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“La caza espiritual”de Miluska Benavides

Por: Paul Forsyth

Para nadie es un secreto que hacer libros en el Perú es una aventura en exceso complicada y absurda (e irresponsable desde el punto de vista del intercambio mercantil). El camino de un libro, desde que surge en la consciencia del autor, por ramalazos de palabras, hasta que el lector lo fija con atención bajo sus pupilas, es un camino largo, accidentado e intenso, que pone a prueba la determinación del autor, los editores y, en último término, de los lectores y de cualquiera que se involucre en su gestación, difusión y lectura. Un camino a través del cual, a pesar de lo dicho, se fortalecen los vínculos de la comunidad en cuyo seno nace y circula dicho libro. Tratado como un regalo, cada libro es una pequeña cornucopia de experiencias que se encadenan como una secuencia de adn en crecimiento, que se alimenta ad infinitum de todos aquellos que, por una razón u otra, se encuentran en su rango de expansión y son tocados por él. En Celacanto creemos que la lectura debería expandirse en el Perú siguiendo la lógica del virus, del contagio enfermizo, y llegar de este modo a los rincones más extraños de nuestra comunidad, como un dulce veneno lleno de pensamiento crítico e imaginación, con la esperanza de colaborar con nuestra propia liberación como comunidad de lectores y hermanos.

Debido a la creciente sensación (y, desgraciadamente, palpable e impajaritable experiencia) de que, tal como están las cosas, en el Perú, los escritores y los lectores se encuentran siempre en la orilla opuesta, separados por un torrentoso río hecho de la terrible apatía de editoriales y editores fraudulentos, de medios de comunicación en extremo argolleros y de críticos que al parecer no saben leer, y donde todos (con excepción de escritores y lectores, por alguna extraña razón) se ven beneficiados, debido a esta situación, creemos que más que nunca es necesario juntar a unos con otros y hacerlos mirarse nuevamente a los ojos, en vivo y en directo.

Los escritores tienen esta responsabilidad con los lectores: contribuir con la descomposición de lo que somos e imaginar lo que no somos y podemos y queremos ser. Y los lectores tienen esta responsabilidad con los escritores: exigir, a gritos, respeto, es decir, lo máximo y lo mejor de ellos. Y en esta línea, deben saber pedir: honestidad, humildad y libertad creativa, aunque ilusoria. Pensamiento crítico. Complicidad. Imaginación. Emoción. Vuelo, finalmente, vuelo. Es decir, un compromiso verdadero con el lenguaje, de modo que la capacidad de nuestra comunidad para reinventarse y reinventar el lugar donde todos sin excepción somos lo común, sea una experiencia igualmente verdadera.

Ahora bien, desde el punto de vista del dinero, para muchos en el Perú, un libro regalado carece de valor intrínseco. Nada más falso y pedestre. Nada más escaso de visión. Eso equivale a no ver el libro, sino a medirlo por sus cualidades mercantiles, algo que es a todas luces un acto fútil, innecesario, estúpido. El objetivo de regalar un libro es revelar y elevar a nuestra clara consciencia su verdadera riqueza, aquella que no puede ser medida y es fundamento de su propia existencia.

Regalar un libro es consecuencia directa de haber aprehendido dicha riqueza y de habernos dado cuenta que esa es la forma apropiada de ponerlo en circulación, ese el camino: regalarlo es asignarle el valor que le corresponde, lo cual es siempre arriesgado, sobre todo en el Perú, tierra de despavoridas e ignorantes gentes con muy poca tolerancia a la lectura, donde casi nadie lee y menos gente aún compra libros. Donde, en casi todos los casos, escritor y lector son extraños, hermanos olvidados, irreconocibles pero consanguíneos. Tomando todo esto en consideración, Celacanto quiere contribuir al fortalecimiento de nuestra comunidad a través de regalar libros que son, de por sí, un regalo artístico. ¿Y qué mejor regalo que un libro? ¿Qué mejor regalo que un aparato infinito de palabras, si la lectura es una experiencia continua y todo libro se reinventa ante nosotros con el paso del tiempo y, por lo mismo, supone una reserva inacabable de experiencias, empaquetadas con amor? ¿Qué mejor regalo para los lectores que lo mejor de los escritores, desprovisto del desagradable y falso aparato comercial?

Todo principio monolítico es un engaño. Y muchos narradores viven engañados por la esperanza de comercializar sus libros en el Perú y creen que ese es el “justo” reconocimiento a su trabajo, sin siquiera considerar que este es un medio que premia la mediocridad y donde el valor de venta y la cantidad de la misma son, en último término, “señal” de su valor, incapaces de ver cómo, en el fondo, están siendo domesticados por sus propios prejuicios, si al final no son capaces de llegar al lector, fundamento primordial de todo libro. Pero el Perú necesita más libros. Y nunca serán los suficientes.

Podemos decir que La caza espiritual, de Miluska Benavides, es un cuchillo forjado en las más altas temperaturas creativas y está hecho del metal más frío y punzante. Y no solo por ser narrativa de regalo (y me animo a decir que a ningún narrador acá se le ha ocurrido empezar por este lado del camino), sino por tratarse de un exigente reto hecho regalo: la invitación a repensar cómo valorar nuestra actividad creativa. Pues, en efecto, en una época en la cual la autoficción es el chiquero predilecto de la afectación melodramática peruana, un hediondo calzoncillo de uso común, y encima un “éxito” de ventas, la ficción, pura y dura, que nos regala Miluska Benavides tiene mucho más asidero en la realidad y una mayor capacidad para penetrar en los tejidos de nuestra silvestre comunidad, a través de un estilo rico en imágenes, cadencia, pensamiento crítico, honestidad y humildad literaria, complicidad, imaginación, emoción, vuelo, mucho vuelo, y harta, pero harta rabia. Confío en que el atento lector sabrá encontrar la enorme riqueza que este valioso regalo comporta. Solo resta decir que en Celacanto nos sentimos orgullosos de abrir esta tan experimental colección de narrativa con La caza espiritual, y queremos agradecer de antemano a todos quienes participaron en su concepción y participan hoy de su lectura y difusión: los lectores.

Texto de presentación leído el sábado 11 de junio en la librería El Virrey de Lima.

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