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Paulo César Peña: “Me había planteado escribir el libro para que resultara atractivo para cualquiera que estuviera interesado en Eielson”

Paulo César Peña

1945: Jorge Eduardo Eielson. Vida y canción en Lima (Paracaídas, 2015) es un atractivo y sugerente libro que nos permite conocer más a una de las voces más relevantes de la historia de la poesía peruana. Sobre esta publicación, conversamos con el autor, el poeta y ensayista Paulo César Peña.

1945 no solo es un año importante para Eielson, sino que una mirada calmada a la tradición poética peruana, lo señala como clave para la misma.

Es un tiempo de tránsito. Hay más de un “bando” en la literatura. Hay poetas “indigenistas”, “sociales”, “puros”. Todavía se lee y admira a Chocano. Aunque Vallejo ya ha asomado para muchos. El primer premio de poesía lo gana Urpi, de Mario Florián, en 1944. El siguiente es Reinos, de Eielson. Dos vertientes distintas, pero igual de reconocidas. Y en 1946, para completar el cuadro, lo gana Martín Adán con Travesía de extramares. A su vez, es uno de los últimos periodos en los que la literatura, concentrada exclusivamente en Lima, es aún un tema, una cuestión, relevante hasta cierto grado, para la opinión pública, para la sociedad. Tenía un lugar preponderante en la prensa.

¿Y la escena literaria?

Situación que, sin embargo, contrastaba con la ausencia de una sólida escena literaria. Había algunas librerías, pero no muchas editoriales. Era muy difícil publicar. Y por todo esto existía el premio. Y es en ese contexto donde la figura de Eielson arremete con impresionante vigor. Situarlo en su época, y conocer más detalles al respecto, permite que midamos con precisión el legado de su obra. Pero otra razón que me llevó a decidirme por centrarme solo en 1945 es que en ese año también ocurrieron eventos fundamentales en otras áreas, como en la arquitectura, la música o la pintura. Eventos que coinciden en un ímpetu por refundar la tradición local. Aparte, es un año electoral. Hay mucho suspenso. La democracia peruana está en una situación muy precaria. Y por último, acaba de terminar la Segunda Guerra. Las bombas atómicas ya exhibieron su fuerza. El planeta entero tiembla. Es un año bisagra, en muchos niveles. ¿Cómo no concentrarse tan solo en 1945?

¿Por qué la ciudad de Lima era ajena en su poética?

Él siempre dijo que se quedó deslumbrado con la Europa descrita en la literatura, la de la mitología clásica, la de los cantares de gesta. A eso hay que sumarle que la terrible coyuntura de Europa —asolada por la guerra— también la leerá, aunque a través de otra forma de literatura: la prensa. Por eso también describió a su poesía de esos años como “una suerte de elegía a la Europa moderna”. Entonces, su conexión era con un paisaje distinto por completo al suyo. No con Lima. Y dicha conexión estaba amparada en un conocimiento letrado, antes que en uno experiencial. De allí que en su poesía se apropie de los escenarios y los personajes de sus lecturas de Europa. Esta sería la explicación inicial.

Asume a la ciudad desde otro punto.

Sin embargo, también hay que tener presente que cuando representa a la ciudad —que nunca nombra, pero que cabría vincular con Lima— en varios de sus poemas, lo hace a partir de su lado marginal. Hay borrachos, prostitutas, mendigos. Entonces, ya fuera con una Europa de leyenda o con los personajes menos respetables de una ciudad (que podría ser Lima), Eielson construye en sus textos un escenario que se distancia y diferencia de la Lima tradicional y conservadora, que es la que se yergue en la superficie, que ocupa la posición central y hegemónica, y donde él se siente un exiliado. Es como si hubiera encontrado (o construido) estos otros espacios y en ellos sí pudiera expresarse plenamente. Esto para la literatura. Ahora, en la vida real, de acuerdo a sus propios testimonios, ese espacio opuesto a Lima y en donde él estuvo más cómodo fue el entorno geográfico alrededor de la ciudad: el desierto, el mar, incluso el cielo. En ambos casos, se trata de un individuo que se encuentra (que se construye) un hábitat, pues necesita de uno propio, ya que el que lo albergaba lo sofocaba, lo maltrataba, lo excluía.

Me parece bien que te hayas decidido por un registro ante todo divulgativo.

Me había planteado escribir el libro para que resultara atractivo para cualquiera que estuviera interesado en Eielson, aun si no hubiese estudiado Literatura en alguna universidad. Pero no fue sino hasta el momento en el que ya debía redactar que me di cuenta de lo difícil que iba a ser cumplir con aquel objetivo. Como considero que ya es momento de difundir a Eielson más allá de sus lectores habituales —y no solo a él, también a otros autores de nuestra literatura—, el registro divulgativo era el que debía utilizarse. Siguiendo esa línea, entonces hay que volver a presentarlo, es decir, hay que proponer nuevas lecturas de su obra, de modo que se estimule a los lectores para que se acerquen, para que los conozcan, para que se los apropien. Aparte, otro aspecto que influyó en el proceso de redacción fue el que quisiera usar mis propias categorías. Debía explicarlas en algún momento, pero cuando lo hiciera no tenía que resultar demasiado abstracto y técnico. Llegué a sentirme estancado unos días. Hasta que una mañana escribí —casi de un tirón— la prosa que abre el conjunto. La cual, si bien no fue la primera que comenzaba, sí fue la primera que me convenció de su tono, de su textura. Alcanzado este punto, pude canalizar las historias, imágenes e interpretaciones que afluían de mí. Las dudas simplemente desaparecieron. Por otra parte, creo que el propio libro lo exigía. Los segmentos complementarios, tanto el testimonio de Eielson como sus ensayos —puesto que son recopilados todos los que publicó en 1945—, son textos en donde no tiene cabida el lenguaje artificial de la academia. Hay operaciones de análisis, pero no se hallan sometidas por un determinado sistema teórico. Se cuenta un poco de historia, pero el componente subjetivo —íntimo— se deja ver sin problemas.

Eielson genera adeptos no solo en los lectores, también en la academia es uno de los poetas más estudiados.

La producción crítica en torno a su obra, en los noventa, ya no se restringe a pasajes específicos, sino a secciones enteras, ya sea de la poesía o de la narrativa. Es con el cambio de siglo que se ampliará el interés hacia su obra plástica y también hacia sus ensayos. Dejará de ser una fuente meramente estética. También tratará cuestiones más trascendentales. Así pues, tanto los que han terminado dedicándose a la investigación como los que se han definido por la creación, cuyos periodos de formación ocurrieron en los últimos años, de una u otra manera han tenido que encontrarse con Eielson. Precisamente esa integralidad de su obra lo hace tan atractivo en el presente, cuando se celebra —y se apuesta muchas veces por— la diversidad, la multiplicidad, la transversalidad. Estoy convencido de que conforme pase el tiempo se volverá un autor aún más capital dentro de nuestra cultura, no solo de nuestro arte.

La sección “Eielson por sí mismo” es una bomba Molotov. Hablamos de un mérito tuyo puesto que son fragmentos de declaraciones de entrevistas.

Fue lo primero que terminé del libro. De hecho, este ejercicio de reordenar sus palabras me permitió encontrar vínculos que no había visto antes entre su vida y su obra. Inclusive, identifiqué la fuerte carga simbólica que podían tener para él los materiales de la naturaleza. Además de su percepción de la literatura y la escritura en aquellos años. Así que creí que era lo más justo para los lectores. Pues no todos tendrían acceso a las entrevistas de las que recogía la información, y el reproducirlas no era nada factible. En este caso, había que conciliar la estructura cronológica con la variedad de temas tratados en paralelo. Hice unos cambios muy puntuales. Tal vez la conjugación de un verbo, tal vez la posición de ciertos signos. Mientras se siguiera sintiendo que había alguien allí contándole a uno su vida, entonces estaría bien.

1945 eilson

¿Sabías de esa otra faceta del poeta, la de periodista, en donde deja traslucir un aliento crítico y también irónico?

Camilo Fernández, en un libro llamado Las huellas del aura (1994), es el primero que analiza esos artículos (o ensayos), y sí, allí se ve a un Eielson que arremete contra varios tópicos del momento, pero pese a revisar ese trabajo no se lo percibe aún en su real magnitud. Solo cuando pude leer los propios artículos fue que advertí la osadía y la desfachatez de muchas de sus declaraciones. Acababa de ganar el premio más importante del país con su primer libro. Creo que se puede entender en parte la postura y la actitud que toma desde sus artículos. Y esto lo considero útil para hacer más tangible a Eielson dentro de la historia de la literatura peruana. Siempre se lo veía como un autor que surgía de un momento a otro y que al poco tiempo, luego de haber impresionado a todos, se iba afuera del país. Conocer algunos episodios de su vida en Lima —pienso, por ejemplo, en el que dicte una conferencia sobre Eliot, en vivo, por Radio Nacional— nos ayudan a descubrir cuáles eran las dinámicas con las que se activaba el circuito cultural de entonces, y cómo Eielson se hallaba y se movilizaba en ellas. Ahora, yo también creo que al fin y al cabo estaba representando un papel.

Una actitud efectista.

Tenía que comportarse de ese modo para conseguir la atención de sus lectores, tanto de adentro como de afuera del circuito literario. La espontaneidad del ánimo devenía en estrategia del estilo.

¿Cuánto tiempo te demandó la escritura del libro?

Del libro como se lo puede leer ahora, pues cerca de cuatro meses. Entre agosto y noviembre de 2015. Pero si se ve hacia atrás, hacia ese momento en que decidí escribir algo sobre Eielson en la Lima de los cuarenta, debo decir que desde hace mucho tiempo. Siempre me  había interesado saber más de la vida de Eielson antes de su viaje a Europa, y —digamos que desde 2011— comencé a organizar y reunir todas las referencias que él y sus amigos (Sologuren, Salazar Bondy, Szyszlo) hacían a esa época. De hecho, en 2013 esbocé un ensayo más o menos similar, pues también hurgaba en la vida de todos ellos a partir de una situación literaria, en este caso, la publicación en 1946 de la antología La poesía contemporánea del Perú. Para esto, debo contar que en 2012 había entrevistado a Szyszlo, si bien pensando en la antología, igual le había hecho un par de preguntas sobre su vida en esos días. Sin embargo, ni conté con el tiempo adecuado para continuar el proyecto, ni me sentía del todo preparado aún para armar algo consistente. Durante 2014 no dejé de reunir datos, ahora cada vez más concentrados en Lima, en esa Lima a la que veía soportar una gran tensión: por un lado, un sector de la población que se mantenía aferrado a sus costumbres; por el otro, una ciudad en transformación, tanto por las intervenciones sobre su retícula urbana como por la presencia cada vez mayor de los migrantes. Recién en 2015 es que se dieron las circunstancias como para que pudiera dedicarme a esta idea tantas veces postergada. Salí del empleo en el que estaba y recibí una compensación que me permitía dejar de trabajar por lo menos unos tres meses. Llevando un estilo de vida sencillo, relajado, nada pretencioso. Al verme en ese escenario (con dinero y tiempo libre, cual si fuese una beca), no lo dudé —¿acaso se iba a repetir alguna vez?—: iba a escribir. Y si bien en un primer momento creí que iba a ser la tesis de licenciatura, luego me di cuenta que podía ser lo de Eielson y la Lima de los cuarenta. Y a las semanas, ya me había fijado investigar un episodio en particular: la obtención del Premio Nacional de Poesía por su libro Reinos. Pero cuando revisé los diarios de 1945, y cuando descubrí algunos datos en las lecturas que hacía para comprender el contexto, me di cuenta que había mucho más por hacer. Entonces, durante febrero y marzo me dediqué a sistematizar los primeros datos. Entre abril y junio comencé la redacción de lo que aún no sabía qué iba a terminar siendo, así como finalizaba algunas lecturas que creía necesarias. Fue desde junio, por cierto, que tuve que buscarme empleos eventuales para poder pagar las cuentas, así como para no perder el tiempo de escritura. Solo en julio, aprovechando que me tocó trabajar en un stand de la Feria Internacional del Libro a donde iba poco público, fue cuando pude ordenarme en serio. Y es en esas semanas entre julio y agosto que planeo diversos esquemas. Hasta que en setiembre di con el que me permitió albergar todo lo que quería compartir. Es también en setiembre que encuentro el tono preciso para expresarme. De modo que allí comenzó la redacción. Tan solo había que sentarse frente a la computadora cada noche a tratar de completar siquiera una o dos páginas. Me había planteado —como un modo de ejercerme presión— tenerlo listo ese mismo año. Aunque también hubo ocasiones en las que simplemente me quedaba estático frente a la pantalla. Hasta que un domingo terminé. Y las siguientes semanas nos dedicamos Juan Pablo (mi editor) y yo a ver los detalles concernientes al libro. Aquí también debo agradecer a Luis, Stuart y Víctor por darse el tiempo de sugerirme mejoras en muchos aspectos. En realidad, hay a muchas más personas a quienes les debo agradecer el libro. Todas ellas contribuyeron con él de una u otra forma. Hacer 1945 fue una experiencia excitante y, por ello mismo, agotadora. No dudaría en repetirla.

Tejes relaciones entre el poeta y César Moro.

Hay muchas más de las que se conocen. No son solo las coincidencias biográficas (la poesía descarnada, el viaje al extranjero, la homosexualidad soterrada, el contacto con los principales representantes de las tendencias culturales e intelectuales en boga), también está el modo de encarar la vida en una ciudad como Lima. Moro, autor de la frase “Lima la horrible”, comparte con Eielson esta sensación de exilio —que ya había mencionado— dentro de la misma ciudad. Ambos también sienten que el entorno geográfico es el verdadero espacio al cual pertenecen, no al urbano. Esto es algo que estoy desarrollando en otro trabajo.

De las muchas impresiones que nos deja el libro, la que cala más es la de un Eielson disminuido, quebrado, como persona.

Es que así somos las personas. Una dimensión distinta es la que reúne lo que queremos hacerle creer a los otros con lo que esos mismos otros creen en verdad de nosotros. En el caso de Eielson, sin duda le tocó vivir una experiencia desagradable. No solo descubrir que fue abandonado, sino también que por su condición —por sus condiciones— es un bicho raro, sin lugar. Por eso tiene que irse a los márgenes de la ciudad, a más allá de ellos, al paisaje, allí donde pueda confundirse, diluirse en la naturaleza. En gestos tan simples como admirar un cielo estrellado, o disfrutar del mar más que de otra cosa en la vida, se nos muestra a un individuo que se siente parte de algo que lo trasciende.

¿Crees que estamos hablando del poeta más influyente entre las nuevas voces?

Sí. Y por lo mismo, también creo que habría que dejarlo de ver como si solo fuera un escritor, o un artista particular, y fijarse en las búsquedas que venía llevando a cabo, desde sus ensayos, acerca de su identidad personal, pero también —y sobre todo— acerca del destino de los que habitamos estos territorios llamados Perú.

G. Ruiz Ortega

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