cine / series

Hombres azules

C6LCIF3U8AAgHT0

Por: Marco Zanelli Berríos

Al inicio está Chiron, pequeño y perseguido, corriendo por salvarse de una paliza segura. La cámara va tras él al igual que los niños que quieren molerlo a golpes. Y, finalmente, logra esconderse en un departamento abandonado: en su mirada, el miedo es elocuente. Se trata de una primera secuencia que condensa el derrotero de Moonlight, la última entrega del director Barry Jenkins y ganadora del Oscar a Mejor Película este año. Allí ya está definido el porvenir del protagonista: la persecución, el escondite y el silencio.

Y al inicio también está Liberty City, un barrio marginal de Estados Unidos, habitado por una violencia no dicha, fruto de la venta de drogas. Un espacio en el que, no obstante, se pasea un hombre de buen corazón. Le dicen Juan y, pese a ser una tuerca más de ese negocio ilegal, transmite simpatía: sus gestos risueños, su bonhomía a flor de piel, su aire paternal y el hecho de cuidar al pequeño Chiron, más conocido en ese primer momento como ‘Little’, nos convence de su nobleza.

A Chiron la vida no lo trata bien: su madre es una afroamericana neurótica y drogadicta; su entorno, un grupo de muchachos que siempre abusan de él por su tamaño. Su único refugio es Juan (Mahershala Ali en dominio de sus facultades) y su novia Teresa. Es este vendedor de crack quien le enseña a nadar en el mar de ese Miami ochentero: es él quien le da los consejos de vida, quien ocupa la labor del desconocido papá. Son escenas de gran belleza, en las que la naturaleza, con sus colores, contribuye a capturar ese lirismo sensorial, tan natural como sosegado, que detiene el ritmo acelerado de ese primer capítulo.

Después, ya no habrá Juan. Y Chiron ya no será ‘Little’, sino ‘Blue’. Del pequeño conserva la mirada: temerosa, urgida de ayuda y amor. La cámara sigue captándolo con ese ritmo salvaje. Es una presa fácil de morder: los matones han mutado y continúan persiguiéndolo. Él, por supuesto, no deja de huir. Continúa recibiendo maltratos de su madre. Pero si antes encontró seguridad en Juan, esta vez la hallará en un amigo de infancia: se enamorará de él y será correspondido. El drama, sin embargo, lo acecha. Y frente a los vejámenes, ‘Blue’ no tardará en enfrentase, vengarse, con una ira silente.

Transcurren los años, escondidos por una esperable elipsis, y de aquel patito feo surge un cisne negro. Se llama ‘Black’ y, en su mirada, tan solo hay dureza. Es el último episodio de Moonlight, uno en el que se apuesta por la contemplación y el ritmo reposado, barnizado todavía por ese preciosismo visual que juega tan bien con una paleta de colores conformada por el azul y el amarillo. Igual de sobresaliente es la música, antes funky, melancólica y empoderada, y ahora gangsta rap. Chiron se ha convertido en eso: un microcomercializador de drogas que encubre su condición homosexual y sus traumas en el estereotipo para sobrevivir en un ambiente marcado por la rudeza.

Pero, al contrario del resto de episodios, este último es un canto a la libertad por medio del amor. Un reencuentro con aquel muchacho de quien siempre estuvo enamorado, al tono de ‘Hello Stranger’ de Barbara Lewis, lo salvará de sí mismo. La otrora mirada tosca es reemplazada, progresivamente, por los guiños sensuales, la atracción. Aunque por ratos empalaga, el resultado final es redondo. Moonlight es un film sutil, de una honestidad arrolladora.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s