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Rulfo centenario

La narrativa latinoamericana no hubiera conocido sus años de esplendor si no fuera por algunos escritores que antecedieron a los que conformaron la galaxia del Boom, suerte de paraíso que se reservó su derecho de admisión. Solo cuatro entraron y, como bien sabemos, más de una voz valiosa quedó de lado. Felizmente, la historia, por medio de sus lectores, ha estado poniendo las cosas en su lugar, sin dejar de reconocer los evidentes aportes de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Obviamente, nos quedamos cortos cuando decimos “aportes”, pero se trata solo de un cumplimiento descriptivo que no refleja la magnitud de la obra de este cuarteto que conformó el llamado Boom.

Pasan los años y la propuesta de Juan Rulfo sigue exhibiendo frescura y revelación. No estamos ante un predecesor del Boom (ese dato queda para las estadísticas), sino ante uno de los escritores latinoamericanos más perdurables del Siglo XX. Hablamos de un autor al que le bastaron dos libros para quedar en el imaginario de los lectores: el cuentario El llano en llamas y la novela breve Pedro Páramo.

Sorprende, aunque no tendría que ser así, que en esos dos títulos se alimenten las nuevas tendencias y búsquedas estilísticas y temáticas de la narrativa escrita en español, y cuando pensamos en las mismas ya no pensamos únicamente en las confluencias de la realidad y la fantasía, sino en la fuerza de la voz de Rulfo, pautada por el asombro que signa el contacto con la tierra y lo que esta puede transmitir como metáfora de la cultura latinoamericana.

Rulfo supo lo que escribió. ¿Para qué más?, se habrá preguntado. Pudo seguir publicando, mas no quiso. Y sobre su silencio se ha escrito mucho. Cada interpretación que se nos ha ofrecido sobre su negativa a seguir publicando, que no es lo mismo que dejar de escribir, nos arroja una realidad: su genuino compromiso con la experiencia de la palabra.

Rindamos homenaje a Rulfo en su centenario. De la misma manera como lo hemos estado haciendo cada vez que nos acordamos de su obra, es decir, recomendándola.

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