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La Mamá Grande de la Ciencia Ficción

Por: Joe Iljimae

Si hubiera que elegir una serie de novelas de Ciencia Ficción, habría que señalar de inmediato la trilogía Xenogenesis de la escritora afroamericana Octavia E. Butler. A pesar de cierta torpeza estilística y abuso del vicio narrativo (estamos hablando de una novela de más de mil páginas), Xenogenesis es una de las obras maestras del género que se encarga no solo de inquietar al lector y de transportarlo a senderos harto delirantes en la acción, sino también de llevar el horror humano a los límites del esperpento y lo alucinatorio.

Octavia E. Butler fue una extraordinaria narradora de relatos y novelas distópicas como bien lo deja en claro su dilogía mesiánica Libros de las Parábolas. De hecho, estos trabajos la hicieron ganar los premios Hugo y Nebula, amén de ser la primera escritora de Ciencia Ficción en recibir el título de Genius de la Fundación MacArthur. Lo curioso de todo esto es que la autora huyera regularmente de la fantasía post-apocalíptica a la que estaba acostumbrada para recular en la “realidad real” como férrea activista política y defensora de los temas raciales de su país.

Por improbable que pudiera parecer, Butler se describía a sí misma como una “cómoda ermitaña asocial en medio del pesimismo de Seatle (…), una feminista, una negra y, por último, baptista con una combinación imposible de ambición, pereza, inseguridad, certidumbre e impulso espontáneo” (Los Ángeles Times 1998).

Como en muchos de sus textos, veía la ficción como parte de la realidad y escribía pensando que el narrador verdaderamente completo era aquel que no olvida que aquella mentira que escribe es una realidad objetiva que funciona para entender las fantasías o inverosimilitudes del mundo en el que vivimos.

“Soy negra y marginal”, declaró en una de sus entrevistas. Nunca tan cierto. A pesar de su evidente genialidad, fue postergada de la cúpula del escalafón literario de la Ciencia Ficción y estuvo a la sombra de escritores como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Philip K. Dick y otros machos notablemente blancos. ¿Quizá por ser afroamericana? ¿Quizá por ser mujer? ¿Quizá por su recalcitrante activismo político? Tal vez por todas estas cosas juntas o, quién sabe, por otro tipo de especulación menor.

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Octavia E. Butler

El caso es que Butler ha dejado un puñado de relatos y novelas de gran mérito que tienen como leitmotiv el espectáculo post-apocalíptico del mundo. Así las cosas, el editor y crítico estadounidense, John Joseph Adams, la ha considerado como la autora del relato que abre su celebradísima antología de Ciencia Ficción titulada Paisajes del Apocalipsis (Valdemar 2012).

El sonido de las palabras es el relato con el que Butler hace gala de su maestría narrativa al momento de hacer acopio de la carga social y salvaje de un planeta que se cae literalmente a pedazos. El cuento narra la historia de Valerie Rye, una de las últimas sobrevivientes de un virus que ha erradicado el lenguaje de la tierra y que ha reducido a los seres humanos a comunicarse solo por medio de señas. En esta realidad, la afasia es considerada también un síntoma de muerte, locura o estupidez. Algunas personas (como en el caso de la misma Rye) incluso se han olvidado de leer y escribir, lo cual sirve de detonante para despertar el odio, la repulsión y la envidia hacia otros sobrevivientes que aún conservan esta cualidad.   

Para Butler, “un mundo sin lenguaje es un mundo sin vicios” pero también es un mundo sin esperanza. Y en este contexto, el único idioma que impera el universo de Valerie Rye es la violencia. En efecto, el relato muestra una carga de vehemencia y furor desde la primera página, ejemplificándose en la pelea masiva de sobrevivientes dentro de un bus y en las constantes caricias a las cachas de sus armas. Si algo todavía sabe Rye sobre sí misma es que está “siempre lista para disparar y volar cabezas”.           

En un mundo donde el único lenguaje común posible es el lenguaje corporal, ¿podrían sobrevivir las bases de un sistema político y moral? ¿Perdurarían los lazos filiales y sexuales? ¿Subsistiría la justicia y el “correctismo humano”? Para Rye lo único que existe en su realidad es un anhelo por el pasado, un odio por el presente y una creciente desesperanza y sinsentido por el futuro. ¿El futuro?

Como es común en los trabajos de Butler, El sonido de las palabras se entrampa en la condición salvaje del hombre, en su ambigüedad sexual, en su carácter político dentro de un mundo sin gobierno, en sus deseos por componer una comunidad, en sus ansias de poder, en su envidia, lascivia y demencia.  ¿Por qué la gente está dispuesta a destrozar aquello que le está negado tener?, se pregunta Rye al descubrir a los primeros seres parlantes del planeta. ¿La especie humana podría evolucionar lo suficiente si es que alguna vez dejara de utilizar un tipo u otro de puños?

El sonido de las palabras varía entre el pasado histórico, el presente dislocado y un futuro claramente asolado. Además, posee una elegante economía del lenguaje y una fuerza arrolladora que brota de cada uno de sus personajes. La perspectiva de la Ciencia Ficción en este relato es más que un bisturí que taja y descubre carne nueva, además, deja a cualquiera con el corazón en la boca. Sin duda, una pieza perfecta de la escritora afroamericana a la que sus espectros y mundos paralelos aún hacen vivir y la transforman en la Mamá Grande de la Ciencia Ficción de la literatura universal. Un pecado no leerla.    

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