reseñas

Sobre “Asociación ilícita” de Leonardo Aguirre

Por: Jorge Cuba Luque

Puesto en librerías a comienzos del 2016, el libro de Leonardo Aguirre,  Asociación ilícita (Animal de Invierno), alborotó el gallinero literario peruano por su contenido poco frecuente en las Letras del país: un concentrado de datos que muestra las miserias, no de las cortesanas balzacianas, pues aquí no hay esplendores, sino de nuestros hommes (et  femmes)  de lettres de ayer y de hoy. Pues sí, se trata de una serie de perfiles de escritores peruanos elaborados a partir de la yuxtaposición de testimonios de terceros, por lo general también escritores, pero igualmente periodistas, profesores de literatura o bloggers literarios. En todos estos perfiles, que el autor llama “acápites”  —veinticinco en total, bajo los que hay un breve subtítulo en registro irónico—, los escritores retratados son evocados en alguna de sus peores facetas: en una serie de gestos de deslealtad, egoísmo, embriaguez, avaricia, arribismo, racismo y tantos otros trazos negativos de comportamiento o de personalidad. Los escritores que nos presenta Aguirre a los largo de las  más de trescientas páginas del volumen van desde Clemente Palma hasta los de hoy por hoy.

Es preciso anotar que Leonardo Aguirre ha publicado ya dos libros de cuentos y dos novelas.  Digo esto porque con Asociación ilícita estamos ante una práctica literaria poco frecuente en el Perú: la de escritores que escriben sobre escritores. Aquí en Francia hay en cambio una vieja tradición al respecto, cito un solo ejemplo para no alejarnos del libro que nos ocupa: Sainte-Beuve, autor y crítico literario del siglo XIX, a quien en su libro Mes Posions (Mis venenos) no le tiembla la mano para burlarse de la obra y de la persona de autores como Victor Hugo o Balzac. En el Perú podemos citar algunos casos aislados: la deliciosa La bohemia de mi tiempo, de Ricardo Palma, donde se burla amablemente de algunos de sus contemporáneos tanto como de él mismo. Entre títulos recientes tenemos el de Mario Vargas Llosa, que en su imprescindible El pez en el agua encontramos el capítulo El intelectual barato, en donde cita a algunos intelectuales y escritores a los que califica de oportunistas y carentes de ética. Otro caso es el de Julio Ramón Ribeyro que en La tentación del fracaso, su diario personal, emplea calificativos durísimos para referirse a algunos escritores peruanos residentes en París en la década del setenta.

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Ahora bien, los textos de Sainte-Beuve, Vargas Llosa y Ribeyro eran una reacción frente a lo que ellos consideraban un diferendo: el francés estaba enamorado de Adèle, la esposa del autor de Los miserables;  Vargas Llosa se desquita de diversos escritores que se reclamaban de izquierda, pero que iban a pedirle recomendaciones para trabajar en universidades estadounidenses, es decir, en la Meca del capitalismo, y que finalmente terminaron atacándolo políticamente. Ribeyro reacciona sin escatimar calificativos frente a un grupo de poetas que por razones ideológicas, explica, boicoteaban sus iniciativas de actividades culturales por ser entonces funcionario nombrado por el régimen militar, y, como en el caso de Vargas Llosa, afirma que antes habían acudido a él para solicitarle una recomendación con vistas a un empleo.

Leonardo Aguirre, en cambio, no ha tenido diferendos ni con Clemente Palma, ni con Guillermo Thorndike, ni con Manuel Scorza, ni con ninguno —que yo sepa— de los autores que presenta en su libro. Y lo que en su libro se dice de ellos no lo dice Aguirre, sino que se vale de testimonios de otros, por medio de una exposición de frases citadas en cadena para dar una idea de continuidad, validez y coherencia a lo que se afirma sobre cada escritor. La autenticad de las afirmaciones recogidas están refrendadas por las fuentes de donde provienen dichas citas, por lo que hay un total de 1215 notas a pie de página que, por su extensión, en ocasiones obstruye la fluidez de la lectura. ¿Por qué o para qué ha publicado Aguirre este libro, cuya elaboración ha sido, sin duda, laboriosa? Son bastante conocidas las posturas racistas de Clemente Palma; la vida agitada y el homicidio que perpetró –y aquel del que fue víctima— José Santos Chocano; los líos editoriales de Manuel Scorza con algunos escritores que publicó en Populibros; la continuidad en un cargo diplomático de Ribeyro, ratificado por gobiernos de distinto color político e ideológico. En este sentido, Asociación ilícita no ofrece nada nuevo. Pero el libro adquiere mucho interés, o más bien mayor curiosidad, cuando se refiere a actores del mundillo literario actual, pues son muchos los citados: las actitudes ridículas o pueriles de los actores de la Lima literaria, los dimes  y diretes, los actos supuestamente iconoclastas de algunos poetas, las pesquisas sobre los administradores de los “blogs basura”, de moda hace algunos años en el Perú.

Asociación ilícita es de esos libros que se leen de un tirón, con abulia, pues como las golosinas, o las drogas, se desean más y más. Si Leonardo Aguirre ha buscado que su libro se venda y se hable de él, lo ha logrado con creces. Pero si ha buscado mostrarse como un desmitificador de figuras consagradas de la literatura peruana, no. Asociación ilícita no pasa de ser un panfleto bastante divertido, pero olvidable.

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