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“Los judíos vieneses en la Belle Époque”

Por : Carlos E. Tupiño

Jacques Le Rider recibe al lector con estas palabras: «Si Viena, en la época de Sigmund Freud y de Arthur Schnitzler, se convierte en una capital de la modernidad se debe en parte a que es una metrópoli de la Europa Central danubiana y a que los cambios demográficos del último cuarto del siglo XIX la han transformado en una “Jerusalén del exilio”».

Los judíos vieneses en la Belle Époque (Ediciones del Subsuelo, 2016) da cuenta del acucioso análisis realizado por Le Rider en el que se muestra el papel de los judíos no solo en la intelectualidad vienesa sino en todos los campos de la sociedad. Su influencia se aprecia en la medicina, las finanzas y la banca, el comercio, la música, teatro, periodismo y literatura.

El autor inicia su recorrido con el Edicto de tolerancia de 1781 en el imperio de los Habsburgo, con la finalidad de mostrar la lucha contra el rechazo y marginación que experimentaron los judíos. Esa situación permitió que las familias judías se fueran asimilando, con el transcurrir de los años, a la cultura alemana que imperaba en esa época. Le Rider también muestra datos sobre el incremento de la población judía en Viena desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX.

Ese incremento explica las medidas que aparecieron para tratar de frenar la inmigración judía, especialmente de la zona Este. El autor escribe: «Hasta 1880, las regiones que aportan inmigración judía a Viena son básicamente Bohemia y Moravia por un lado y Hungría por otro. A partir de 1880, los judíos del Este, en particular los de Galitzia, son mayoritarios en los flujos migratorios que se dirigen hacia Viena, […] En 1914, los judíos originarios de Galitzia representan una cuarta parte de la población judío vienesa; […].» Le Rider muestra lo diferentes que son los judíos del Este en comparación a los ya vivían en Viena, asimilados a la cultura.

Esa masiva afluencia de judíos del Este será uno de los factores del antisemitismo aún entre los judíos, tema que también ocupa la atención del autor, quien cita las palabras del escritor Jakob Wassermann: «[…] Estaba acostumbrado, con los judíos alemanes, a modales más burguesamente refinados y socialmente más discretos. Aquí siempre me sentía un poco avergonzado. Me avergonzaba su comportamiento, me avergonzaba su actitud. [….]». El caso de Wassermann, en cuya producción literaria la situación de los judíos está presente, es un claro ejemplo de la lucha interna que tuvieron muchos judíos. Los judíos establecidos en Viena no veían con agrado a aquellos que llegaban con costumbres (vestimenta, idioma, tradiciones) que posiblemente ya habían olvidado en su nueva ciudad, o que les recordaban el pasado del que habían escapado. Era para ellos algo que rechazaban. Este conflicto se halla presente a lo largo de toda la investigación y análisis realizado por Le Rider.

Los judíos vieneses en la Belle Époque está dividido en dos partes. La primera, titulada Las posiciones políticas y los discursos sociales, contiene capítulos dedicados al liberalismo austríaco, a cómo Viena se convirtió en la ciudad de los judíos que emigraron del Este, al antisemitismo como parte de la cultura reinante en esos años; también dedica un capítulo a la trayectoria del rabino Joseph Samuel Bloch que estuvo comprometido en la lucha contra el antisemitismo. En esos capítulos está presente el análisis de los conflictos originados por el encuentro de las posiciones entre los judíos: los asimilados y los sionistas Fue un encuentro de dos mundos.

La segunda parte ofrece ensayos sobre la vida y obra de nueve personajes importantes en la Viena de esos años. En cada uno de ellos, Le Rider se encarga de presentar la ciudad de nacimiento, padres, estudios, así como la posición que tuvieron con relación a la asimilación de los judíos a la cultura o su opción por el sionismo, los partidos políticos como el nacionalsocialismo uno de los propulsores del antisemitismo reinante, sus relaciones con otros intelectuales de la época, el grupo de la Joven Viena con sus reuniones en el café Griensteidl y aquello que los hizo destacar y convertirse en los personajes que fueron.

En el ensayo dedicado a Sigmund Freud, el autor cita las declaraciones del psicoanalista en una entrevista que le hicieron en 1928: «Mi lengua es la alemana. Mi cultura, mis vínculos son alemanes. Me consideraba intelectualmente alemán hasta que me di cuenta del aumento creciente de los prejuicios antisemitas en la Alemania y en la Austria alemana. Desde entonces ya no me considero alemán. Prefiero denominarme judío.» Le Rider analiza la posición antisionista del fundador del psicoanálisis, en los años previos y posteriores a 1900 y su relación con el filósofo Theodor Gomperz, también contrario al sionismo, señalando a ambos como ejemplo de la asimilación judía a la cultura. En esas líneas también se ocupa de algunas de las obras de los mencionados, como El libro de los sueños y Pensadores griegos, así como de algunos personajes ligados a Freud.

El escritor vienés Arthur Schnitzler es otro de los escogidos por Le Rider. Este texto muestra un análisis meticuloso sobre la vida y obra del médico que dejó la profesión para convertirse en escritor y dramaturgo. Muestra la situación de Schnitzler en medio de un antisemitismo que lo afecta; cita palabras que dan cuenta de su sentir: «No nos cuentan entre ellos. De todos modos, prefiero que no lo hagan. Consideran que no soy un austríaco como ellos. Ante todo, yo soy yo, y con eso me basta, y que haya venido al mundo en Austria, nadie puede discutírmelo. […]»

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La obra de Schnitzler ocupa un lugar principal en este ensayo; Le Rider examina principalmente dos obras del autor vienés: la novela En busca de horizontes y la obra de teatro El profesor Bernhardi, que señala como una de las grandes obras en las que trata la «cuestión judía». También está presente el estilo crítico de Schnitzler hacia obras de otros autores y su amistad con Theodor Herzl. Es un recorrido intenso en la vida, obra de uno de los grandes autores judíos de Viena.

Tres autores son analizados en el capítulo La joven Viena literaria y la identidad judía. El primero es Hugo von Hofmannsthal, considerado el príncipe de los poetas de la Joven Viena, a quien le enfurecía ser considerado «un escritor judío vienés». Este aspecto es analizado por Le Rider, examinando textos de diferentes autores, como el escritor Hermann Broch, el periodista Moritz Goldstein, el filósofo Martin Buber y otros, sobre la persona y obra de von Hofmannsthal.

Continúa en ensayo sobre Richard Beer-Hofmann; formó parte del grupo de la Joven Viena. El autor nos presenta un breve análisis de sus relatos, poesía y teatro de quien considera un «asimilado a la cultura alemana y ‘desjudaizado’» y su amistad con Theodor Herzl. También están presentes los comentarios críticos por parte de von Hofmannsthal y Hermann Bahr.

El tercer escritor incluido en este capítulo es Felix Salten, otro de los integrantes de la Joven Viena. En este ensayo está presente su paso por importantes publicaciones, entre ellas la sionista Die Welt de Theodor Herzl, Die Zeit, Berliner Tageblatt, Neue Freie Presse de Viena, Berliner Zeitung y Berliner Morgenpost, de estos dos últimos llegó a ser redactor jefe. Le Rider analiza su paso como director del Pen Club de Austria y el motivo de su renuncia a dicho cargo.

Continúa el ensayo sobre Karl Kraus, considerado « uno de los críticos más lúcidos y despiadados de la prensa». Jacques Le Rider señala expresamente que en el capítulo dedicado al fundador, director y redactor de La antorcha (Die Fackel), repasará sus opiniones «sobre la “cuestión judía” que, también en este caso fueron a menudo paradójicas y tan duramente críticas que algunos lectores de Karl Kraus prefieren ponerlas entre paréntesis.» En este trabajo el autor logra ofrecer un exhaustivo análisis del trabajo de Kraus y, también muestra opiniones de otros intelectuales como Theodor Lessing y Walter Benjamin sobre el «anti-periodista» de La antorcha.

En ese capítulo Le Rider también examina la influencia del filósofo Otto Weininger en Kraus y las diferentes opiniones que originó el caso Dreyfus en el medio intelectual y periodístico de la época. Es importante señalar cómo el autor percibe el periodismo de Karl Kraus: «Su principal blanco es la prensa, que él describe como una industria lucrativa que se apoya en la publicidad, en la connivencia del poder económico y en las plumas dóciles de la redacción.»

Stefan Zweig, es otro de los elegidos por Le Rider. Analiza el pensamiento judío del autor vienés en sus obras El almanaque judío (1904), En la nieve (1901), Jeremías (1917), Mendel el de los libros (1929), considerada como el producto de su viaje a Galitzia, El candelabro enterrado, La impaciencia del corazón y Montaigne. También se ocupa de la información que proporciona su gran obra El mundo de ayer. A lo largo del capítulo está presente el cosmopolitismo del escritor vienés; Le Rider se refiere a él de la siguiente manera: «En Zweig, la identidad vienesa y austríaca está ante todo ligada a la cultura alemana y mira hacia la cultura occidental. […] En su mapa mental como ciudadano de Austria-Hungría y como europeo, los límites orientales serán un continente exótico y casi desconocido.»

La segunda parte finaliza con un capítulo dedicado a dos personajes de la «música e identidad judía». En el ensayo sobre Gustav Mahler, Le Rider analiza la “complejidad del universo intelectual” de quien llegó a ser director de la Ópera de Viena y no pierde de vista la carga antisemita en la obra del músico y compositor nacido en Moravia. Está presente su paso por la Sociedad Wagner (Wiener akademischer Wagner-Verein) y la admiración que tuvo por Richard Wagner, conocido por su antisemitismo.

A lo largo de las páginas, aparecen los nombres del compositor Hugo Wolf, Engelbert Pernerstorfer, periodista y político; Victor Adler, quien junto con Mahler pertenecieron al Círculo Pernerstorfer, uno de los más influyentes en el campo intelectual y cultural en los inicios del siglo XX. También muestra las críticas provenientes del musicólogo Richard Specht, de los críticos musicales Ludwig Karpath y Rudolf Louis y del historiador Carl E. Schorske, entre otros.

Sobre Arnold Schönberg, el autor analiza los cambios ocurridos en el músico con relación a su confesión de fe: abandona el judaísmo en 1898 para convertirse en protestante; en 1934 volvería al judaísmo. Están presentes las coincidencias entre Schönberg y su amigo Karl Kraus. También desfilan los nombres de personajes que se relacionaron con el músico: el pintor Kandinsky, el compositor Alexander Zemlinsky, el pianista Viktor Holländer y muchos más. Le Rider rescata un detalle importante en la investigación sobre Schönberg: «En su biografía hay algunos detalles que confirman las características de la sociología histórica de los judíos vieneses […]».

El autor cierra con un epílogo cuyo título es un reflejo de su contenido: «De la Primera Guerra Mundial al Anschluss: hacia una “ciudad sin judíos”». Después de la lectura de las páginas precedentes, en este final del libro se reúne todo aquello que fue formando el destino final de la Viena de esos años que sirvieron de marco a una ciudad que no volvió a ser la misma: el imperio Austro-Húngaro, la protección a los judíos, la llegada del antisemita Karl Lueger a la alcaldía de Viena, el auge del antisemitismo, la Primera Guerra Mundial y el Anschluss que determinó la anexión de Austria al III Reich. En ese texto final, el autor analiza La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer y Auto de fe de Elías Canetti. Como escribe Le Rider: «A partir de 1938, “el mundo de ayer” que evocaba Stefan Zweig se desvanece.»

La lectura de Los judíos vieneses en la Belle Époque, da una muestra de la calidad del trabajo realizado por Jacques Le Rider. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros de ensayo que he leído.

 

Algunas obras de Jacques Le Rider sobre el tema comentado:

  • Arthur Schnitzler ou la Belle Époque viennoise, Paris, Éditions Belin, 2003.
  • Hugo von Hofmannsthal. Historicisme et modernité, Paris, PUF, coll. «Perspectives germaniques», 1995.
  • Le cas Otto Weininger. Racines de l’antiféminisme et de lántisemitisme, Paris, PUF, 1982.
  • Modernité viennoise et crisis de l’identité, Paris, Presses Universitaires de France, coll. «Perspectives Critiques», 1990.
  • Journaux intimes viennois, PUF, coll. «Perspectives Critiques», 2000
  • La Mitteleuropa, Paris, PUF, coll. «Que sais-je?» 1994.
  • Wien als »Das neue Ghetto«? Arthur Schnitzler und Theodor Herzl im Dialog, Vienne, Wiener Vorlesungen – Picus, 2014.

 

Libros en colaboración con otros autores:

  • La Galicie au temps des Habsbourg (1772-1918). Histoire, société, cultures en contact, (avec Heinz Raschel), Presses Universitaires François Rabelais, Tours 2010 (Perspectives historiques), 404 p.
  • “Les Journalistes” d’Arthur Schnitzler. Satire de la presse et des journalistes dans le théâtre allemand et autrichien contemporain, (Édition de Jacques Le rider en collaboration avec Renée Wentzig), Tusson (Charente), Du Lérot Editeur, 1995.
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