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Jueves 5: Presentación de “Los niños muertos” de Richard Parra

Una de las novelas de autor peruano que viene obteniendo críticas positivas tanto en Perú y en el extranjero, es, sin duda, Los niños muertos (Demipage, 2015) de Richard Parra.

Novela calificada de violenta, que ofrece un recorrido por los senderos más aciagos de nuestra historia última a través de lo que le viene sucediendo al niño Daniel y su familia. Novela en donde el protagonista pierde su inocencia mientras que observa cómo el mundo de los adultos se destruye en el mismo maltrato de la cotidianidad.

Los niños muertos se yergue como una de las novelas más contundentes de la narrativa peruana y latinoamericana de los últimos años. Con esta publicación, Parra, deja de ser una promesa para convertirse en una realidad, en un escritor de raza y nervio que ha venido ganando en legitimidad en el ejercicio de la escritura.

Este jueves 5, a las 7 de la noche, llevaremos a cabo la presentación oficial de este libro en nuestra librería, con los escritores Fernando Toledo, Martín Roldán Ruiz y Gabriel Ruiz Ortega.

De LNM, se ha dicho:

“La trama de Los niños muertos se mueve hacia atrás y hacia delante hasta alcanzar el clímax de su inexorable final: un final que no hace trampas y no funciona como golpe de efecto porque desde el principio el lector, aunque se niegue a creerlo, sabe que la historia no puede tener otro desenlace. Parra juega con nuestros anhelos más naifs igual que lo hizo García Márquez en Crónica de una muerte anunciada, poniendo en evidencia el deseo de que la literatura —y de refilón la realidad— acabe bien, mientras el inexorable mecanismo de las narraciones verosímiles destruye, como bola de una máquina de demolición, nuestras esperanzas más imbéciles. La exigencia política e histórica de Parra camina en paralelo a su exigencia literaria. La cita con la que se abre el libro está sacada de las Memorias del subsuelo, de Dostoievski: “Somos criaturas muertas al nacer y hace tiempo que nacemos de padres no vivos: y eso nos gusta cada vez más”. La historia, los estratos de tierra, los fantasmas, los muertos en vida, los de abajo… Ninguna corrupción es mágica. La pobreza engendra debilidad y una forma de violencia que no se encamina en una dirección transformadora. En Los niños muertos Parra es un escritor sensible, certero y valiente.”

Marta Sanz

LNM es también una radiografía de la poética de Parra. Una poética que supo ser honesta y coherente consigo misma, que resistió desde su inicio y que ahora brinda frutos que agradecemos los lectores de buenas ficciones.  Necesitamos más narradores como Parra, no necesariamente para que se escriba de violencia, sino para que se escriba del tema que sea, en el registro que se ajuste a la voz del autor, pero eso sí, con sangre, venas y nervio.”

Gabriel Ruiz Ortega

Los niños muertos sucede en dos tiempos y dos mundos distintos, en un juego de contrapunto que sirve para alumbrar el discurrir histórico que arrastra a quienes han de sobrevivir en los márgenes, en la pura miseria o a un paso de ella, en los trabajos precarios, en la incertidumbre y el desamparo frente a la violencia. Una barriada de viviendas ilegales junto a un vertedero, en las afueras de Lima, hacia los años ochenta; un pueblo serrano del interior del Perú, una generación antes. Entre un lugar y otro, una época y otra, los hijos y nietos de quienes malvivían trabajando en la agricultura, cultivando un poco de tierra o sometidos al poder feudal de los hacendados, intentan abrirse camino desde los descampados y los basureros de la capital. En la conciencia alerta del lector se van ordenando los hilos de la trama. Parra sabe manejar la concisión al servicio de la abundancia: su novela está poblada de personajes y de voces, cada personaje, hasta los más pasajeros, perfilado con exactitud de dibujo rápido, con un nombre y una historia resumida a veces en una o dos líneas, con el respeto hacia los seres humanos que forma parte de la mejor tradición de la novela; y cada voz del todo individual, captada con un oído que es inseparable de la intuición poética.”

Antonio Muñoz Molina

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