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Pagar la entrada, su excesivo precio para un estudiante, era lo de menos. Lo que en verdad te interesaba era ser parte de la historia, ser un actor de reparto en una superproducción, de la que sabes el rol a cumplir aún antes de la lectura del guión.

No llegaste a la hora que pensabas hacer la cola. Las razones pueden ser varias, el tráfico, el sueño, los nervios; pero lo importante es que ya estás, además, acabas de ocupar un lugar lejano de la puerta por la que tienes que ingresar. Este concierto será una de las contadas cosas perdurables que les dirás a tus futuros hijos, y ellos te escucharán con asombro y orgullo, y te imaginas así, contemplado y admirado por tus posibles hijos.

Se anuncia que las puertas de ingreso abrirán a las cuatro de la tarde. No hay problema, te dices. Aprovecharás tu baja estatura para colarte y ubicarte en un lugar desde el que puedas apreciar el escenario, y lo harás porque ahora estás solo, sin la enamorada que te esperará en su casa, a la que has prometido llevar un jugo de granadilla con mandarina, es lo mínimo que puedes hacer por no llevarla, el dinero no te alcanzaba, pero lo bueno es que no te hizo problemas, al fin, tú eras más hincha de los Stones.

Ahora te toca esperar, te compras un vaso-jarra de cerveza y recorres tu zona en cortos pasos, sin descuidar la posición desde la que verás el concierto.

Solo queda esperar.

Días atrás hiciste un recuento personal de los libros que has leído sobre los Stones. Biografías oficiales, biografías no autorizadas, memorias, antimemorias, ensayos sobre el legado musical de los Stones. En tu casa tienes una sección de tu librero dedicada a la banda. Tienes casi todo lo que se haya escrito de la misma. Y no niegas esa sonrisa de orgullo de saberte un legítimo conocedor, al menos en Perú, de este grupo que verás esta noche. De toda la bibliografía que tienes de los Stones, hay un libro que te ha funcionado como guía.

Hincha de los Stones, lo eras desde la adolescencia, pero sin la lectura de The Rolling Stones, de Mariano Muniesa, no te hubieras convertido en el fagocitador que eres del grupo. Lo leíste en el 2001. Recuerdas esa tarde de junio. Al principio no confiabas, atravesabas tu entendible etapa posera, pero igual lo compraste y ese libro hizo lo mismo que las buenas novelas del Boom que estabas leyendo por entonces, o sea, no te despegaste de sus 462 páginas, en las que Muniesa contaba la historia de la banda, pero lo hacía con el ánimo del seguidor agradecido, como si cada palabras, idea, oración, fueran las últimas que tuviera que escribir en vida. Pasión, no lo piensas más. Es por eso que te gustó ese libro, por su dosis de pasión que contagia en cada vuelta a él, esa misma dosis de pasión que en menos de dos minutos explotará en ti.

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