menos de manera explícita; pero cuando uno escribe un libro de relatos, necesariamente está apostando por las distancias cortas. Yo creo que cada historia pide un aliento determinado: como decía Cortázar, en una doble metáfora harto conocida, el cuento tiene que ganar por KO y la novela por puntos. En este sentido, El anarquista que se llamaba como yo me pedía una larga travesía, un lector que me acompañara durante mucho tiempo.

¿Tenías pensada su extensión?

Recuerdo perfectamente que cuando la empecé a escribir pensé: esta novela tiene que ser una novela de quinientas páginas. Y el día que le puse el punto final, me di cuenta de que tenía cuatrocientas noventa y nueve. (Al final, el libro editado acabó teniendo más de seiscientas.) No sé si a eso se le puede llamar libertad, lo que sí tengo claro es que no quiero anclarme en un solo género o formato: desde el microrrelato al novelón, pasando por la nouvelle o la novela corta, por no hablar del teatro, la poesía o el ensayo, todos los géneros me interesan (si me permites parafrasear a Terencio un poco a la ligera: soy escritor, nada de lo literario me es ajeno).

Pablo Martín Sánchez, by Pere Rovira (3)

Pablo Martín Sánchez

 

La novela también puede ser leída como una de aventuras. La sola reconstrucción de la vida del anarquista que se llama igual al narrador de la novela (ni hablar del autor), nos sugiere que hay un coctel de posibilidades expresivas (el azar y su retrato de época) de las que has sacado provecho para narrar. Por momentos tu novela me parece que es una mezcla de respiros entre el XIX y lo posmoderno.

Sí, creo que lo has descrito muy bien. Del mismo modo que no me interesa anclarme en un solo género literario, tampoco me interesan los géneros puros, me atraen más los intersticios, las fronteras. Alguna vez, cuando me han pedido que dijera a qué género pertenecía El anarquista que se llamaba como yo, he dicho con cierta ironía que se trataba de una novela de aventuras de autoficción histórica, o de una novela histórica de aventuras autoficticias, o de una novela de autoficción histórica de aventuras…

Se percibe un aliento episódico…

En cualquier caso, lo cierto es que tiene un aroma folletinesco muy decimonónico, pero mezclado con cierto juego metaliterario más bien posmoderno, lo cual permite, a mi entender, diversos niveles de lectura que hacen que pueda gustar a un público relativamente amplio. En realidad, yo me planteé su escritura como un ejercicio de estilo.

Como autor, y siendo también crítico literario: ¿cómo te ubicas en el panorama narrativo español actual? Está demás decir que estamos ante una novela consagratoria para lo que imagino que también debe llamarse novísima novela española, o lo que eso signifique. Bien sabes que estamos en épocas en que se etiqueta todo.

Efectivamente, me temo que la pasión por el etiquetaje es inherente a nuestra profesión: y ya se sabe, como decía Oscar Wilde tirando de etimología, que definir es limitar. Para serte sincero, no tengo ni idea de cómo ubicarme dentro del panorama narrativo español actual. Pero creo que los críticos tampoco (jaja). Tras un libro de relatos, dos novelas muy distintas entre sí (a pesar de formar parte de una misma trilogía) y un libro de nouvelles escrito a cuatro manos con Sara Mesa, creo que los tengo bastante despistados. Por no hablar de mi cooptación por el Oulipo en 2014, que debió de dejar desconcertado a más de uno.

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Tal y como dije hace un momento, tu novela es ambiciosa, y en ello no me refiero a su número de páginas, sino a los registros que apelas. A saber, por momentos es una novela de espionaje bajo un contexto de entreguerras. Entonces, la inquietud se impone: ¿en cuánto tiempo la escribiste? ¿Fue la novela que en principio pensaste?

Tardé tres años y media en escribirla, incluyendo los seis meses iniciales en los que me dediqué exclusivamente a hacer trabajo de campo y de rata de biblioteca. En tres años y medio pasan muchas cosas: la escribí en distintas sillas, en distintas mesas, en distintas ciudades, en distintos países y en distintos ordenadores, mientras trabajaba de librero o redactaba una tesis doctoral. Pero tuve clara la estructura desde el principio y construí un entramado de reglas que me ayudaron a trazar mi particular mapa del tesoro, que me sirvió de asidero para los momentos difíciles. Porque no hay que olvidar que cuando escribí la novela, yo era aún un escritor inédito (Fricciones se publicó el mismo mes en que firmaba el contrato de edición con Acantilado).

Aunque puede parecer ingenua la apreciación, es necesario decirla ahora que se viene descuidando la configuración moral de los personajes de ficción. Y esta es precisamente una novela de personaje y muchos personajes.

Sí, ciertamente es una novela con muchos personajes. Pero yo no sé si me atrevería a hablar de moral, un término que siempre me ha provocado cierto repelús. Si una cosa tenía clara desde el principio es que no quería hacer una novela maniquea, de buenos y malos. Lo cual no quiere decir que no sea una novela política.

Lo acabas de decir, eres miembro de Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle / Taller de literatura potencial). Si no me equivoco, eres el integrante más joven. No encontraba relación entre El anarquista y esta escuela, pero sí en Tuyo es el mañana, en donde veo aspectos lúdicos. (Aunque también podríamos decir que el apego en la descripción del detalle de Perec se hace presente en las descripciones de El anarquista.)

¡Te asombrarías de la cantidad de constricciones que utilicé para escribir El anarquista que se llamaba como yo! Pero como la mayoría son de tipo semántico, pasan desapercibidas. Es cierto que Tuyo es el mañana puede dar la impresión de ser una novela más oulipiana, empezando por la propia estuctura del libro, pero ambas lo son en la misma medida. Y luego es verdad que mi pasión por el detalle es muy perequiana, pero la influencia de Perec en mi manera de escribir y entender la literatura va mucho más allá del amor por el detalle. En cualquier caso, no soy el integrante más joven del grupo (el norteamericano Daniel Levin Becker es siete años menor, aunque fue cooptado antes que yo; y la francesa Clémentine Melois, la última en entrar en el grupo, es tres años más joven).

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Entre tus dos novelas, un lazo: el contexto histórico. Si lo pensamos bien, la mayoría de novelas comparten esa relación. En Tuyo es el mañana, que se desarrolla en un día, hay una tensión en los sucesos del 18 de marzo de 1977, que para disfrutarla, hay que ir a su impacto: la lectura corrida.

En efecto, a diferencia de El anarquista que se llamaba como yo, que concebí como una novela-río en la que el lector conviviese con los personajes durante largo tiempo, creo que Tuyo es el mañana es una novela que debe leerse en un suspiro, a poder ser en un día, que es el tiempo que duran los acontecimientos. Si el punto de partida de la primera era un anarquista que se llamaba exactamente igual que yo, en esta segunda es la fecha de mi nacimiento: me interesaba recrear el día en que yo nací, algo que ya había probado en uno de los relatos de Fricciones, «Faustine», pero que aquí desarrollo con mayor ambición, a través de un abanico relativamente amplio de personajes (una niña que hace novillos, una universitaria que investiga un caso de bebés robados, un profesor que lleva una doble vida, un viejo empresario de la construcción, un galgo de carreras y el retrato de una mujer que lleva medio siglo colgado en la misma habitación de una casa burguesa de Barcelona). En ambas novelas el contexto histórico resulta fundamental para entender lo que les ocurre a los personajes, algo que también ocurrirá en mi siguiente novela, con la que cerraré esta trilogía dedicada a lo que podríamos considerar la biografía mínima de cualquier persona (nombre, fecha y lugar de nacimiento): una novela ambientada en Reus, mi ciudad de origen, en un futuro próximo.

La buena salud de tu novela se debe también a su actualidad. Estamos 1977, pero sus hechos son metáforas de lo que sucede en el mundo hoy en día.

Sí, ambas novelas suceden en el pasado, pero en el fondo están hablando del presente. Las estrategias del poder para seguir perpetuándose se parecen peligrosamente a las de principios del siglo XX; y los temas que quise tratar en Tuyo es el mañana son precisamente aquellos que aún no están resueltos: el acoso infantil, la violencia animal, el terrorismo, el robo de bebés, la especulación inmobiliaria… Muchos lectores me han dicho: ¡pero si parece que estés hablando de lo que pasa hoy día!

Estas dos novelas forman parte del catálogo de una editorial importante. Aunque no es una casa del circuito independiente, en la práctica lo es. Esto me hace pensar en que propuestas como las tuyas sí tienen cabida y aprecio, no dependientes de su posible impacto comercial.

Está mal que yo lo diga, pero Acantilado es una de las mejores editoriales que existen en España. Desgraciadamente, su fundador, Jaume Vallcorba, falleció en 2014, pero el espíritu sigue siendo el mismo con Sandra Ollo: un catálogo personal, de calidad e independiente.

Percibo mucho tránsito en la narrativa española última, con estilos no lineales y tópicos no necesariamente abordados por las plumas mayores. Si tuviéramos que buscar un diálogo entre tus libros y los de otros compañeros generacionales, ¿en quiénes pensarías?

A veces es difícil distinguir entre afinidades literarias y afinidades personales, que muchas veces se confunden, y no necesariamente de manera negativa. Si por compañeros generacionales tomamos a aquellos que tienen entre cinco años menos y cinco años más que yo, y nos limitamos a la literatura de autores españoles que escriben en castellano, no podría dejar de citar a Jesús Carrasco, a Sara Mesa, a Pablo Moíño Sánchez o a Miguel Serrano Larraz.

Imagen destacada, tomada de aquí.

Imagen de post, de aquí.

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