entrevistas/recomendaciones

Andrés Trapiello: “Siento que mis libros se han ido escribiendo solos”

a t 2

El reconocido español Andrés Trapiello es dueño de una obra que los lectores peruanos y no peruanos debemos comenzar a seguir con mucha atención. Narrador, poeta, ensayista, articulista, bloggero. También editor y traductor. Si tuviéramos que definirlo en la parcela de la escritura, y siendo ajenos a los cotos genéricos, haríamos bien en llamarlo sencillamente escritor. Como escritor, Trapiello ha forjado un proyecto sin parangón en la tradición literaria en castellano. Me refiero a Salón de pasos perdidos, que desde 1990 a la fecha consta de 19 volúmenes de diarios, diarios de más 300 páginas cada uno (algunos de 700 y 800 páginas), en los que Trapiello nos ha contado sobre la vida de los otros para explicarse la suya, diarios que le han permitido construir un prestigio entre sus lectores, que esperan con ansias cada nueva entrega de SPP como si fuera el último álbum de Paul McCartney. Hablamos también de un ensayista meticuloso, como lo podemos ver en su ya clásico Las armas y las letras. Además, ha sido el responsable de la adaptación de El Quijote al castellano actual.

G. Ruiz Ortega

La pregunta parece sencilla, pero nos ayudará también a entender su proyecto literario. ¿Recuerda el momento en que sintió el asombro que le despertó el registro del diario?

Más o menos: hacia 1978. De esos años son mis primeros diarios. Yo tenía veinticinco y había intentado escribir dos o tres novelas, de las que no pasaba de las primeras páginas. Recuerdo un poema de entonces que se titulaba precisamente “La novela”, en el que trataba de expresar toda mi fascinación por esa novela que te mantenía despierto toda la noche hasta la aurora, La cartuja de Parma, Guerra y paz, David Copperfield, Fortunata y Jacinta, El Gatopardo… en fin, las novelas que me gustaban y que aún me gustan. Las que yo quería escribir eran como esas, pero claro, yo no tenía ni el talento ni el instinto ni la técnica para hacer algo que se aproximara ni remotamente a los modelos. En realidad era incluso incapaz de terminar una novela corriente.

amisa narrativa contem.

Esa suerte de óbice lo llevó a escribir diarios…

Entonces pensé en los diarios. Recordé lo que decía Galdós precisamente en Fortunata: “Por dondequiera el hombre vaya, lleva consigo su novela.”  Es decir, cualquiera de nosotros tiene una novela, basta con saber contarla y para ello el consejo de Cervantes es muy bueno: “Lo que se sabe decir, se sabe decir”. Cualquiera puede, pues, escribir una novela. Y así es como empecé esos diarios: fueron la puerta falsa por la que yo entré en la novela. Unos libros que se escriben como diarios, que se publican cinco o diez años después de escritos, ya corregidos y ficcionados, y que muchos leen unas veces como diarios y otros como novela.

Gato encerrado es el primer volumen de su proyecto de diario El salón de pasos perdidos. ¿Pensó en una continuidad o el proyecto se fue consolidando en el trayecto?

Siempre pensé que de la misma manera que una sola fotografía no hace de alguien un fotógrafo, con un solo capítulo no se hace una novela. Y por esa razón fui publicando año por año, más o menos, esa novela en marcha, que debiera continuar mientras yo pueda escribir. El sentido que tiene toda obra de ficción está precisamente en este caso en la continuidad, en la cadencia, en la reiteración de temas, de situaciones, de personajes…

La vida como novela…

Hacer una novela de la vida, no de la mía sino de la de todos, pasa por contarla como si fuera la vida de otros, de cualquier personaje novelesco. De ahí mi empeño, también desde el principio, por borrar muchas de las huellas más evidentes, como es el nombre de los personajes, que aparecen en su mayor parte aludidos únicamente con una X y a veces con iniciales, que no siempre responden a nombres reales.

Aparte de diarista, también es poeta, narrador, ensayista y eventualmente articulista, del mismo modo editor.  Ha transitado muchos registros y en todos ellos ha recibido reconocimiento por su escritura literaria. Esta suerte de curiosidad literaria es lo que alimenta el registro del diario, si tenemos en cuenta que el formato de este se ajusta como un terreno libre, sin los cotos genéricos.

Alguien dijo una vez que quizás todo lo que he escrito, incluidas las novelas más tradicionales, podrían incluirse en los diarios, poemas, artículos, ensayos… todo como parte del mismo libro. Se podría leer de seguido, como una vida. Es posible. Eso mismo podría decirse de Unamuno, y también del unamuniano Borges, que escribieron toda la vida el mismo libro, con infinitas variaciones.

lasarmasylasletras

En el registro del diario se funden todas las miradas, pero creo que en este registro tiene un especial protagonismo el aliento poético, esa especie de comunión con la verdad cotidiana, o llamemos costumbre. Alguna vez le escuché decir que los “hombres somos animales de costumbres”.

La poesía está en el origen de casi todo (y digo casi por cortesía), acaso porque la vida es muy corta. La poesía es una manera de comprender el mundo, y todo aquello que nos constituye como personas. La poesía viene a ser como un relámpago, fugaz, pero de luz muy intensa. Mientras dura llegamos a ver hasta el último confín de las tinieblas. Luego todo se apaga y apenas recordamos cómo era la realidad, y esperamos un nuevo milagro, un nuevo relámpago. Por otro lado esa luz es compleja, y llena de significaciones, de modo que mientras vemos, vemos que la realidad no es sencilla ni  unidireccional.

La epifanía del poema…

Un poema te presenta las cosas en todas sus dimensiones, alto, ancho, largo, pero sobre todo, por dentro. Por eso creo que todos los escritores tienden a contar el mundo de una manera poética, incluso los que no han escrito un solo verso, como Tolstói o Galdós. La manera poética es siempre la que cuenta por dentro.

¿Es un experimentado explorador de las vidas ajenas?

Todos los escritores lo son o tratan de serlo. Para un novelista empezar por las vidas ajenas es el modo más natural para hablar de sí mismo. Como la claridad para el filósofo, que decía Ortega, es también como una cortesía.  Decía Stendhal: “cuando miento, me aburro”. Era una manera de decir: cuando hablo de mí mismo, me aburro. Porque uno tiende, sin querer acaso, a mentir, cuando habla de sí mismo. No conozco a nadie que mirándose en un espejo no trate de parecer más guapo. Por eso lo mejor es no mirarse en ninguno espejo, y pasear este a lo largo del camino, que decía también Stendhal.

Obviamente, si le preguntamos cómo se considera, respondería que escritor, o sea, no se ajusta a un género como sí muchos.

No sé muy bien cómo me considero, pero sí cómo me gustaría que me consideraran lo demás: un poeta, más o menos atento y más o menos paciente.

Uno de sus libros que goza de muchas ediciones es Las armas y las letras. Lo sabe mejor que yo, se ha escrito mucho de los años de La Guerra Civil Española. Pero lo que diferencia su libro de los otros es la objetividad al momento de no dejarse llevar por las preferencias políticas e ideológicas de los escritores que apoyaron al franquismo.

La Historia debería estar escrita sólo por hechos, y la Guerra Civil Española fue durante mucho el campo abonado para la propaganda política y la retórica, como bien vio en su momento Antonio Machado. Eso hizo que se llenara de lugares comunes. El primero de todos fue enormemente pernicioso y perverso para el conocimiento y valoración de los escritores que intervinieron en ella. Se dijo, y aún se oye, sobre todo en ámbitos más o menos académicos: “los escritores e intelectuales más importantes se pusieron del lado de la República”. Hoy sabemos que eso no es sólo algo matizable, sino una gran mentira que llevó a esto: los escritores que ganaron la guerra perdieron los manuales de literatura, y a muchos de los que la perdieron se les consideró grandes escritores sólo por haberla perdido. En Las armas y las letras lo que se propone en primer lugar es volver a leer a cada escritor y ver el valor de sus libros, con independencia de la trinchera en la que estuvieron.

quijote

Y cada reedición es casi otro libro, cada vez aparecen más luces sobre los escritores que tuvieron que optar por un determinado modelo político.

Porque como sucede con la propaganda, los interesados en la mentira han tratado, a medida que pasaban los años, de ocultarla mejor o disimularla, incluso tratando de convencernos de que dijeron otras cosas de las que dijeron entonces, y que las que hicieron las hicieron por otros motivos.

Por ejemplo.

Un solo ejemplo: una buena parte de los que la perdieron empezaron a decir que habían luchado por la democracia y la libertad, y por tanto, por la República, algo más que discutible: en la mayor parte de España la República democrática acabó al día siguiente de la sublevación militar, sustituida por miniestados totalitarios comunistas o en revoluciones anarquistas en los que se sacrificaron sin contemplaciones los tres principios que defendían los pocos y verdaderos demócratas: libertad, igualdad y solidaridad. Estos, como Chaves Nogales, José Castillejo, Clara Campoamor y tantos, tuvieron que huir de España, porque sus vidas corrían peligro. A otros, como a Azaña, el presidente de la República, se le arrinconó y se le privó de cualquier prerrogativa.

Detrás de la reescritura/traducción/adaptación al castellano al actual que llevó a cabo de El Quijote, somos testigos del Trapiello editor, ante todo. Estoy seguro que aceptó este reto sin pensarlo, siendo uno de los lectores que mejor ha leído este canónico libro de la literatura en castellano. Además, es autor también de Las vidas de Miguel de Cervantes y de una continuación del propio Quijote, en dos partes: Al morir don Quijote y El final de Sancho y otras suertes, que transcurre precisamente en Perú. Sin embargo, ¿lo pensó antes de aceptar esta reescritura/traducción/adaptación?

La biografía de Cervantes fue, en efecto, un encargo, pero ni la traducción ni las continuaciones lo fueron. La traducción me la impuse yo mismo, alguien debía devolver ese libro a los lectores. No digo arrebatárselo a los estudiosos y eruditos, pero sí devolverlo a la gente. He repetido muchas veces que a diferencia de cualquier francés o inglés que puede leer el Quijote en su lengua, en la que él mismo habla, se obligaba a los lectores españoles e hispanohablantes a leerlo en una lengua, el castellano del siglo XVII, que ya no hablamos y que a menudo ni siquiera entendemos o entendemos con dificultad cuando la leemos. Y eso he hecho, hacer que el Quijote sea el libro hablado que siempre fue. Si Sancho hubiera sabido leer, lo habría entendido perfectamente, pero si Don Quijote tuviera que leerlo hoy, tendría que hacerlo con miles de notas a pie de página. En cuanto a mis novelas quijotescas son sólo un homenaje a un libro que siempre me he resistido a terminar. Debería seguir escribiéndose hasta el infinito, para tener con él una lectura infinita.

No suelo hacer esta preguntar, pero últimamente la estoy haciendo con autores de obra prolífica: ¿cómo es su método de trabajo? Imagino que es un hombre ocupado pero sin agenda.

La verdad es que no sé muy bien cómo ha sucedido todo. Alguna vez me paro y miro hacia atrás, y siento que mis libros se han ido escribiendo solos. Me levanto temprano y dejo de escribir por la tarde, y así casi todos los días. Si un día me parece algo mejor lo que he hecho, tengo la sensación de que no es mío, sino que alguien me lo ha soplado al oído; en cambio cuando lo encuentro a medio conseguir, que es casi siempre, lo reconozco sólo como mío, me digo: esto sólo lo he podido hacer yo. Y eso hace que te levantes cada mañana con la esperanza de oír eso que no es tuyo ni de nadie, sino de todos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s