cine / series

La cornucopia de historias

 

 Por: Joe Iljimae

De vez en cuando, plataformas como Netflix pueden sorprender al público con novedades por demás atractivas. Este el caso de Sense8, la serie de televisión escrita y dirigida por las polémicas hermanas Lana y Lilly Wachowski, famosas planetariamente por su trabajo realizado en la trilogía de The Matrix y V for Vendetta.

Sense8 es la primera serie creada por las Wachowski y esta empresa no ha quedado nada mal. De hecho, han fracturado el lenguaje narrativo tradicional para experimentar una estructura ajena al sentido televisivo que promete consolidarse en sus cuatro temporadas restantes, siendo una de estas estrenada el 2017.

Pero ¿cuál es esta renovación narrativa? En principio, mostrar al personaje antes que su función dentro de la trama. Por lo general, las series narran la ambición de un personaje y, en ese camino, desgranan su psicología mediante una exposición a situaciones difíciles de afrontar. Pensemos en Breaking Bad, House of Cards o The Walking Dead, solo por dar ejemplo de algunas series recientes. Todas muestran, desde el primer capítulo, el engranaje del personaje, la pretensión definitiva que los impulsa a moverse, lo cual agiliza la trama en pos del espectador. Sin embargo, no pasa lo mismo en Sense8. En esta serie el ser del personaje precede a su función, dimensionando su psicología antes que su ambición o su aporte al conglomerado de vidas con las que se va entrecruzando.  Quizá por eso, aún en el segundo o cuarto capítulo (y quizá también en el último de todos), el receptor carece de elementos para entender el conflicto global que da sentido a la trama. Y todavía más, si sumamos a esto la hondura en los estadios emocionales de los ocho personajes principales, obtenemos de golpe una serie que ralentiza las acciones con el fin de dialogar con las fibras psicológicas del espectador, llevándolo siempre a terrenos más íntimos y sensitivos, antes que a caprichos del instante o el fragmento. 

En vista de esto, Sense8 es un drama coral que necesita de varias temporadas y, sobre todo, de paciencia para consolidar su ambición narrativa. Aunque en virtud de la verdad, las mañas y astucias audiovisuales de las directoras ayudan a la serie a no llegar a los extremos del lastre moroso y hace que se vea prácticamente de tirón.

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Es muy difícil decir de qué trata la serie, pero si habría que dar una sinopsis, sería del siguiente modo: ocho personajes, cada uno de diferentes nacionalidades y con dramas personales distintos, comienzan a unirse sensorialmente a partir de una aparatosa imagen que todos ven al mismo tiempo. Desde entonces nacen como Sensates, percibiéndose y comunicándose entre sí a la distancia. En este contexto, se ven obligados a adaptarse a lo que les acaece, sin poder controlar su conexión y sin saber el fin por el que se establece ese vínculo entre ellos.

Con esta breve descripción, se podría decir que Sense8 es una serie de ciencia ficción. Y sí, lo es en su totalidad. Pero también es un producto con elementos de la serie policial, como también de las películas sobre mafiosos. Es decir, nos encontramos con una serie que hace gala del uso privilegiado de las posibilidades del género, tal y como lo acabamos de señalar en su carácter policial, que por tal, y gracias a su esencia plástica, permite estrechar lazos con el thriller corporativo, la narrativa gay, el drama existencial, el divertimento de acción, el musical y el combate (prestemos atención a los evidentes guiños a Jean-Claude Van Damme).

En este sentido, Sense8 intenta ser una serie polifónica, que se nutre del mestizaje de género. Solo de esta manera explora tópicos que los guionistas de shows de ciencia ficción suelen olvidar. Durante todos los capítulos, la serie ingresa a una intrincada e introspectiva red de reflexiones sobre la política, la identidad de género, la sexualidad y la religión. Es por eso que Sense8 adquiere una amplitud universal, consumiéndolo todo, mostrándolo todo.

Además, recordemos que los Sensates viven en distintas partes del mundo con sus costumbres y culturas radicalmente opuestas las unas de las otras. La serie incluye rodajes en Berlín, Seúl, Nairobi, Londres, San Francisco, Chicago, Islandia, Bombay y México. Un prodigio de producción que incluye protagonistas de todas esas zonas del mundo y que recrea sus tradiciones y contextos draconianos en una cornucopia de relatos que logra impactar por dentro al espectador.

Se infiere que Sense8 es una serie muy postmoderna. Sus alusiones constantes al siglo XXI y a la cultura de masas le dan un tamiz de frescura que evade, con cierta pericia, al todavía arraigado anacronismo contemporáneo en el mundo. Por ello, no solo estamos ante una propuesta estética propia de nuestro tiempo, sino también ante una crítica directa de ella.

Por ejemplo, hay un continuo discurso que dice “hacemos que la vida de la gente ingrese al siglo XXI, no al XIX. ¿Por qué seguir pensando como trogloditas?” Y, en otro lado,  un Sensate de la India le pregunta a otro de Kenia: “¿Cómo puede ser más importante un televisor que una cama?” (No entiende por qué en los barrios más pobres siempre hay televisores de buena calidad antes que una cama). El keniano contesta: “Simple. La cama te mantiene en el suburbio. La televisión te saca de él”.

Destaquemos que la serie es ajena a los manierismos comerciales para agradar al público. Sin embargo, resulta necesario reprocharle sus dos o tres momentos edulcorados que ensombrecen su ascendencia. Consignemos una muestra: la escena donde todos los sensates se ponen a canturrear (casi al unísono y en sus propios países) What´s up de 4 Non Blondes.

Es evidente que las hermanas Wachowski agregan a todo lo que hacen un plus de misterio a su alrededor. Recordemos que ellas entienden sus obras más allá del argumento y, por lo general, suelen moverse a base de estereotipos. ¿No fue así con The Matrix o Jupiter Ascending? Tal vez por eso han repetido el patrón eligiendo personajes que son el absurdo del cliché y que, sin embargo, se les cree: la jovencita en apuros, el ladrón con corazón de oro, el muchacho noble en medio de un mundo de criminales, el gay de closet, el policía heroico, la hacker transgénero, la mujer inteligente subyugada por las tradiciones machistas de su país, etc.

Aun cuando este crisol de personajes parece caprichoso, no lo es. Las Wachowski utilizan el estereotipo para proponer una tesis clara e inequívoca: todos somos únicos, pero al mismo tiempo somos iguales, puesto que de alguna forma u otra, todos estamos conectados como los Sensates. La consigna: todos somos uno solo.

Sin duda alguna, Sense8 tiene aún mucho que decir y lo dirá en su segunda temporada este 5 de mayo de 2017. Que se estanque o sobreviva, depende absolutamente del nervio conceptual de las hermanas Wachowski.

 

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