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Testimonio de una adicción

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Ni bien vi el ejemplar de Nicotina (Alpha Decay, 2016) del escritor alemán Gregor Hens (Colonia, 1965), supe que me encontraba ante un libro que leería inmediatamente. Esta misma impresión, seguramente, la habrá tenido más de un lector con dependencia abierta por el tabaco. No hay que pensar mucho al respecto, a los fumadores ciertos libros nos significan luces epifánicas, suerte de puertas sobre la percepción adictiva. La lectura de estos libros son muestras tajantes de que los lectores que fumamos no estamos tan solos en la adicción, tal y como nos quieren hacer creer los no fumadores que exhiben una insoportable superioridad moral.

En las parcelas literarias el consumo del tabaco nos ha regalado títulos que atesoramos en nuestros altares de la experiencia formativa. No es para menos, para muchos escritores el fumar ha sido, es y será un acto tan importante como la escritura misma. Pese a que la dependencia del consumo de tabaco ha quedado manifestada en las imágenes que conocemos de grandes autores, esta adicción no ha propiciado tantas obras maestras como hubiésemos imaginado. Sin embargo, de lo poco que en materia literaria ha generado el tabaco como eje narrativo o tópico marginal, tenemos más de un ejemplo a conservar en la memoria. Pensemos en Lady Nicotina de J. M. Barrie, La conciencia de Zeno de Italo Svevo, los diarios de John Cheever, los artículos y ensayos de Mark Twain, las novelitas de Georges Simenon, Vivir para contarla de Gabriel García Márquez; también en el inolvidable Hans Castorp de La montaña mágica de Thomas Mann y, obviamente, en uno de mis cuentos favoritos de Julio Ramón Ribeyro, Solo para fumadores.

Como ya se indicó, el tabaco ha estado presente en el ejercicio de la escritura literaria desde su aparición, hace más de 400 años. Entonces, se deduce que escribir sobre la adicción a la nicotina podría resultar por demás estimulante, como también peligroso, puesto que nos enfrentaríamos a caminos ya recorridos que pueden garantizar opciones de abordaje, pero estas opciones no necesariamente nos llevarían a los terruños de la originalidad. Por ello, el problema no yace en qué escribir de la relación con la nicotina, sea esta de amor u odio, sino en la forma a emplear para que la empresa arribe a buen puerto.

Creemos que Hens tuvo presente estos estímulos y reparos antes de sentarse a trabajar su proyecto. Para ser el primer libro que leo de este escritor alemán, debo dejar por sentada mi aprobación. Hens no se vino con remilgos. ¿Qué escribir de lo que harto se ha escrito? ¿Cómo canalizar este proyecto? ¿De qué registro había que hacer uso?…

A primera impresión, estaríamos ante un libro que podríamos “encasillar” en la narrativa del yo. El entrecomillado no es gratuito, tratándose en principio del registro en el que Hens escribirá sobre su adicción a la nicotina, adicción que lo acompañó durante larguísimos tramos de su vida a partir de los seis años. Pero tampoco nos enfrentamos a un recuento vital, sino que asistimos a una cantera discursiva que se nutre del aliento ensayístico, confluencia que le permite al autor ingresar a una variedad de temas que nos ayudan a entender su adicción a la nicotina, como también a las salidas que buscó para librarse de ella.

No, querido lector. No estamos hablando de autoayuda. Este libro no peca de burdo. Hens se limita a contar su historia adictiva sin buscar la anuencia del lector. Hens reflexiona sobre el consumo y en esta cadena reflexiva sus referencias se conducen hacia una serie de asuntos temáticos que nos ponen en bandeja el esplendor de sus recursos intelectivos. Esta puesta en escena de sus recursos son a fin de cuentas lo mejor de la publicación, no así cuando, a manera de contrabando, intenta brindarnos ejemplos sobre la fuerza de voluntad que se requiere para dejar de fumar, aunque haríamos bien en indicar que los mismos no son menos que contundentes. Veamos uno: los tenistas que han entrenado toda una vida el saque con el brazo derecho, pero que de la noche a la mañana deciden hacerlo con el brazo izquierdo. No importa pues la intención del ejemplo, pero la descripción y reflexión que lo acompañan, bien lo vale en la irradiación que suscita.

Ojalá podamos leer más títulos de este autor alemán.

G. Ruiz Ortega

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