Rescate

Pedro Juan Gutiérrez, el otro Rey de La Habana

Por: Joe Iljimae

 

En cada tradición existe un puñado de marginales irredentos que a fuerza de talento e indisciplina violentan lo que la academia conoce alegremente como canon literario. En Cuba, Pedro Juan Gutiérrez pertenece a este clan de sublevados contra su propia tradición. Desde Trilogía sucia de La Habana (1998), Gutiérrez se aleja de manera vertical de la égida barroca y casi críptica de Lezama Lima y Alejo Carpentier, los faroles mayores, por decirlo así, de la literatura cubana. A diferencia de estos, Gutiérrez ensaya una prosa directa, precipitada, ajena de toda retórica, y, sin embargo, no exenta de lirismo. Su visión del mundo se vuelca a las miserias de su ciudad, a la cual enfunda en una gran miríada de imágenes escatológicas y subhumanas.

El rey de La Habana (1999) es su segundo libro publicado en España en el 2004, a cuenta de la editorial Anagrama. En esta novela, Gutiérrez continúa con el mismo ritmo narrativo que entroncó los relatos de Trilogía sucia…, y con el que más adelante seguiría utilizando para más de un título. En esta novela se narra las aventuras de Reynaldo, un rapaz isleño que sobrevive en medio del caos de una ciudad que se derrumba, literalmente, a pedazos.

Para Reynaldo lo único que importa en su universo es ser “durísimo” y “templar” como un rey. Estas dos marcas definen la novela, de principio a fin, pues en las leyes invisibles de La Habana o “templas[1]” o te mueres. O eres “duro” o te vas “pal´carajo”. No existen remilgos ni vestigios de amaneramiento. Y en este punto, se podría acusar a la novela de poseer un discurso machista. ¿Y qué? El machismo dentro del universo de Pedro Juan Gutiérrez es funcional con sus personajes, con su contexto, con su ficción. Desde luego, este machismo se desenvuelve y extiende a lo largo del libro, y, sin embargo, no se traduce en una apología o ensalzamiento de esta ideología, sino más bien, en un haz de realidad ficcional en pos de la verosimilitud de la novela.

erh

“No podía llorar ni ablandarse. Él era un hombre y los hombres no se pueden aflojar. Los hombres tienen que ser duros o morirse”, (37).

“-Deja eso, singao. Los hombres no limpian el piso.

-Cojones, Magda…no te hagas la señora.

-Déjame hacer esas cosas que para eso eres mi marido. Yo te quiero fumando o templando, pero no haciendo mariconadas”, (130). 

El rey de La Habana pertenece al género de la Bildungsroman o a la novela de iniciación. Su protagonista principal, Reynaldo, es una mezcla entre pícaro bonachón y delincuente barrial, eternamente acosado por el hambre y la muerte. En sus más de doscientas páginas el lector acompaña a “Rey” en su proceso de exploración del mundo. Un mundo atroz y sórdido, del que no quiere escapar, pues el “hambre y la locura es lo único que conoce desde el día en que nació”, y la abundancia y el confort lo importunan tanto como una llaga en el talón.        

Uno de los puntos más significativos del libro es la presencia absoluta del sexo como medio de supervivencia. Los personajes “jinetean[1]” cada vez que pueden para salir del hoyo o para introducirse más en él. Una felación o una exhibición de genitales pueden derivar en un plato de alubias, un buche de ron o un hueco para dormir. Pero también, el acto sexual, exento de todo erotismo, representa el humus putrefacto que nutre el salvajismo de los personajes para que huyan del amor y así puedan salvarse. Templar, lo diría Reynaldo, es la única manera de vivir.

Gutiérrez crea en Reynaldo el antípoda de todo niño bien. Rey es brutalmente inculto, odia los libros, ignora los ritos del catolicismo y la santería, rechaza el confort, se excita con los malos olores. Este último punto es uno de los logros más interesantes de la novela, pues perfila con éxito la psicología escatológica de Rey y transforma la lectura en una búsqueda de evocaciones sensoriales. Así, la peste (¿o el perfume?) de sobaco, mierda o descomposición enerva la virilidad de Reynaldo y lo lleva a realizar prodigios sexuales casi inverosímiles.

“Se olió las axilas. Estaba cochambroso, con olor a sudor y a suciedad. Le gustaba ese olor, le excitaba y le ponía la pinga dura. Le recordaba a su casa”, (32).

Se debe anotar también que el libro sufre de algunos fallos estilísticos en la misma narración. Algunas referencias son obviadas de manera brusca y gratuita (como, por ejemplo: los hijos de la vecinita jinetera. Al principio de la novela se menciona que esta tiene cinco “negritos” y luego estos desaparecen como por encanto. Ni por la desgracia que sucede con ella se los vuelve a aludir). Un par de excesos líricos y cambios inconscientes de tercera a primera persona. Repetición de frases y palabras que pierden su frescura por el abuso de su empleo, saltos temporales sin orden ni concierto, etc. Mínimos reproches que pueden olvidarse por la torrencial vitalidad que exuda el libro en su conjunto.

El rey de La Habana es, pues, una novela que no te deja respirar. La agilidad con la que está escrita, permite leerla de tirón. Además, es una clase maestra del ejercicio de la ironía y el humor. A pesar de la sordidez y abyección de cada página, la historia de Reynaldo, “El Rey de La Habana”, te saca carcajadas impulsadas por reflujos de mordacidad.

Cruda, procaz y signada por una fragilísima hebra de ternura, El rey de La Habana solventa con visceral energía el trabajo de Pedro Juan Gutiérrez, quien, desde su añosa azotea en Centro Habana, nos entrega este libro aniquilador.   

1. Templar: follar, tirar, cachar.

2. Jinetear: ejercer la prostitución.

 

 

 

 

 

Anuncios

Un pensamiento en “Pedro Juan Gutiérrez, el otro Rey de La Habana

  1. Pingback: Pedro Juan Gutiérrez, el otro Rey de La Habana | Los que saben le apuestan a la perra flaca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s