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Carlos Araníbar (1928-2016)

aranibar

Nos enteramos de una triste noticia para la cultura peruana: en la tarde de ayer lunes 21 falleció Carlos Araníbar.

Es cierto que era uno de nuestros más grandes historiadores, pero también era una figura intelectual dueña de un conocimiento, por decir algo mínimo, oceánico. No es para menos, basta echar un vistazo a las declaraciones de nuestros escritores y pensadores referentes para saber que su alcance no solo se encontraba en los terrenos de la historia, sino también en las parcelas de la filosofía, la literatura y la música.

Se suele decir que toda generación de creadores y artistas tienen un faro-guía. Pues bien, Araníbar fue ese faro-guía en más de tres generaciones, pero uno silencioso que rehuía de las inevitables comidillas del circuito cultural. Bien podríamos llamarlo el “Maestro oculto”. Y vaya que lo era.

Ensayos fue uno de sus últimos libros. Veamos lo que dice el narrador Miguel Gutiérrez de Araníbar en el prólogo:

“No sé exactamente en qué año Araníbar dejó de acudir al Palermo, pero cuando a mi vez me hice palermista, crecía en torno a él la leyenda, según la cual, debido a su creciente aislamiento, se estaba transformando en una suerte de Harry Haller, el nocturno personaje de la famosa novela de Herman Hesse, El lobo estepario, muy leída por la gente del 50. Porque a su abandono de la vida bohemia (como bohemio amó las noches y la música en el Negro Negro y cuántas veces desde la terraza del bar Zela vio venir el turbio amanecer limeño), a este abandono, decíamos, siguió su retiro paulatino de toda vida intelectual, hasta llegar a una casi ruptura con el mundo cultural y social de Lima cuando se jubiló como catedrático de historia de la universidad de San Marcos. Así, amparado por el mundo familiar, Araníbar eligió las horas de la noche –de la noche absoluta- para proseguir con sus investigaciones históricas y explorar nuevas áreas del conocimiento humano. Sin embargo, pese a defender tenazmente la forma de vida que ha ido construyendo, Carlos Araníbar (lo he comprobado yo mismo), no es un hombre inaccesible y de tiempo en tiempo recibe la visita de alumnos, antiguos discípulos, colegas o visitantes extranjeros que acuden a su domicilio para hacerle alguna consulta, para recibir alguna opinión sobre algún proyecto de investigación o simplemente para disfrutar de su inmenso saber. Y entonces él, Carlos, sin vanidades, limpio de envidias y amarguras los recibe fraternal y generoso como el auténtico Maestro que es.”

Imagen del autor, de aquí

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