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“Iniciamos la aventura de Candaya para poder leer y compartir con los lectores algunos libros que nos enamoraron”

Para conocer de qué está hecho una editorial, hay que conocer su catálogo. En el catálogo de la editorial yace el verdadero discurso de las cabezas que la dirigen. Los hacedores pueden decir muchas cosas en calidad de editores, pero en los libros publicados descubrimos si lo dicho se relaciona con la verdad o la demagogia. En este sentido, la editorial española Candaya se ha impuesto en la legitimidad, en una férrea apuesta por la verdad de la experiencia literaria que depara la lectura y la intención de compartir con los lectores esa misma experiencia. Un breve repaso a lo que viene publicando desde su fundación nos brinda la certeza de que sus editores Olga Martínez y Paco Robles son grandes lectores que editan. Sobre Candaya y sobre la presencia de sus títulos en Lima de la editorial, conversé con Martínez.

 G. Ruiz Ortega

Los años han confirmado a Candaya como una importante editorial independiente en el imaginario de la literatura escrita en castellano. En este sentido, esta confirmación es también un reconocimiento obtenido de a pocos, teniendo en cuenta que en sus inicios apostaron por autores no muy conocidos, o digamos, no muy comerciales.

 Creamos Candaya tras el deslumbramiento que sentimos al leer a un poeta paraguayo y a un novelista venezolano: Elvio Romero y Ednodio Quintero. Los dos muy grandes y sin duda fundamentales en la literatura de sus  países.  Elvio Romero – cuya poesía despertó la admiración de escritores como Rafael Alberti, Pablo Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén, Gabriela Mistral o Miguel Ángel Asturias- es el poeta paraguayo más importante del siglo XX y no hay discusión tampoco sobre el lugar descollante, en el canon de la narrativa venezolana contemporánea, de la turbadora y bellísima obra de Ednodio Quintero.

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Olga Martínez

Percibo en tus palabras una especie de sensación de molestia…

 No podíamos entender que escritores de esa dimensión  no pudiesen ser leídos en España ni en otros países latinoamericanos. Y para tratar, en lo que estuviera a nuestro alcance, de reparar este despropósito y esta injusticia, nació Candaya, que tiene en la literatura latinoamericana su principal seña de identidad. Nunca hemos incorporado un autor a nuestro catálogo porque fuera más o menos comercial (aunque todos ellos pensamos que merecen y pueden encontrar muchos lectores), sino porque los creemos, por diferentes razones, necesarios. Y a veces pasan cosas sorprendentes y hermosas: Contra la vida quieta, la amplia y cuidada antología de la poesía de Elvio Romero con la que iniciamos Candaya Poesía, fue el regalo que hizo Fernando Lugo a los mandatarios de los países latinoamericanos que asistieron, en 2008, a su  toma de posesión de la presidencia de Paraguay.

Son varios autores los que se han consolidado con el paso de los años, pienso en Sergio Chejfec.

 En Candaya hemos publicado ya cuatro libros de Sergio Chejfec (Mis dos mundos, Baroni: un viaje, La experiencia dramática y Modo linterna) y nos sentimos muy orgullosos de haber contribuido al descubrimiento internacional de este grandísimo e inimitable escritor,  cuya obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués y hebreo, y cuyo radical proyecto literario ha sido uno de los que más han influido y estimulado en los últimos años al siempre fascinante y sorprendente Enrique Vila-Matas, que no por casualidad lo convirtió a Chejfec en personaje de su novela El aire de Dylan y en una de las presencias más destacada de su reflexión sobre los caminos cruzados de la novela contemporánea, que recoge en “Chet Baker piensa en su arte”. Fue una inesperada alegría leer estas palabras en la introducción al ensayo Sergio Chejfec. Trayectorias de una escritura: “Antes de la publicación de Mis dos mundos por la prestigiosa editorial Candaya y la subsecuente selección de dicha obra como “una de las dos novelas más relevantes de 2008” por la revista literaria Quimera, Sergio Chejfec era conocido casi exclusivamente por un grupo fiel pero reducido de estudiosos de la literatura argentina contemporánea. La merecida atención crítica internacional de la que fue objeto Mis dos mundos ha convertido a Chejfec en uno de los escritores latinoamericanos más estimados del panorama literario actual.”

Sin duda, la crisis española afecto un circuito tan noble como el de las ediciones de libros. En especial, resintió a los sellos independientes. Sin embargo, Candaya resistió y siguió publicando en su línea. Muchas veces, cuando las editoriales entran en crisis, estas “amplían” su línea editorial con el fin de ganar activos para poder subsistir.

 Hace unos meses compartimos mesa con dos editores independientes de proyectos muy diferentes (una editorial especializada en cuento, la otra en literatura policiaca), y nos pareció revelador aquello en lo que coincidían: “los autores latinoamericanos se los dejamos a Candaya”.  Somos conscientes que hemos elegido el camino más difícil: cuesta muchísimo visibilizar en España la obra de un escritor latinoamericano aquí desconocido. Aunque como en el caso de los citados Elvio Romero, Ednodio Quintero, Sergio Chejfec (del que la prestigiosa crítica Beatriz Sarlo llegó a decir  “Ni Aira ni Piglia, Sergio Chejfec”) o de Victoria de Stefano, Pepe Barroeta, Juan José Becerra sean autores muy prestigiosos en sus países de origen…  Resulta increíble que tras  Bolaño, Villoro o Saer, todavía exista el prejuicio –en los lectores, en los libreros, en la crítica- de que la narrativa latinoamericana está reñida con el pensamiento y poblada de mujeres que levitan o comen yeso.

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Claro, esa es una tara. Pero imagino que también debe ser difícil publicar autores españoles cuyas poéticas no vayan acorde con el discurso narrativo de ficción que exige el mercado.

 También es complicado y arriesgado apostar por nuevas voces de la literatura de nuestro país que asuman riesgos formales, se ensucien del fango del presente y se asomen a territorios resbaladizos y perturbadores del ser humano. Y todavía es mucho más difícil conseguir  que sus propuestas estéticas sean descubiertas en Latinoamérica. Sería el caso, por ejemplo, de dos autores muy elogiados en España, que acaban de llegar a Perú: Miguel Serrano Larraz (Autopsia) o Leonardo Cano (La edad media), cuyas novelas  definen muy bien uno de nuestros principios: la literatura debe complejizar la realidad, no simplificarla. Sólo así nos ayudará a entenderla y, ¿por qué no?, a transformarla.

Lo que he notado también, es que más allá del método de trabajo, como recibir manuscritos, leerlos y posiblemente editarlos, hay en Candaya un espíritu de búsqueda y rescate. En este segundo criterio, resultan goles de mediacancha publicar a Kobo Abe.

La literatura japonesa (otra de nuestras pasiones) es una pequeña y delicada grieta en Candaya, que esperamos que se vaya poco a poco ampliando: El mago. Trece cuentos japoneses de Ryunoske Akutagawa, que se convirtió pronto en un libro de culto y que vamos a reeditar en octubre, Idéntico al ser humano de Kobo Abe, un autor interesantísimo que se distancia del color local que caracteriza la tradición literaria          japonesa e incorpora a algunos de los grandes temas de la modernidad, como  el lenguaje de las matemáticas o la reflexión sobre la convivencia en  las ciudades impersonales y vertiginosas de nuestro tiempo. En octubre aparecerá La felicidad de las familias de Osamu Dazai, unos cuentos delicados e inquietantes que van a sorprender a todos.

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Y me queda esta certeza: antes que editores, son lectores. Lectores que editan.

 Desde luego, un mundo sin libros es un mundo inhabitable. Como os comentábamos, iniciamos la incierta aventura de Candaya para poder leer y compartir con los otros algunos libros que nos enamoraron. Un catálogo editorial tiene, en este sentido, algo de biografía, de biografía de gustos, de pasiones, de estremecimientos…

Siempre he pensado que Candaya ha formado lectores. Basta ver el catálogo, leer sus libros, para saber que el lector ocasional no se encuentra en su radar.

 Hace unos años un periodista definió Candaya como una “red de complicidades”. Y así es, en efecto: tenemos, en diferentes ciudades,  un grupo de lectores muy fiel que leen con entusiasmo todo lo que publicamos y que se han convertido, desde las redes y sus blogs (a veces también desde la prensa y las revistas literarias), en voceros de nuestros autores. A los más comprometidos los llamamos la “tribu Candaya”: nunca faltan a nuestros actos ni a las copas que siguen a la presentación de un libro, a veces nuestros escritores duermen en sus casas… Ojalá pronto la tribu Candaya se prolongue en Lima, en Arequipa, en  Cusco…

Es pues un reconocimiento…

 Creo que los lectores nos agradecen la honestidad y el riesgo: que en el peor de los escenarios posibles (la despiadada crisis económica que ha azotado nuestro país, los pocos resquicios que deja el llamado duopolio editorial, la alarmante mercantilización y banalización de la literatura que más se consume…) sigamos apostando por escritores españoles jóvenes y voces latinoamericanas desconocidas en España. A Candaya nos llega, como media, casi dos originales al día. Imposible leerlos y dar respuesta a todos. Pero algunos originales –9 ó 10 cada año, si las cosas van bien– pasan misteriosamente la criba y se convierten en libros. Y eso es profundamente satisfactorio: aunque en los márgenes y con letra pequeña, contribuimos a la construcción de una literatura: la nuestra, la de los casi 500 millones de hispanohablantes.

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Seguramente la línea de ensayo de la editorial es la que ha permitido reforzar la legitimidad conseguida. No hace falta hurgar mucho, de lejos, los ensayos y estudios sobre los escritores que conforman esta línea, aparte de brindar luces, forman las bases del nuevo canon de la literatura escrita en castellano. Es una línea tanto para especialistas y lectores entrenados que profundiza en la obra de sus autores favoritos.

 Estamos especialmente orgullosos de la colección Candaya Ensayo, que pretende ser una herramienta de lectura reflexiva y debate crítico sobre la obra de algunos autores que se están convirtiendo en nuestros clásicos contemporáneos: Bolaño, Piglia, Villoro entre los latinoamericanos; Vila-Matas y Marsé entre los españoles. Son libros que apuestan por el equilibrio entre la erudición académica y la condensación periodística, y que ofrecen, además, algo que nos parece que nunca se había hecho en el mundo editorial: en todos va incorporado un documental inédito, que quiere ser una puerta de acceso al universo más íntimo del escritor que reivindicamos. Nos gustó mucho lo que  Ricardo Piglia dijo sobre ellos: “Los libros de Candaya Ensayo estimulan la producción crítica y son como bibliotecas móviles, que permiten que el diálogo entre escritores y lectores continúe y se enriquezca.”

En esta línea de ensayo, tenemos también un título dedicado a Cees Nooteboom. Entonces, deducimos que esta línea abordará la obra de autores en otras lenguas.

 Nos gustaría mucho ir rescatando a otros clásicos contemporáneos de la literatura universal (hace tiempo que suenan insistentemente dos nombres: Claudio Magris y Haruki Murakami), pero son libros muy complejos de ejecución. Para que Universo Nooteboom fuese posible, Astrid Roig y Erik Haasnoot coordinaron los textos de 30 autores,  algunos escritos expresamente para el volumen, y otros muchos traducidos -del neerlandés, del inglés, del alemán, del francés- por ellos mismos. Y aún más complejo es el tema de la película. Para filmar Desvío Nooteboom (un espléndido documental de una hora de duración, cuyo eje es la conversación de Nooteboom con su amigo Alberto Manguel), Erik Haasnoot, -que también fue el director de Bolaño cercano– se convirtió durante dos años en la sombra de Cees Nooteboom, que le abre su casa de Amsterdam, de Menorca, que comparte con él sus viajes… Son libros imposibles de hacer sin el afecto y la complicidad –otra más-  del escritor.

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¿Y sobre la línea de poesía de la editorial?

 Nuestra ilusión es ir trazando, poco a poco, un atlas poético de todos los países latinoamericanos y de diferentes regiones de España, donde convivan diferentes acentos (literalmente, pues todos los libros van acompañados de un CD con la voz del autor) y también diferentes poéticas.

De esta línea, a Lima han llegado seis títulos.

 Los seis libros que podrán adquirirse en las librerías peruanas son una buena y selecta muestra de ello. Tres grandes obras de poetas venezolanos: Todos han muerto, la iluminada y desgarrada  poesía completa de José Barroeta, al que en su país conocen como el  Rimbaud venezolano; la amplia antología Las nadas y las noches de María Auxiliadora Álvarez, que recoge casi  treinta años de exigente  y personalísima creación poética de una de las grandes poetas contemporáneas de nuestra lengua, y Memoria errante de Cristina Falcón, donde  las palabras se desnudan y se hacen fuego para encarar el desarraigo de la emigración y la difícil reconstrucción de uno mismo. El tema del viaje  (“un viaje de de lo inmanente a lo trascendente, de acá hasta el mismísimo más allá”, en palabras de Carlos Germán Belli)     es también el eje de Aires de Ellicott City de Mario Campaña, Premio Nacional de Poesía de Ecuador. Otra propuesta estética muy diferente es la que el lector encontrará en Desplazamientos de  Pedro Serrano (director del prestigioso Periódico de Poesía de la UNAM), al que Carlos Monsiváis definió como un “un poeta de la inteligencia sensible o de la sensibilidad lúcida como se prefiera”. En la atrevida e inquietante poesía de Cuadernos del hábito oscuro, el escritor granadino Ernesto Pérez Zúñiga se adentra, en cambio, en la violencia y la desesperación de la ciudad moderna, en las imágenes y emociones que definen nuestro convulso tiempo.

¿Tienen planes de expansión, algo así como instalar sedes, filiales, fuera de España?

 Eso sería culminar lo que alguien definió como el “sueño de Candaya”: crear, desde la convicción de que en literatura la patria es la lengua, un espacio de confluencia y diálogo de la mejor y más innovadora literatura que se escribe en español a ambos lados del atlántico. El gran poeta venezolano Eugenio Montejo nos dijo una vez algo muy hermoso: “lo que diferencia a Candaya de otros editores es que ustedes además de publicar libros, conocen la geografía sentimental de sus autores”. Y si algo hemos aprendido en nuestros viajes literarios por América Latina (el de Perú está todavía pendiente) es que hay que recorrer cada  país, con calma y una inmensa maleta para llenarla de libros,  para conocer su tradición y su actualidad literaria. Ojalá seamos capaces de crear las sinergias necesarias para que Candaya tenga algún día una sede en Lima, y la poesía y narrativa peruana estén todavía más representadas en nuestro catálogo.

         

 

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