cine / series/recomendaciones

Underwood regresa

frank-underwood-poder

 

Por: Marco Zanelli Berríos

“Solo hay una regla: cazar o ser cazado”, dice el maquiavélico Frank Underwood, mirando a la cámara y logrando atrapar en todos sus gestos e ironía sus oscuras intenciones. Es una frase maliciosa e irrebatible que, además, define la esencia y el derrotero de la serie House of Cards: para alcanzar la cima de la pirámide política se debe ser despiadado como un depredador. Precisamente, Frank Underwood refleja las características de un animal político que se sabe tan ambicioso como el complotista romano Bruto. Sus virtudes resultan imperceptibles, pues siempre están empañadas por un gran despliegue de atributos inherentes a sus deseos incontrolables de poder y la consecuente corrupción del ser humano.

Pero en este thriller político, Frank no juega sus partidas solo. Su esposa Claire (¡qué dominio de Robin Wright!) también juega un rol clave en ese tablero de ajedrez y, a medida que las temporadas avanzan, sus ambiciones incrementan y toman un vuelo capaz de desestabilizar al mismo Frank. Refinada, cautelosa, pero también feroz y calculadora, las contradicciones de Claire Underwood empiezan a afinarse al final de la segunda temporada y llegan a su punto de quiebre en la tercera. Después de mostrarse como un personaje independiente, pronto descubrimos que, al igual que varios miembros del partido demócrata, ella también está maniatada a la figura de su marido.

De allí que a Beau Willimon, creador y guionista de la serie, se le haya achacado cierto regodeo y complacencia en torno a Frank Underwood. Y es que, ¿no resulta inverosímil que el hombre malo de la política estadounidense insista en que su maldad es implacable? ¿No debe el personaje tener diversas aristas para llegar a acariciar la preciada condición humana? ¿Cuánto de caricatura hay en este protagonista tirano? Lo que podría parecer un defecto de la serie termina por ser su mayor logro: la constante incidencia en la maldad de Underwood seduce, inquieta y perturba. ¿Monocromático? Sin duda. Pero Kevin Spacey maneja tan bien su papel que es imposible no conectar con el personaje que interpreta. Y otra cosa: ¿acaso no hay parodia más real que Donald Trump? La realidad, ya sabemos, siempre puede más que la ficción.

Secundarios rutilantes

Si House of Cards fuese nuestro sistema solar, los Underwood serían el sol. Ellos brillan con luz propia durante las cuatro temporadas y el equipo de directores y guionistas se encargan de mantener ese lustre. Sin embargo, a su alrededor gravitan personajes secundarios cuyo brillo vale la pena destacar.

De lo contrario, ¿cómo explicar el resplandor de Doug Stamper, el fidelísimo subordinado de Frank Underwood? Al inicio de la serie, no pasa de ser un secundario enigmático que realiza los trabajos sucios de su jefe a la vez que siente una extraña fascinación por él. Pero conforme nos adentramos en la red de crímenes y corruptelas tejidas al interior de la Casa Blanca, Stamper nos deja ver sus pliegues más humanos. Y en esa maravillosa tercera temporada, su crisis emocional es tan conmovedora que creemos vislumbrar un punto de redención en él (aunque después nos sintamos decepcionados por haber confiado en su aparente bondad).

Lo mismo sucede con la historia de amor entre la diputada Jackie Sharp y el lobbista Remy Danton. Sus ambiciones iniciales, las medidas cerebrales que en un principio les permite conservar el norte de sus carreras en Washington, se diluyen al descubrir que han sido puestos en jaque por los Underwood y renuncian a sus aspiraciones y codicias políticas para ejercer sus sentimientos más nobles con libertad. Son estos pequeños tramos de honestidad los que dotan a House of Cards de una frescura moral hechizante, inyectándole un contrapeso necesario para equilibrar el aliento corruptor de sus protagonistas principales.

Ahora, así como hay los vasallos y los disidentes, los manipulados y los enemigos, también están los que comprenden al tándem Underwood. Es un grupo con acceso restringido al que logran ingresar el misterioso escritor Tom Yates y el taciturno guardaespaldas Meechum. No solo penetran el umbral de esta pareja; también llegan a involucrarse de una manera más íntima con ellos. Son los binoculares que el espectador requiere para observar más de cerca esa relación impenetrable y es a partir de su mirada que damos cuenta de la distancia que separa a Claire de Frank y percibimos sus ángulos menos enfocados y despojados de imposturas. 

Quinta temporada

Si durante las cuatro temporadas precedentes fuimos testigos de asesinatos, sobornos, chantajes, desencuentros diplomáticos y escándalos en las prensa, la última temporada de House of Cards, próxima a estrenarse el 30 de mayo, promete un encuentro con la verdad.

Frank y Claire se encuentran en la cresta de la campaña presidencial y lidian con severas denuncias periodísticas. Sin embargo, no hay camino para la redención. El sabor que nos deja la cuarta temporada es que las cosas se pondrán más crudas y frente a esa expectativa solo nos caben emociones de alto voltaje. Todavía hay Underwoods para rato.

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s