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Lucio Aquilanti: “Con Cortázar yo tuve un amigo”

Conversar de nuestros autores favoritos no es más que un placer inagotable. Es muchas veces un regreso a la fuerza del primer amor por la lectura que nos despierta precisamente ese autor favorito. Para no pocos lectores, un autor favorito recurrente es Julio Cortázar, hacedor no solo de lectores, sino también de escritores que han visto en su obra más que una inspuración. No es para menos, a saber, no podemos explicar o entender la narrativa latinoamericana del siglo pasado sin la poética de Cortázar, si es que hablamos de cuestiones literarias. Sin embargo, a la fecha, tanto su figura de como su obra se han convertido en canteras de justificación, que van más allá de la experiencia estética y creativa, siendo para muchísimos como una extensión de la vida misma.

Semanas atrás tuvimos en el auditorio de nuestra librería la presencia del librero y literato argentino Lucio Aquilanti, que es también uno de los mayores coleccionistas en el mundo de la obra de su renombrado compatriota, publicando con Federico Barea Todo Cortázar. Bio – bibliografía ( 2014). Aquilanti derrochó conocimiento y pasión por la obra de Cortázar y sobre esta pasión literaria y vital es que conversamos con él.

En la charla que ofreciste en Lima hace unas semanas, dijiste que para ti Cortázar es el amigo íntimo.

 Es cierto. Eso es lo que siento. Y no me creo excluido de la mayoría de quienes lo han leído. Cortázar, en su poema al “Ché” dice: “Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía. Lo quise a mi modo, le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra”. Pues, con Cortázar, yo tuve un amigo. No nos vimos nunca pero eso no importa.

 Eres librero, de los libreros que leen. ¿Cómo comienzas esta aventura de la lectura, teniendo en cuenta que ese amigo íntimo era también un gran lector?

En la niñez o en juventud temprana, el primer encuentro con la lectura suele ser de deslumbramiento. Así como me enamoraba irremediablemente de mis compañeras de colegio, también lo hacía con los autores que me emocionaban. Aunque crecí en una casa llena de libros, no era yo un lector tan consecuente como mis padres y hermanos. Prefería jugar -entendiendo con ello que el contacto con libros no era jugar- cosa que cambiaría de modo radical más adelante. De chico leía libros de aventuras: Verne, Salgari, y más tarde a Tolkien, pero ya en la adolescencia comencé a leer filosofía sin ninguna tutela y eso me confundió mucho.

Por ejemplo.

Nietzsche se convirtió en un montón de frases sueltas que me hicieron bastante daño.

Y la literatura te rescató.

Gracias al cielo luego descubrí la literatura y Cortázar fue el embrujo, la magia en la cotidianidad, el misterio y la belleza. Esas lecturas fueron mucho más eficientes en mi formación que tantas lecturas mal hechas de la filosofía. Así comencé a leer literatura latinoamericana. Los primeros libros de Vargas Llosa y los cuentos y ensayos de Borges, me fascinaron. Pero leer a Cortázar fue lo que me deslumbró, a los catorce años.

Para no pocos debe haber mucha locura para dedicar veintisiete años de una vida a coleccionar la obra de su escritor favorito.

Parafraseando al bueno de Juan: Quién esté libre de locura, que arroje la primera cordura. Sin duda hay que estar un poco loco para dedicar veintisiete años a coleccionar a un autor. Y no es el único autor que colecciono. Pero lo importante es qué se hace con eso, con esa locura, con esa pasión. Creo que el coleccionismo debe ser algo positivo. Por ejemplo, si no fuera por los coleccionistas que han existido a lo largo de la historia, casi no existirían museos. El coleccionismo lleva implícita la conservación del patrimonio, y en ello radica su virtud. Pero además, debe estar -siempre- ligado al placer personal. Una colección bien entendida, debe tener un norte, ser homogénea, y en lo posible debe aportar algo. Por ejemplo, mi colección culminó en la confección y edición de una bibliografía monumental que es hoy una gran herramienta para los estudiosos de la obra cortazariana. Además, hoy se encuentra comodísima en los anaqueles del Tesoro de la Biblioteca Nacional Argentina, al alcance de mis compatriotas y de cualquier estudioso del mundo que quiera consultarla.

¿Cómo tomas el hecho de que en estos últimos años se pretenda bajonear la obra de Cortázar?

Sí, en muchas ocasiones se ha hablado mal de Cortázar. No creo que eso sea algo malo. Peor es que no se hubiera hablado nunca de él, como ha pasado con millones de autores. Por ejemplo, en una carta de 1966 a su editor, Paco Porrúa, Cortázar le comenta que “el pibe Ernesto” [por Sábato] habló mal sobre su obra y dice: Es divertido pensar que estos puntos se exasperan porque no les queda más remedio que boxear con la sombra, con alguien que no les contesta y de cuando en cuando les larga un librito con paracaídas. Pero estoy gastando demasiado la cinta de máquina con cosas que no valen ni la mención”.

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¿Crees que el viaje que hizo a Cuba resintió su poética?

 No, en absoluto. Yo creo que la poética de Cortázar alcanza esplendor únicamente en su prosa. Y esa poética la mantuvo a lo largo de toda su vida. Lo que sí creo, es que en su  etapa más comprometida con la política, él se aleja un poco de la ficción y con ellos, de la poesía, claro. Entre 1967 y el día  de su  muerte en 1984, son muy pocos los libros de ficción que publica: Octaedro, Alguien que anda por ahí, Un tal Lucas, Deshoras y Libro de Manuel y no recuerdo ningún otro.

Pienso en ese lugar común: sus novelas no, sus cuentos sí. En lo personal, uno lee las novelas actuales y puede detectar ecos de Rayuela.

En mi muy humilde opinión, Julio Cortázar no sólo es el grandísimo cuentista que es, sino también autor de novelas enormes e inolvidables, sólo comparables en América Latina con las de Rulfo, Vargas Llosa, Fuentes, Carpentier, Di Benedetto, o Roa Bastos, y su literatura perdura y como bien decís, se oyen sus ecos en la literatura contemporánea.

Resulta natural que haya sido presa de los mitos.

Es normal que los grandes artistas sean carne para mitos y leyendas. (Paul McCartney murió en 1969 y su doble sigue llenando estadios. Salieri era enemigo de Mozart). A Cortázar también le han endilgado amantes, vicios y enfermedades y no ha faltado quien dijo que murió de Sida (cosa que, además de falsa, es irrelevante).

Otro de los mitos es el que señala que abrazó el nazismo.

Cortázar no estuvo cerca del nazismo, no. Ese es otro mito. A algún biógrafo “ocurrente” ha dicho eso. Sucede que en su más temprana juventud, estuvo ligado por intereses intelectuales y afectivos a personas simpatizantes del nacionalsocialismo. Me refiero a la década del `30. Pero eso no transforma a nadie en nazi y menos en antisemita, por supuesto.

bibliografía cortázar

¿Y qué sentiste cuando conseguiste la primera edición de Rayuela?

 Conseguir la primera edición de Rayuela, fue de algún modo tocar el cielo. Comencé este juego de coleccionar la obra de Cortázar con ambos pies en la tierra -como es debido- convencido de que con paso firme -aunque saltando en un pie- llegaría hasta el cielo de la rayuela. No fue así. Y si así hubiera sido, si tan fácilmente hubiera llegado a la última casilla, hubiese descubierto que el juego era aburrido. Supongo que si un pescador tuviera éxito en cada salida de pesca, perdería el vértigo de atrapar un pez. Y la rayuela es un juego de imprevistos y nunca se sabe si el tejo caerá donde uno quiere debido a las irregularidades de la vereda, de la casilla 2 o la casilla 3 de la vida, ni se sabe si el saltito practicado tendrá la suficiente precisión para no pisar la línea de tiza. Eso es la rayuela, el juego entre la inseguridad de la tierra, de la vida, para ir andando a los saltos hasta llegar al cielo, la seguridad.

Como señalas, esto del coleccionismo requiere de paciencia.

Muchos turnos perdí hasta lograr una secuencia correcta y finalmente alcanzar el cielo, mi ejemplar de Rayuela, que andaba huerfanito por ahí y que hoy se siente tan a gusto entre mis libros. Como suele ocurrir durante la lectura de una novela, Rayuela había sido mi mundo paralelo durante semanas y semanas de mi adolescencia. Cuando conseguí un ejemplar de la primera edición, no pude dejar de pensar por manos de cuántos jóvenes como yo había pasado, cuántos habían devorado sus páginas ávidos de reconocerse en ellas, deseosos de encontrar su propia Maga, saltando entre París y Buenos Aires, encontrando a Talita en los bares o en una compañera de facultad, caminando hasta perderse sumergidos en ese mundo análogo y lleno de magia, saboreando la propia ciudad como nunca lo habían hecho hasta ese momento. Así me senté a releer esta novela magnífica, con el perfume de la juventud flotando entre el papel y yo, poniendo en la Maga, la cara de viejas Magas del pasado. Una obra literaria no cambia con el tiempo pero, leerla en un libro viejo, es siempre mejor.

¿Cuánto tiempo te ha demandado la hechura de tu libro Todo Cortázar. Bio-Bliografía?

La confección del libro Todo Cortázar. Bio-bibliografía demandó aproximadamente cuatro años, restando larguísimas horas al sueño, a los afectos, y a otras actividades tan bellas como la investigación y en algunos casos, más lucrativas, por cierto. Pero afortunadamente conté con mi amigo el investigador Federico Barea, coautor de esta aventura, sin quien este proyecto no hubiera llegado a término en forma tan acabada. Este libro significó una gran experiencia para ambos aunque implicó mucho sacrificio y varios litros de ron guatemalteco, combustible imprescindible que nos obsequiaba  generosamente Margarita, mi esposa.

G. Ruiz Ortega

 

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