recomendaciones

Para fetichistas

Si hay un escritor que ha generado más de un fetichista, ese es David Foster Wallace. Y no lo ha generado a razón de su muerte, ocurrida el 12 de setiembre del 2008. Más bien, desde mucho antes DFW ya era un escritor no solo reconocido por la crítica, sino también una especie imán temático para personas a las que no necesariamente les tenía que interesar la literatura y el mundo literario.

La obra de DFW comunica y se instaura en legitimidad por sí sola. Pero una obra sólida muchas veces demora en quedar en el imaginario cultural, aunque sea como una vaga referencia. Entonces, ¿qué fue lo que hizo que la figura de este escritor creciera tanto entre el público interesado, y el que no, en la literatura? Esta inquietud no solo la llevamos a los lectores gringos, sino también hacia los del mundo entero. Había pues varios factores que llamaban la atención tanto de su figura y poética. Estos factores eran un crisol de referencias, no necesariamente literarias, sino que abordaban distintas disciplinas que tenían un fin común: la condición del hombre en el mundo de entre siglos. Nuestro autor dio en el clavo en sus libros. Filosofó por medio de la literatura, haciendo uso de recursos no necesariamente ligados a la ficción, como los registros de la crónica y del reportaje.

dfw

Si hablamos de DWF escritor, haríamos bien en calificarlo como una máquina de escribir/pensar/reflexionar. La abundancia, el placer de la palabra en el texto (en más de una ocasión declaró que escribía a mano en lapiceros de color azul de tinta líquida, las palabras corrían sobre la superficie de hojas amarillas, porque, sencillamente, le gustaba el seseo de la escritura sobre el papel), un placer erótico que le permitía plasmar todo lo que sabía, y a su manera, sin preocuparse por el lector medio, indagando en el detalle tras la explosión sensorial e intelectiva. Con La broma infinita se adelantó a los tópicos mayores del pensamiento de finales del siglo pasado, como el consumo, la soledad y la falta de plenitud existencial. Pero no solo hablamos de la obra, compuesta por títulos, todos mayores y con garantía de perdurabilidad, pero a la vez opacados por esta novela de más de mil páginas, también hablamos del personaje porque nuestro escritor fue precisamente todo un personaje. Podría parecer un dato menor, hasta frívolo, según se vea. Para empezar, su imagen distaba de la del escritor convencional, más parecía un atleta (pudo ser tenista profesional, según confesión propia), su físico obedecía al de alguien que destacó en los deportes desde niño; su vestimenta era cuasi campestre, ajena a las modas; y el detalle más conocido, el uso de la pañoleta o bandana, que tantas leyendas generó, sea en los estudiosos de su obra como en los meros interesados en su imagen; a lo dicho consignemos lo peor: sus severos cuadros de depresión, que con los años se convirtió en el tema recurrente para entender su nervio narrativo premunido de una diabólica ansiedad.

Hoy por hoy no tenemos dudas de que DFW es: la figura intelectual y creativa de mayor resonancia en el mundo de los últimos treinta años. DFW no solo nos sigue hablando desde su obra, sino también de cómo lo veían los demás, los “otros” de los que rehuía pero que a la vez inspiró.

Sobre DFW se viene escribiendo y publicando, sean memorias, ensayos, estudios y biografías, y el cine no ha sido ajeno a su influencia, tal y como lo constatamos en The End of The Tour (2015) de James Ponsoldt. Esta película está basada en las memorias del periodista de Rolling Stone David Lipsky, Although Of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip With David Foster Wallace.  

Lipsky tuvo la oportunidad de acompañar al escritor en los últimos días de su gira promocional que en 1997 hizo a cuenta de La broma infinita. Entonces, haciendo memoria, estamos ante un testimonio privilegiado sobre un Wallace antes de convertirse en Wallace, en David Foster Wallace.

La película dista de ser una obra maestra, quizá hubiéramos preferido a otro actor en el papel del escritor, pero lo que nos debe importar, es que sí es una muy buena película sobre una de las plumas icónicas que aún sigue forjando aquello que pocos escritores forjan: la transmisión de una sensibilidad con la más de uno se identifica.

Y, para los fetichistas de David, la película completa con subtítulos en español, aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s